Los cadistas ya van camino de Oviedo
Los cadistas ya van camino de Oviedo

Cádiz CF

Cadistas por tierra, vía y aire; 894 kilómetros de ilusión

Toda España por una ilusión, miles de cadistas cruzan el país para ver al Cádiz CF en Oviedo

Por  20:51 h.

Salió la bolita y el personal comenzó a mirar vuelos, trenes, kilómetros. Cuentas y más cuentas para ver la fórmula mejor, la más cómoda y las más adecuadas según las circunstancias de cada cual. Pero lo primero es lo primero y eso no era otra cosa que hacerse con una entrada para el partido de ida en el Carlos Tartiere. Una vez con ella en el bolsillo, la tarea era estudiar la mejor forma para ir a Oviedo, 894 kilómetros.

Los que lo tenían más claro, en su mayoría jóvenes por la paliza que implica el tema, eran los cadistas que acudieron a las taquillas de Carranza con 20 euros, el precio de la entrada puesto que el club, gracias al ayuntamiento y más empresas, ponía quince autobuses gratis.

Con más calma, los cadistas que se decidieron por el tren. Los había directos desde Cádiz a Oviedo o haciendo escala en Sevilla y Madrid. Daba igual la forma, poco menos de un día estarían metidos en un vagón. Y por supuesto, no pocos eligieron el coche como modo de viaje. Por la Ruta de la Plata, alrededor de nueve horas, con sus paradas y todo.

Los más rápidos, los que eligieron el avión. Aquí se repartían los que consiguieron entradas en la cola y volaron desde Sevilla por su cuenta o los que se apuntaron al vuelo chárter que proporcionaba el club. Y hay quien viajó, como el accionista Isidoro Cárdeno, cambiando a mitad de camino el avión por el coche, con parada con boda incluida en Villarreal, para llegar a Oviedo con tiempo. Hoy, todos ellos, viajarán en el mismo sitio. En un voladizo de la grada del Tartiere.

María Ramiro es una de los 800 cadistas que van en bus: «Espero al menos un empate que nos haga más llevaderas las horas de vuelta»

Los amigos aguardaban en la cola desde las 4:30 de la mañana. Antes siquiera de que despuntara el sol entre la penumbra María se encontraba con ellos en el Ramón de Carranza. El presente más preciado, un billete de autobús para cruzarse España de punta a punta ‘Road to Oviedo’, ver un partido de fútbol y tomar el camino de vuelta para tragarse doce horas más de carretera. Pagando, por supuesto. La explicación… «¡Es que estamos locos!». María Ramiro es una joven gaditana de 24 años que vive el cadismo durante todo el año «y ahora hay que estar con el equipo». No va sola, sino junto a otros 800 ‘locos’ que anoche se montaban en los 15 autobuses que ha fletado el club para el desplazamiento a tierra asturiana.

No es la primera vez que emprende un viaje para arropar a sus ídolos. Comienza a ser una asidua. Se perdió el ascenso de Chapín «por una boda de lo más oportuna» y el de Irún «coincidía con un examen». Es ahora o quién sabe cuándo. Y ella va convencida de que la Segunda pasa por el Carlos Tartiere.

No pertenece a ninguna peña pero los viajes unen. Quizás por eso enganchan tanto. «Nos conocimos en el desplazamiento del año pasado a Cáceres y estamos en contacto para todo lo relacionado con el Cádiz. Llevamos a Oviedo una pancarta que reza: 11 jugadores, 90 minutos, 1.000 corazones, una misma ilusión». El amarillo ha de sentirse en la inmensidad del coliseo azul.

La euforia del momento, los nervios del inicio y la presumible fiesta del regreso eclipsan «momentos duros» que suelen aparecer en viajes tan largos. «Va por ratos. Unas veces te lo pasas bien y luego hay horas en las que estás deseando llegar». Confiesa que en cada regreso realiza una promesa que luego tiene que romper. «Siempre que vuelvo a Cádiz digo: ‘ni una más, esto es una paliza’». Porque «hay gente que desde el minuto uno en que se sienta en el autocar se queda dormida. Pero yo soy de las que no pega ojo».

Cansancio, agotamiento, horas de sueño perdidas. «Pero después te das cuenta de que lo necesitas», y otra vez cae en las redes.

