Olimpismo | La vida después de los Juegos

Ricardo Ten: «Para mantenerte arriba, hoy tienes que dar el 120 %»

Con veinte años en la élite, el nadador admite cierta falta de motivación, pero se alegra de la profesionalización del deporte paralímpico

Ricardo Ten
Ricardo Ten - Mikel Ponce

Por fin recupera la rutina, la normalidad de la vuelta al colegio, al trabajo, a la vida después de los Juegos. Dice «por fin» porque la vorágine en la que se introduce Ricardo Ten cada cuatro años lo devora todo. Y ya son muchos: fue plata en 100 braza en Atlanta 96, bronce en Londres 2012 y oro en Sídney 2000 y Pekín 2008. Muchas medallas y, sobre todo, lecciones a las que añade una más en Río 2016: el deporte eres tú y las circunstancias. «Habíamos preparado a conciencia la prueba, quitando otras de relleno. Comencé con muy buenas marcas, y aunque una lesión en la cadera me apartó un mes, la última parte del ciclo la hicimos perfecta. Llegaba confiado para pelear por el bronce». Pero no pudo ser. Aunque la recompensa fue un diploma olímpico -quinto- su ambición le dejó un regusto amargo. Otra lección en la mochila.

A pesar de la decepción inicial, se queda con lo bueno, la experiencia es el mejor maestro: «Haber estado en otra final de unos Juegos y que intenté dar mi máximo. Lo disfruté porque sé que esos momentos pasan y no se recuperan. Hay mucho esfuerzo acumulado y no lo pude recoger en una medalla, pero hay que aceptarlo: mi edad, los problemas físicos… En Atlanta 96 yo era muy joven y gané la plata y con un récord, pero sentí que se me había escapado el oro y pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta del valor de esa medalla, ¡y en mis primeros Juegos! No debí tener esa actitud, porque además voy perdiendo algunos recuerdos de aquello, y casi se me queda solo esa sensación».

Son 21 años compitiendo en la élite y su vida le enseñó desde bien pequeño a levantarse y luchar después de cada prueba. A los 8 años tuvieron que amputarle los brazos y una pierna después de que se electrocutara con unos hierros. Enseguida recuperó su vida y el deporte, la mejor forma para eliminar las diferencias físicas con sus hermanos y compañeros de colegio: bicicleta, fútbol, esquí, tenis de mesa, natación... En la piscina se descubrió a sí mismo ganando a nadadores sin discapacidad. A partir de ahí, el idilio se mantuvo vivo durante muchas medallas y el triple de esfuerzo por cada una de ellas.

Con 41 años, Ten admite que se ha vaciado y que quiere pensar despacio qué hará a partir de ahora. «La carrera de un deportista tiene un tiempo en el que sube y luego desciende. Cada uno tiene que prepararse para ese momento. Asumirlo con dignidad. Al final, es solo deporte, aunque para nosotros es nuestra vida. Nada tiene una importancia vital, y es normal que se acabe». Reconoce que la motivación que hoy siente no es la misma que cuando empezaba. Ya le pasó poco antes de Atenas, pero encontró el hambre para mantenerse en el podio. Ahora, sin embargo, se le han cruzado más cosas en la vida. «Sigo teniendo nivel para pelear por las medallas, pero psicológicamente me cuesta un poco más. Lo primero tiene que ser la natación y me es cada vez más difícil. Tengo dos hijos, hay otras cosas. Hoy hay que dar el 120% para mantenerse allí arriba».

Mayor competencia

Una reflexión que encierra un mensaje positivo que le hace ver el futuro con optimismo, aunque él tenga que dar un paso al lado: «No gané porque otros lo hicieron mejor que yo. Se nota que el paralímpico está más profesionalizado. Si no te dedicas a esto de forma exclusiva ahora no llegas a nada».

Una conclusión que no solo atañe al ámbito deportivo. También a la sociedad, que avanza poco a poco hacia la normalización aunque Ten admita que todavía, como siempre, quede mucho. «Cuando empecé, dedicarme a nadar sin trabajar era imposible, pero se hizo realidad. Ya no somos discapacitados que practican deporte, sino atletas de élite. Y eso también lo han visto las empresas. Los paralímpicos tenemos un poco más que ofrecer que los olímpicos por el componente de la superación vital, pero me gusta recalcar que no considero que seamos iguales. En el deporte olímpico hay mucha más participación y tienes que ser un fuera de serie, es muy difícil llegar a unos Juegos y encima destacar con una medalla. Nosotros tenemos nuestra lucha personal, pero también menos personas dispuestas a involucrarse en el deporte, aunque el nivel ha aumentado mucho. Por eso me siento afortunado de todas las empresas que han apostado por mí. La beca Varona, Liberty, o las ayudas del proyecto FER que me permiten ir a más competiciones, más concentraciones para que la preparación sea perfecta. Y que además incluyan a olímpicos y paralímpicos nos hace avanzar».

¿No lo veremos en Tokio, entonces? «Sería un sueño, pero creo que se lo dejo a los más jóvenes». Nunca se sabe, aunque hoy Ten quiere recuperar su vida: sus hijos, el ciclismo, el triatlón, las carreras populares... «Soy una persona extraordinariamente normal».

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