Pippen, Jordan y Drexler celebran el oro olímpico de Barcelona 92
Pippen, Jordan y Drexler celebran el oro olímpico de Barcelona 92 - REUTERS

25 años de Barcelona 92Dream Team, las historias ocultas de un oro de leyenda

Cuando se cumplen 25 años del triunfo en Barcelona 92 del mejor equipo de siempre, aún quedan detalles desconocidos de aquellas dos semanas olímpicas que hoy desvelamos en ABC

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Apenas un año antes del inicio del torneo, Larry Bird seguía sin moverse en su idea de no acudir a Barcelona. El jugador de los Celtics, icono de la NBA durante una década, no veía la apertura de los Juegos como una oportunidad. Al contrario. Se sentía viejo para acudir a una cita olímpica que sí despertaba la emoción del resto de estrellas del baloncesto estadounidense. Por primera vez, la FIBA –con el visto bueno del COI y la propia NBA– había dado luz verde a los profesionales de la liga americana para acudir a los Juegos y todos estaban como locos. Todos, menos el rubio de los Celtics. El triplista que marcó una época. «Cómo va a haber un equipo que se llame ‘Dream Team’ sin que Larry Bird esté en él. Es imposible. Tenemos que ir juntos y sentir esta emoción una vez más». Fue así cómo «Magic» Johnson convenció a su rival y amigo para romper su resistencia y acudir a Barcelona. El propio base de los Lakers le desveló los entresijos de aquel encuentro años después a Marcos Beltrá, uno de los grandes nombres del periodismo de la canasta en España y responsable de la tribuna de prensa del Palau de Badalona en la cita olímpica. Él había sido elegido para el puesto por su gran conocimiento del mundo NBA en una época en la que solo un puñado de españoles cruzaban el charco para acercarse a las estrellas. «De aquellos meses previos a Barcelona, recuerdo que todos los jugadores con los que hablé tenían verdadera y absoluta ilusión por ir a los Juegos. Primero, por estar en una cita olímpica, pero también por tratar de devolver a Estados Unidos el oro que habían perdido en Seúl cuatro años antes», apunta el periodista en un encuentro con ABC.

Fuera de la Villa Olímpica

La imagen arrolladora que el «Dream Team» dejó sobre la cancha opacó la enrevesada construcción del equipo desde varios meses antes del torneo. «A Chuck Daly, el técnico del equipo, le preocupaba la lucha de egos. Se sentó junto a Bird, Johnson y Jordan para tratar de evitar ese problema y los tres le tranquilizaron. ‘Nosotros nos ocupamos de eso’. Y así fue. No se vio ni una mala imagen en el equipo dentro del torneo y nadie cuestionó los minutos en la cancha. Todos estaban felices por estar allí y ser parte de la historia», recuerda Beltrá.

Hasta tal extremo llegó la obsesión por sellar su nombre dentro del «Dream Team» que algunos, como John Stockton, protagonizaron algunas curiosas anécdotas. «Me contaron que durante la concentración, el volumen de camisetas y balones firmados para compromisos llegó a ser excesivo. Algunos jugadores se quejaron, pero el base de los Jazz se afanaba por serigrafiar su nombre con mimo, porque, según confesaba, quería que su nombre quedara asociado para siempre al de ese equipo de leyenda», rememora Beltrá con detalle.

Los Beatles de la canasta

Nada más aterrizar en la ciudad española, Chris Mullin se preguntaba extrañado por las sirenas y los coches de policía que habían salido a su paso. «No sabía qué pasaba, hasta que comprendí que todo aquello era por nosotros», recordaba tiempo después. La expectación que el equipo levantaba en cada desplazamiento en la Ciudad Condal lo conoce bien Miguel Ángel Forniés. Este veterano periodista, el primer español que viajó a la NBA, fue compañero de Beltrá en el equipo de prensa de los Juegos y uno de los que vivió más de cerca el fenómeno «Dream Team». «Era increíble la de gente que se arremolinaba a las puertas del Palau para verles llegar. De hecho, eran los únicos que metían el autobús dentro del pabellón», señala en conversación con ABC.

