Abdullah, durante un entrenamiento en El Rosal.
Abdullah, durante un entrenamiento en El Rosal.

Cádiz CF

Abdullah, la sonrisa de un niño complicado

El medio francés sigue adaptándose a la filosofía de un equipo donde poco a poco es feliz tras varios obstáculos

Por  17:46 h.

Rafidine Abdullah (Marsella, 15 de enero de 1994) ya sonríe en el Cádiz CF. Le ha costado lo suyo, pero parece sentirse cómodo al fin. No le ha sido fácil. O no lo está siendo. En el recuerdo de todos está el encontronazo (a cuenta de una discusión por la pérdida de un balón) que mantuvo con Alvarito en el choque de entresemana ante el Numancia y que el Cádiz CF consiguió la victoria en el minuto 93 gracias a un testarazo de Garrido. Carranza era una auténtica fiesta, pero el enfrentamiento entre el utrerano (ídolo de la afición y muy querido en el vestuario) con el jugador francés la deslució por completo llegándose incluso a escucharse pitos de la grada dirigidos al mediocentro marsellés. Mientras Alvarito era arropado y defendido por la mayoría de los compañeros del equipo, Abdullah se vio solo. Muy solo. Tan solo que hasta Quique Pina, perfecto conocedor del carácter y la personalidad de este chico de 22 años, se arriesgó a pisar el césped -jugándose una importante multa de la Federación- para separar al jugador del lío y llevárselo a los vestuarios de su mano. El Cádiz CF había ganado y todo el cadismo sonreía. Todos menos él.

Pero desde aquella noche del 21 de septiembre algo ha cambiado en la vida y en la rutina de Rafidine, que esta semana se encuentra con la selección de su país, La Unión de las Comoras, una antigua colonia gala. Y se encuentra disfrutando del momento que vive su equipo. Sí, su equipo. Porque ya sí que se considera uno más de los amarillos. Algo que al comienzo le costó asumir.

Porque Abdullah quizás llegó al Cádiz CF con una idea equivocada. Procedente del Lorient francés, con muchos partidos de Primera División francesa a sus espaldas, internacional con Francia en casi todas las categorías inferiores y formado en la cantera del Marsella por el actual seleccionador de ‘Les Bleus’, Didier Deschamps, se vio aterrizando en un equipo de Segunda A, recién ascendido y con un entrenador que hace del sacrificio la razón de ser de su equipo. Así, de entrada, no se veía.

Pero Cordero y Pina habían puesto sus ojos en este jugador y no dudaron en ficharlo, primero, y convencerlo, después. Hasta cinco días antes de su presentación estuvo Abdullah en un hotel de Cádiz. Sus nuevos dirigentes querían que fuera, poco a poco, tomándole el pulso a la ciudad, al clima, en definitiva, que se fuera haciendo la idea de donde iba a vivir el próximo año.

Día a día fue trabajando en El Rosal. Sin hacer ruido en Liga, donde apenas jugaba algunos minutos en las segundas partes, no fue hasta el encuentro copero frente al Levante cuando se consagró en Carranza con varias filigranas que maravillaron a la afición amarilla. Un túnel por aquí, una finta por allá y un pase al hueco como guinda para coronarse en una noche que lo mandó al once titular liguero la jornada siguiente ante el Getafe, donde volvió a brillar en la goleada al exequipo de Esnáider. Había nacido una estrella… O no.

Llegó la derrota en Reus, donde apenas se le vio y llegó su choque con Alvarito en la victoria ante el Numancia. Recibió, junto al utrerano, la multa correspondiente del club y aún debe una comida a sus compañeros. No solo eso, su entrenador afeó su conducta porque esas “imágenes dañan la imagen del club”. No ha sido la única reprimenda que ha recibido de Cervera. Malos momentos para el jugador francés, que para colmo fue un triste protagonista más en las derrotas ante Oviedo o Rayo Vallecano.

