David Barral volvió a ser de la partida el pasado sábado en el encuentro celebrado en Zaragoza.
David Barral volvió a ser de la partida el pasado sábado en el encuentro celebrado en Zaragoza.

Cádiz CF

Barral se hace con su sitio

El delantero isleño se gana por vez primera la confianza de su entrenador

Por  8:00 h.

Comenzó en el once pero casi que por inercia. Y comenzó marcando. Y claro, cuando un delantero comienza marcando no está bien que su entrenador lo quite al día siguiente. Pero comenzó jugando por inercia. Lo sabía él y lo sabía su entrenador, que al poco de perderlo por una falta de disciplina no tardó mucho tiempo en encontrarle un recambio que le hiciera todo lo que él no le hacía.

Comenzó por inercia en Córdoba y siguió por sus goles hasta Oviedo. Era tan grande la sombra que había dejado Alfredo Ortuño que hasta a Cervera le venía de perlas el nombre mediático de Barral para rellenar ese hueco en una hinchada desamparada tras la marcha de los cedidos Aketxe y el delantero de Yecla.

Comenzó por inercia y por inercia fue menguando Barral. Cierto es que marcó al Córdoba. Y días después en Lugo, de penalti. Y más tarde al Nàstic para abrir la victoria rematada por Alvarito. Todo iba sobre ruedas. Cervera se conformaba, ¡qué menos!, con el acierto rematador de un ariete que no le hacía el trabajo exacto que él pide a sus ‘9’. Pero el gol es como el perdón, que todo lo arregla.

Pero llegó Oviedo y la primera excusa para quitarlo se la ponía el isleño sobre la mesa. Al banquillo y castigado sin jugar. Barral lo asumió y hasta le dio por seguir enrachado marcando el gol en Copa ante el Osasuna para psar de ronda. Ya antes también le había marcado en Copa al Almería. Estaba insaciable de cara a gol y su entrenador volvió a abrirle las puertas del once ante el Numancia, donde Barral hizo de Barral como ya hiciera en un bolo veraniego jugado en Huelva. El isleño se autoexpulsaba ante el conjunto soriano y dejaba a los suyos con uno menos toda una segunda parte eterna y en la que se pudo empatar a pesar de su error infantil. Cervera tomaba nota. Ya nada sería igual.

Cumplió su partido de sanción. Barral había perdido la titularidad al mismo ritmo que había perdido su ‘punch’ en el campo.Ni veía puerta ni Cervera se lo facilitaba. Veía como Rubén Cruz, Romera y finalmente Carrillo le quitaban minutos de juego. Para colmo, al de San Fernando le visitaban las lesiones y poco importaba.

El equipo comenzó a rodar de nuevo. Las asperezas fueron limadas entre todos y Barral, entonces sí, cambió el chip.Admitió que para jugar con Cervera hay que jugar como Cervera manda. Admitió que sus ‘desconexiones’ no son aptas en este CádizCF y comenzó a trabajar sin preguntar la hora. Y entonces, como antes, Cervera también tomó nota.

Pero a pesar de que el ex del Sporting ya era un guerrero más, no por eso le dio la titularidad en El Molinón, donde aprovechó los minutos de la basura que le dio su entrenador para marcar en el estadio donde fue más feliz. Lejos de molestarse, Barral siguió dándole al mazo. Sin preguntar, sin malas caras, con compromiso y liderazgo dentro de un vestuario que lo quiere dentro. Así llegó el Villamarín y Barral abría el sueño con un gol de ‘killer’. No solo eso, Barral se fajaba una y mil veces con los rivales y le daba a su entrenador lo que siempre sabía que le estaba pidiendo pero que no le daba por lo que fuese. Trabajo. Y trabajo. Y compromiso. Y solidaridad. Y profesionalidad. Y querer, porque querer es poder y no al revés que fue lo que dijo Cervera para tirar de las orejas a más de uno con el isleño en primera fila.

Apenas lleva medio año en el Cádiz CF de Cervera y ya se ha enterado de qué va aquí las cosas y con las que puede ser muy feliz si no se sale de la vía que marca Cervera. Y sabe que no debe salirse porque es lo mejor para él. Y sabe que si se tira en el área (como en Zaragoza se tiró), se tiene que levantar y hasta pedir perdón para evitar la tarjeta. Y sabe que es uno de los veteranos y que por eso mismo debe ser el primero en dar ejemplo. Y sabe que nunca ha sido así pero que le ha llegado la hora de serlo. Y lo sabe tan bien como que desde que ha comenzado a entenderlo se ha vuelto a ganar su sitio.