Según Beltrá, «la comitiva que Estados Unidos trajo a Barcelona asociada a su equipo de baloncesto iba más allá de los propios jugadores. Eran los Beatles de la canasta. Vivían fuera de la Villa Olímpica, que era algo que no sentó muy bien al principio en el COI, pero hubiera sido imposible mantener el orden y la seguridad si hubieran convivido con el resto de atletas. Además de los jugadores, la expedición contaba con los mejores jefes de prensa de la NBA. Ilustres como Brian McIntyre, Terry Lyons, Josh Rosenfeld, Craig Miller o Matt Dobek completaron el equipo de comunicación y se convirtieron en la sombra de los jugadores cada vez que pasaban por la zona mixta». La predisposición de todo el «Dream Team» para atender a los medios obligaba a ese refuerzo. No tocaba solo ganar, si no que había que hacerlo bien y dejar una imagen impecable del baloncesto americano.

El paso atrás de Jordan

En 1992, el «23» de los Bulls era ya el mejor jugador de la NBA. Recién nombrado MVP de las Finales, campeón de dos anillos por entonces, Jordan vivió aquellos juegos a la sombra de Bird y ‘Magic’, y lo hizo por devoción hacia sus dos compañeros de equipo. «Él deja el papel principal para ellos. Los respetaba y sabía que era su momento, porque lo habían dado todo por el baloncesto y estaban en el tramo final de su carrera», señala Beltrá, que desvela que la decisión de elegir a los capitanes fue consensuada entre Daly y las tres estrellas. Finalmente, y con el visto bueno del alero de los Bulls, fueron Magic y Bird los dos capitanes del «Dream Team», aunque en realidad solo el base de los Lakers ejercía como tal, con el rubio de los Celtics siempre en un segundo plano.

Jordan era uno de los integrantes del «Dream Team» que ya sabía lo que era ganar una medalla olímpica. Mullin, Ewing y él habían logrado el oro en la final de Los Ángeles 1984 ante España y, quizá por eso, el jugador de los Bulls optó por quedarse en el hotel y no acudir a la Ceremonia de Inauguración. Una decisión de la que, según confiesa Beltrá, se arrepintió casi en el mismo momento. «Todas las cámaras apuntaban hacia los chicos del baloncesto de Estados Unidos. La sonrisa de ‘Magic’ brilló más que nunca esa noche bajo el cielo de Barcelona. Fue un recuerdo imborrable para todos ellos. De hecho, cuando el ex de los Lakers vino a España en 2002 para el Centenario del Real Madrid, lo primero que me dijo al verme fue ‘¡Barcelona!’», asegura el avezado periodista.

De todos los integrantes del «Dream Team», Beltrá entabló una relación especial con Charles Barkley, que años después le confesó que algunas noches abandonaba el hotel de concentración para «vivir los Juegos en la calle». El alero fue, quizá, el mejor de todos en un equipo en el que poco o nada importaban los números y cuya única misión era ganar el oro. Aún así, ‘Magic’ acaparó el protagonismo como ningún otro. «La elección del número ‘15’ por parte del base de los Lakers no fue casual. Hablando con Josh Rosenfeld –que había sido jefe de prensa de la franquicia angelina durante muchos años–, acordó vestir ese dorsal para ser el último en ser presentado y atraer más los focos hacia su persona».

Pequeños ataques de ego en un equipo sin ellos. Felices todos por formar parte de la historia del basket estadounidense y olímpico. Para los rivales también fue un torneo especial. Cuando se enfrentaban al «Dream Team» había peleas por ver quién intercambiaría el banderín con su ídolo particular. España, cuyo papel en esos Juegos fue desastroso, cayó por 122-81 ante Estados Unidos en un duelo de la primera fase, tras la que el equipo de Díaz Miguel quedó eliminado.

Valiosos recuerdos

«Tras el partido, estuve hablando con Larry Bird y, al acabar la conversación me dio una muñequera que aún guardo como un tesoro», recuerda Forniés, al que otro periodista le ofreció una fortuna de la época por el objeto.

Tras la final, disputada contra la Croacia de Drazen Petrovic y ganada por 117-85, la locura se desató sobre la pista del Palau Olímpico. Era el punto final a una historia mágica. La del mejor equipo de la historia del baloncesto mundial. Bird, en ese momento, miró al cielo y recordó a su padre. Con él veía de pequeño los Juegos y a él le dedicó esa medalla que nunca hubiera conseguido de no haber hecho caso a «Magic» un año antes de los Juegos que cambiaron para siempre la historia del baloncesto. El oro de todos los tiempos.