Javier Acuña, en un partido con el Numancia.
Javier Acuña, en un partido con el Numancia.

Cádiz CF

Acuña: “Estar un año y medio sin jugar en el Cádiz CF me descentró y me ‘mató'”

El excadista, hoy en el Numancia, vuelve este martes a Carranza, un campo donde deseó triunfar pero no pudo

Por  22:39 h.

Javier Acuña llegó al Cádiz CF hecho un niño. Como infante que era llegó con su madre y su hermano pequeño Zinedine, en honor al hoy entrenador del Real Madrid, equipo al que se fue tras no triunfar en el Cádiz. Acuña ya no es ningún chaval. Ha pasado por cantidad de equipos (Olimpia de Asunción, Cádiz CF,Salamanca, Real Madrid Castilla, Recreativo de Huelva, Girona, Wadford, Osasuna, Mallorca y Numancia) y a sus 28 años volverá a jugar en Carranza pro primera vez como visitante. Se muestra encantado de que llamen desde Cádiz.

–Vuelve a Cádiz. ¿Qué siente?
–Muchísima ilusión. Jugar allí será como hacerlo casi que en mi casa. Allí llegué siendo niño. Fue el club que me abrió las puertas de Europa. Amo a esa tierra y sigo bajando cuando puedo. Jugar allí será especial. Es un campazo con una afición de otro mundo.

–¿Qué le faltó para triunfar aquí?
–Llegué con 16 años y en un momento dulce con mi selección sub’16. Tenía muchísima ilusión, pero estar parado un año y medio por lo de la FIFA me mató. Era muy joven, no podía jugar y me descentré. Aquel problema con la FIFA me atajó, me hizo retroceder en mi proyección. Después, cuando ya pude jugar no tuve muchas oportunidades pero puedo decir que cada vez que salía con esa camiseta me dejaba todo. Llegué al Cádiz CF, no era mi momento.

–¿Es posible que se le cargó de excesiva reponsabilidad al llegar de triunfar de un Sudamericano sub’16 en el que fue máximo goleador por delante del Kun Agüero? Su fichaje fue pagado por varios directivos con la idea incluso de hacer caja más adelante con un futuro fichaje…
–No, no creo que fuese esa presión. Yo llegué con mucha ilusión. Lo que me mató fue lo de la FIFA.

–Y en esas que el Cádiz CF de Baldasano lo cede al Salamanca.
–Sí, y comienzo con problemas de lesiones y ami vuelta, el Cádiz CF había descendido a Segunda B. Fue cuando me firma el Real Madrid.

–¿Qué aprendió en La Fábrica?
–Muchísimas cosas. Te enseñan lo que es jugar en un club grande, de primer orden internacional. Te conciencian a ser un profesional. A vivir tu carrera con tranquilidad, centrado en lo tuyo, a tener cabeza y te dotan de humildad. Eso, siendo joven, es fundamental.

–¿Algo de eso le faltó en su etapa en el Cádiz CF con motivo del incidente que protagonizó en una pelea nocturna? (En realidad, Acuña fue víctima de un ataque durante una noche de un sábado antes de un partido del Cádiz CF en el que no podía jugar por la prohibición de la FIFA)
–A ver, yo siempre he estado centrado en el fúbol, pero hay que hacer por comprender que era joven, tenía 17 años apenas, acababa de llegar de mi país a Europa y todo era nuevo para mí. La vida de aquí era muy diferente y me llamaba la calle y no encerrarme en casa. A todo esto, le unes que no podía jugar por lo de la FIFA. No voy a decir que ese incidente en la calle me ayudó, pero puede que no me viniese mal del todo para aprender de ello y llevar una vida más profesional, centrarme un pelín más.

–En el Real Madrid estuvo un año y medio. ¿Cómo le fue?
–Lo recuerdo genial hasta que me volví a lesionar cuando comencé a entrenar con el primer equipo.

–Cierto, estuvo muy cerca de debutar. De haberlo hecho, el Cádiz CF hubiese ingresado mucho dinero.
–Y tanto que sí. Fue en El Molinón, tras calentar, Manuel Pellegrini me dice que me quite el chándal, que voy a entrar como tercer cambio. Pero en ese momento se lesiona Garay y tuvo que meter a Albiol. Fue una pena. Luego ya me lesioné en la rodilla y vuelta al calvario.

–El calvario se le presenta en Huelva.
–La verdad que sí. En el Recreativo comencé bien, pero me rompí la otra rodilla y seis meses sin jugar.

–Su resurreción llega en Girona, donde marcó 18 goles.
–Fue un año muy bueno al que le faltó el ascenso. Hicimos una plantilla para mantenernos y sin pensar en Primera. Al final, no subimos por poco. Personalmente me fue genial, le daba de tacón y me iba a la escuadra. Me entraba todo.

–Ese año le vale ganarse la atención de Pina, que lo firma para el Udinese y cederlo al Wadford, de Segunda. ¿Qué aprendió del fútbol inglés?
–Me llevé que el aspecto físico es clave. Mejoré mucho en ir al choque, pero no me fue bien. Allí había muchas cosas raras. Que si los jugadores del Udinese tenían que jugar porque sí, que si todo lo contrario. Al final estuve seis meses sin hacer mucho, la verdad.

–Pero ese invierno lo ficha el Osasuna, en Primera. ¿Qué diferencia hay entre la elite y la Segunda?
–Se nota en todo. En Segunda todo es más físico, hay más presión en el campo. En Primera hay más espacios y te dejan jugar más. Solo hay que ver a los equipos que bajan a Segunda lo que les cuesta subir de nuevo a Primera.

–Tras su experiencia en Pamplona, se marcha a su país otra vez. Muchos pensamos que hacía las malestas para no volver, para jubilarse ya en su club, el Olimpia. ¿Qué motivó su marcha?
–Tenía ofertas de otros clubes españoles pero decidí que a lo mejor me venía bien un año o dos en mi país, en mi casa, con mi familia. Me fui muy joven de alí y quería disfrutar de lo mío. El contrato que me hacían, además, era bastante bueno. Pero pronto comenzaron los problemas económicos en el club y con ellos las discusiones, las peleas y los impagos. Volví a España, al Mallorca, donde empecé muy bien pero me volvía lesionar. Esta vez para cuatro meses.

–¿Cómo le va en el Numancia?
–Pues tampoco empecé muy bien pero ya estoy agarrando la forma. Me lesioné el sóleo en pretemporada y estuve tres semanas parado. Ya, poco a poco, voy cogiendo minutos.

–¿Lo último, celebraís el gol aquí?
–No, eso ¡jamás!