Porque para ella «el Cádiz en esta semana lo es todo. Se juega mucho y siempre está presente en la cabeza». Llegan con tiempo a su destino así que estirarán las piernas por el centro de la ciudad antes de marchar hacia el estadio y recibir con cánticos, banderas y bufandas al equipo en el que han depositado todas las esperanzas. «Tenía el presentimiento desde hace tiempo de que nos iba a tocar. Era el más fuerte pero ya sea el Bayern o el Barça yo confío en el Cádiz y en Claudio. Además, creo que tenerlo todo en contra y no colgarnos el cartel de favoritos nos va a favorecer. Espero al menos un empate y que las horas de vuelta se nos hagan un poco más llevaderas».

El chárter, la forma más cara pero efectiva de conseguir entrada

450 euros del ala para ver al Cádiz. Eso sí, como un señor. Y haciendo cuentas, la verdad, es que la cosa se acercaría a ir en un vuelo regular saliendo desde Sevilla. Pero ancha es Castilla si el Cádiz está por medio. Eso es lo que pensó Fernando Sánchez Heredia, que debido a su trabajo no pudo hacer cola en Carranza el día que se pusieron las entradas para el partido de ida. «Veía que me quedaba sin entradas y la única forma que había para ir era cogiendo el vuelo chárter. No me lo pensé dos veces y llamé al club para hacerme con una plaza para el viaje. El asunto es carillo, la verdad, pero tenía muchas ganas de ir porque no pude ir a Hospitalet y siempre se queda uno con las ganas», comenta de entrada un veterano de liguillas de ascenso y desplazamientos con el Cádiz. Junto a él, en el vuelo chárter, viajan amigos suyos como José Carlos López, corista de Los Niños, y componenente junto a Fernan del Trio Irún, una peculiar peña cadista que recibe el nombre en recuerdo del último ascenso del Cádiz a Segunda conseguido en el Stadium Gal de la localidad limítrofe con Francia. Lamentablemente, Fernan echaba de menos la compañía de tres de sus escuderon aquella tarde gloriosa de granizo para el cadismo.

Un trayecto de diez horas en tren, cómodo, seguro, pero eterno

Diez horas entre pecho y espalda. «Muy cómodo, sí. Aquí te puedes sentar, levantar, ir a la cafetería… Pero, la verdad es que no dejan de ser diez horas», cuenta Javier Caravaca, socio del Cádiz desde hace 23 años y que optó por la fórmula del tren para ir a cumplir con su equipo «porque era la forma más directa, sencilla y tranquila». Como sus amigos Carlos Lucero, Alejandro Lozano y Jaime Rodríguez, con quienes coincidió en el tren con dirección Asturias, patria querida.

Javier consiguió la entrada para el Tartiere haciendo cola en Carranza y tan pronto como se hizo con su localidad para el partido se dirigió a Renfe a sacarse el pasaje para el tren a Asturias, en su caso a Gijón. «Aprovecho el desplazamiento para ir a ver a mi primo Quino, que también es gaditano y cadista pero vive con su mujer en Asturias. Iré con él al fútbol y pasaré el fin de semana con su familia», comenta mientras se mete un pote asturiano entre pecho y espalda, como las horas que se metió de tren.

El billete de ida y vuelta a Oviedo tiene un precio de 140 euros, un precio irrisorio para las emociones si el Cádiz gana aunque muy caro en caso contrario. Javier salió de Cádiz a las 13:30 y llegó a Gijón a las 23:45. A sus amigos, que sí pasaron la noche del viernes en Oviedo, se bajaron un cuarto de hora antes. También, reventados, pero con las ganas suficiente para echarse a la calle, donde se encontraron con la que tenía liada el mexicano Carlos Slim en un bar de copas…

No es el primer desplazamiento de Javier, que guarda con especial cariño el que hizo a Zamora en la liguilla de Carlos Orúe. «Alí se ganó 0-2, pero no valió después para ascender». Disfrutó bastante «con el año en Primera, viajes a Zaragoza, Barcelona o Madrid fueron muy buenos». Pero de todos se queda con el más cortito, «el de Jerez, donde ascendimos a Primera». Y tanto.