Dos equipos con muchos puntos en común.
Dos equipos con muchos puntos en común.

CÁDIZ CF

El Cádiz de Cervera emula al del ascenso a Primera

Dos entrenadores de perfil similar y futbolistas que son gotas de agua en posiciones clave: un equipo hizo historia y el otro está dispuesto a escribirla

Por  8:00 h.

El nuevo Cádiz ilusiona. El Cádiz de Cervera. Es el equipo en mejor forma de la competición después de superar los apuros del inicio de campaña y se aleja de los puestos de descenso a Segunda B para tocar con los dedos la zona noble de la clasificación. El objetivo se mantiene, nadie quiere tocarlo en el seno de la entidad, y la euforia que puede generarse en la grada no debe traspasar los límites del vestuario: la permanencia.

Pensar más allá sólo puede traer frustración, pero siempre del lado de los profesionales. El propio entrenador ha frenado en seco esta semana tras la victoria abultada ante el Alcorcón asegurando incluso que jugando así se perderían muchos partidos. Contento a medias. Sin embargo, el otro bastión del deporte rey, el de la afición, puede manifestarse como le dicte el corazón, donde mandan pasiones más que razones. Y en esa masa disforme, heterogénea, hay quien va más allá y está dispuesto a soñar hasta que lo despierten.

Existen numerosos motivos para pensar con la gesta o, en menor medida y con mayor realismo, disfrutar de una temporada sin sufrimientos y codeándose con los grandes de la división de plata. Y es que este Cádiz CF de Cervera se asemeja al del ascenso a Primera, a aquel que nacía de la mano de Alberto Benito y José Gonzalez en el regreso a Segunda y el que un año después capitaneó Víctor Espárrago a la élite. El primero terminó séptimo tras desfondarse en las últimas jornadas y el siguiente rubricó la hazaña en Chapín.

Salvando las distancias, son plantillas comparables, entrenadores parecidos. El histórico marcó una época con jugadores que se consagraron vestidos de amarillo, y el actual está por hacer, sin saber hasta dónde puede llegar. Pero nadie puede negar todas estas similitudes.

Armando Ribeiro-Alberto Cifuentes

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El arquero vasco daba un paso atrás en su carrera y recalaba en Segunda B con experiencia a sus espaldas. Sería decisivo en el regreso a la Liga de Fútbol Profesional y elevó su rendimiento en la nueva categoría con varias temporadas a un nivel altísimo que le convirtieron en un peso pesado del vestuario, en uno de sus capitanes. Serio y con carácter, imponía su jerarquía pese a que muchos lo jubilaron antes de tiempo y que comenzó aquella campaña con dudas y en el banquillo, a la sombra de un pujante Raúl Navas.

El meta albaceteño no contaba con todas las papeletas para ser el titular este año, y es que el Cádiz CF fichaba a Jesús Fernández, recién llegado de Primera, para reforzar la portería. Pero Cifuentes se ha ganado el puesto con actuaciones estelares (sensacional ante Lugo, Huesca y Alcorcón) y ahora mismo no hay quien le tosa. Veterano, porta el brazalete sobre el terreno de juego y ejerce la capitanía fuera del rectángulo de juego. Su personalidad se asemeja a la del vasco, con quien comparte ese ascenso a Segunda.

Abraham Paz-Aridane Hernández

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Dos grandes sorpresas, dos futbolistas que crecieron de manera inesperada. Abraham Paz era el líder indiscutible de aquella defensa y el encargado de sacar el balón desde atrás con limpieza. Fuerte en el juego aéreo (pese a no ser muy alto), sobre todo destacó porque fue de menos a más, de categorías inferiores a hacerse un hueco en la élite.

Y qué decir de Aridane. Hace poco más de un año parecía sentenciado en el Cádiz CF, sin calidad siquiera para actuar en Segunda B, pero creció hasta límites insospechados y también lidera a sus compañeros desde la retaguardia. Saca el balón con clase y es una muralla por arriba, infranqueable en el espacio aéreo. Ambos vienen de Segunda B, ese es el punto de partida en su crecimiento.

