Ajedrez

Rusia, ante el derrumbe del imperio soviético

Los antiguos dominadores del ajedrez mundial buscan renacer con el oro en la Olimpiada, que no ganan desde 2002

De izquierda a derecha: Grischuk, Nepomniachtchi, Kramnik y Karjakin
De izquierda a derecha: Grischuk, Nepomniachtchi, Kramnik y Karjakin - ETERi KUBLASVILI
Federico Marín Bellón - FedericoMarin - Actualizado: Guardado en:

En los siglos XVIII y XIX, el ajedrez ya era un pasatiempo muy apreciado entre la nobleza rusa, pero fue la Revolución de 1917 la que convirtió el juego en el deporte nacional, en un asunto de Estado. Lenin acuñó la consigna «El ajedrez es gimnasia para la mente» y se empeñó en fabricar una legión de jugadores para demostrar la superioridad moral y política del socialismo frente al decadente capitalismo occidental. Los zares del tablero fueron más difíciles de derrocar, pero la campaña triunfó en última instancia. Desde la aparición de Mijail Botvinnik, considerado el primer profesional del ajedrez, el dominio fue incontestable.

La escuela soviética aventajó a cualquier otra y formó maestros como si tuvieran una cadena de montaje. Bobby Fischer, la primera piedra en el zapato del sistema, denunció que no siempre actuaron con limpieza y señaló ciertas prácticas hoy algo más controladas (como hablar durante las partidas), pero esa es otra historia. El Estado tampoco dudó en utilizar el KGB y otros recursos propios. La preeminencia del ajedrez era algo que los jugadores soviéticos gozaban, con su estatus privilegiado, o padecían, porque también servía para minimizar las fugas (Korchnoi fue el caso más notable) y sofocar disidencias.

En los últimos años, sin embargo, el imperio ha acusado las consecuencias del desmembramiento de la URSS. No gana desde 2002 la Olimpiada de Ajedrez, el torneo por naciones más importante en este deporte, que se celebra cada dos años. Este sábado, Rusia y Estados Unidos disputaron un duelo decisivo en Bakú que terminó en empate (2-2), con lo que todo sigue igual a falta de tres rondas. Los rusos, como siempre grandes favoritos, llegaban por detrás en la clasificación (y así siguen), debido a su derrota anterior contra Ucrania, sorpresa que parecía corroborar el mal fario del equipo en esta competición. La tabla está muy apretada, pero ahora los estadounidenses dependen de sí mismos.

Estados Unidos ha formado un equipo temible. Bajo el patrocinio del mecenas Rex Sinquefield, la selección ha logrado recuperar a Fabiano Caruana, que hasta hace poco jugaba bajo la bandera italiana, y ha nacionalizado en tiempo récord al filipino Wesley So, otro grandísimo talento joven. Junto con Hikaru Nakamura, de origen japonés, los tres figuran entre los siete mejores del mundo. Es un lujo del que no disponen ni los rusos, aunque estos tienen más fondo de armario.

En la segunda mitad del siglo pasado, la Olimpiada era casi un paseo militar para la Unión Soviética. Un dominio aplastante de doce victorias consecutivas se interrumpió cuando la Unión Soviética boicoteó la fiesta en Haifa (Israel), en 1976. Estados Unidos aprovechó para ganar el oro, con William Lombardy en el equipo. Muchos habrán descubierto al clérigo y ajedrecista en la película «El caso Fischer». Dos años después, en Buenos Aires, la URSS sí jugó, pero el parón se les atragantó y fueron superados por Hungría. Pese a todo, entre 1980 y 1990 la Unión Soviética volvió a dominar, y desde Manila 92 fue Rusia la que se impuso en otras seis citas, hasta que Calviá (Mallorca) marcó el punto de inflexión en 2004.

Desde entonces, Ucrania ha ganado dos títulos, Armenia tres y China el último. Han sido seis fracasos seguidos, rompiendo los pronósticos una y otra vez. El desastre se agudizó en las tres ocasiones en que los rusos ni siquiera subieron al podio. Que se toman la cita en serio es un hecho, pero quizá sus métodos son menos rigurosos que los de Botvinnik, en cuya escuela se formaron Karpov (cuyo talento no supo ver), Kasparov y Kramnik. El capitán actual de Rusia es el multimillonario Andrei Filatov, quien además preside la Federación de su país.

En la competición femenina, las favoritas han tenido más altibajos, sobre todo desde que en Tesalónica 88 irrumpieron las hermanas Polgar. Al menos, las rusas se las han arreglado para ganar las tres últimas ediciones, aunque ayer perdieron precisamente contra las estadounidenses.

Karjakin-Carlsen

Cualquiera que sea el resultado en Bakú, el siguiente objetivo ruso será recuperar la corona individual. Kramnik la perdió en 2007 y desde entonces no la han olido, pero Sergey Karjakin tendrá la oportunidad de luchar por el título en noviembre. Su duelo contra Magnus Carlsen en Nueva York parece haber puesto en marcha la vieja maquinaria, quizá algo oxidada, para ayudar al aspirante. El noruego no debería menospreciarla.

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