Dicen desde dentro del vestuario que la personalidad de Abdullah es una bomba. Pero tanto para lo bueno como para lo malo. Es un futbolista delicado, pelín flojillo, pero tiene un buen fondo. Simplemente es su fútbol y al igual que otros se ganan el pan dando bocados, él prefiere tirar caños o dar pases de gol para que los aproveche un compañero. Lógicamente, la mano del entrenador es clave para que sobresalga casi siempre lo mejor. Y en la corta historia de Abdullah hay un antes y un después que ha favorecido al Cádiz CF, al jugador y, en definitva, a todas las partes de este negociado.

Cervera se lo ha explicado bien claro en las jornadas en las que Garrido ha estado lesionado. O se guardaba sus filigranas un ratito y echaba un cable gordo a José Mari en la contención aplicándose en tareas defensivas o ‘puerta’. Y puede decirse que Cervera lo ha conseguido, pero solo en parte. Ante el Girona ‘batalleó’ como uno más y se comió los 90 minutos de partido. Lo mismo que supo sufrir en Tenerife, y con un jugador menos, en un partido donde tuvo la victoria en sus pies en los minutos finales.

Pero la historia se complicó la semana siguiente, en Carranza, ante el UCAM. Todo iba de lujo, 2-0 al descanso y Carranza deleitándose con el juego de su equipo, pero en esas que en los vestuarios Abdullah le suelta a Cervera que está para diez minutos más como mucho, que está tocado, que le duele algo o que simplemente está cansado. Ante esto Cervera le comprende y le cambia (hipotecando otro cambio porque en la primera mitad tuvo que sentar a Brian, lesionado). La convocatoria de Cervera no le da otra opción que dar entrada a Abel (señalado desde la temporada pasada por buena parte de la hinchada) por Abdullah en el minuto 58. El francés se retira sin síntomas de cansancio ni lesión y se despide agradeciendo y con aplausos la ovación del respetable. Entra Abel y… pitos al cambio. La lectura en el banquillo es bien sencilla. Y es normal que no guste nada porque a la vista de todos está que se va un jugador ofensivo, entra otro que no gusta a la grada y que el equipo puede estar dando un paso atrás cuando todo viene originado de una petición del jugador que se va recibiendo elogios y los parabienes de la grada. Para más inri, el UCAM empate y las críticas se ceban con Cervera, que como hizo ante el Tenerife y ante el Girona, en ningún momento tenía pensado cambiar a Abdullah. Nueva bronquita.

Pero la última sí que hace efecto. Y tanto. Porque Cervera admite que necesita de Abdullah para darle fútbol al equipo y Abdullah reconoce que debe dar mucho más en defensa para que el equipo no se desinfle. La última advertencia, de hecho, que Cervera hace en público no se hace esperar y producto de las manifestaciones del entrenador se origina cierto malestar en el vestuario. Antes del duelo en Lugo, Cervera recuerda que ante el UCAM tuvo que hacer varios cambios obligados y sugiere que ninguno (a excepción del de Brian) fue por lesión. Un mensaje directo al francés, que en el Anxo Carro vuelve por sus fueros, juega los 90 minutos sufriendo como el que más y celebra el gol de Álvaro García por todo lo alto. Tanto que hasta algún dirigente le tuvo que tirarle ‘cariñosamente’ de la oreja puesto que celebró el tanto subiéndose a las rejas de la grada donde estaban los aficionados cadistas sin importarle que tenía una tarjeta amarilla previa que podría haberle acarreado la expulsión.

Y si ante el CD Lugo celebró el gol de un compañero como si hubiera valido un Mundial, qué decir del que festejó el pasado sábado ante el Huesca. La imagen habla por sí sola y se ve, justo en el momento en el que Ortuño se eleva para cabecear al gol el centro de Luis Ruiz, a Abdullah, fuera del área, dando un salto como si fuera él el que tenía que rematar un balón que lo tenía a treces metros. Su reacción innata no es más que la señal evidente de que el jugador no solo ha asimilado lo que se pide de él sino que comienza a sentirte parte del escudo que defiende cada semana. De él no se puede asegurar nada, pero cuanto menos, parece feliz.