Suárez-José Mari

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Roberto Suárez fichaba por el Cádiz CF en plena madurez y pronto se asentó en el centro del campo. Su inteligencia sobre el verde era su principal característica. No tenía el cuerpo de un atleta, ni destacaba por su velocidad, su regate, su disparo, su juego aéreo o su desplazamiento en largo; no llegaba al sobresaliente pero era un notable en todo. Realizaba esa labor oscura en la medular para que todo funcionara a la perfección, era el sostén en el medio y hacía jugar a sus compañeros.

José Mari se encarga ahora de ese papel y con su entrada en el equipo todos sus compañeros han subido sus prestaciones. Su fútbol es parecido, y ambos tienen experiencia en la máxima categoría. El roteño estuvo en Zaragoza y Levante y el asturiano destacó en el Oviedo de Radomir Antic. José Mari es un jugador que da equilibrio, que defiende al tener mucho recorrido y saca limpia la pelota, aunque con desplazamiento en corto. Dos jugadores con una misma función.

Jonathan Sesma-Álvaro García

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Dos gotas de agua. Dos futbolistas que han iniciado su camino en Segunda B y que son el arma más efectiva del Cádiz CF en ataque. Jonathan Sesma fue una apuesta de Benito tras verlo en el Universidad de Las Palmas y pronto se convirtió en el máximo goleador del equipo amarillo. Su velocidad era su santo y seña. Sus diagonales míticas abrieron muchos partidos enquistados y solucionaron esos encuentros en los que el Cádiz CF sufría y mataba al contragolpe. Tenía mucho gol y su zurda le llevó a fichar por el Valladolid, aunque su mejor momento lo vivió en Carranza.

Alvarito ha tomado el testigo por esa banda izquierda. La rapidez del utrerano ha sido clave tanto en el ascenso como en la resurrección de los cadistas en el bache del comienzo de curso. Mucho más tímido que el canario, se desmelena en el tapete y además de repartir asistencias tiene mucho olfato de gol. Sus cabalgadas recuerdan a las del ‘pío pío’.

Oli-Ortuño

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Les separa un mundo en cuanto al desarrollo de sus carreras. Oliverio Álvarez ‘Oli’ firmó por el Cádiz CF con el deseo de reconciliarse con el fútbol tras los descensos con Betis y Oviedo, pero antes había sido internacional con la selección española y uno de los delanteros del país. Ortuño, prácticamente, está empezando ahora. Pero la influencia en el juego de su equipo es similar.

El asturiano se convertía en el 9 de referencia, pero era mucho más que un goleador (sus cifras rondaron la decena por año en Segunda). Con su trabajo y su carácter contagiaba a sus compañeros y era el alma del equipo, el eterno capitán. Aunque zurdo, le pegaba bien con las dos piernas, remataba de cabeza con potencia, caía a las bandas, interpretaba el juego perfectamente y era el principal recurso para aguantar los balones y dar oxígeno al resto.

Movimientos similares a los de Ortuño, que se ha destapado como el mejor futbolista de esta plantilla y que por hambre va a pelear por estar en Primera División. Suma ya ocho goles (superará al propio Oli si todo va por el cauce deseado), pero aporta muchísimo más que pegada. Indiscutible.

Espárrago-Cervera

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Dos entrenadores de perfil muy similar. Pocas ideas pero muy claras. Nada de aturdir a sus pupilos con numerosos conceptos, ni con visionados eternos tanto del rival como de las propias jugadas. Víctor Espárrago mantenía el estilo de Jose González y lo perfeccionó logrando que sus chicos mecanizaran todos los movimientos y actuarán casi como un robot. Cedía el balón y jugaba sus cartas en el contragolpe y la estrategia.

Cervera, serio como el uruguayo, menos maniático pero igual de exigente y sin levantar la voz, ha logrado que sus jugadores crean en sus ideas y así consiguió el ascenso y mantiene a los amarillos en la zona tranquila de la tabla. A falta de afinar en la pizarra, el contraataque es su virtud. Protege a sus futbolistas e inyecta calma al ambiente, como el sudamericano, arrojando agua fría en lugar de gasolina a los incendios. Saca petróleo a lo que tiene, exprime a sus chicos y se interesa por todo lo que rodea a la plantilla.

Un equipo llegó a la meta y otro está en camino. Les separa un mundo y las coincidencias son evidentes. Uno hizo historia y el otro está dispuesto a escribirla. Es cuestión de tiempo.