Mundial de Atletismo - Entrevista

Orlando Ortega: «Nunca me dio miedo una valla»

El atleta español de origen cubano habla de sus orígenes, su padre entrenador y sus aspiraciones

Orlando Ortega: «Nunca me dio miedo una valla»
JOSÉ CARLOS CARABIAS Londres - Actualizado: Guardado en: Deportes

Un cúmulo de virtudes a primera vista adornan a Orlando Ortega (Artemisa, Cuba, 27 años). El imponente físico de 1,85 metros delata elasticidad y calidad muscular, al margen de la velocidad que demuestra en las carreras de 110 metros vallas para franquear los obstáculos en tan breve distancia. Pero en la conversación que se desarrolla en una suite de la planta 12 del hotel que ocupa la selección española junto al Támesis y la Torre de Londres se puede apreciar que su poderío atlético, su coronación el verano pasado en Río como subcampeón olímpico, procede de una personalidad firme, ambiciosa –«muy ambiciosa»–, matiza él- y de una voluntad tajante. «En el atletismo, y supongo que en todos los deportes, el secreto está en el cerebro. Y yo lo tengo en su sitio», explica el primer aspirante español a una medalla en el Mundial de Londres. Ortega abandonó su país, Cuba, por desavenencias con los dirigentes deportivos y emigró a España en agosto de 2013. Al amparo del sol y la costa valenciana donde vive, se siente uno más. Tanto que en los Juegos de Río, nada más cruzar la meta con la plata grabada en su sonrisa, rechazó una bandera cubana y agarró la primera enseña española que le ofrecieron. Ortega habla con ABC antes de debut (mañana, en las series de 100 vallas).

–Todos los sabios del atletismo hablan de su técnica prodigiosa para sortear vallas. ¿Cuándo se percató que era bueno en esto?

-No sé si seré tan bueno como dicen. No me gusta creérmelo. Hasta el día de hoy no creo que pudiera decir que soy tan bueno. Es cierto que conseguí mi primer campeonato de vallas en Cuba con 16 años. Tal vez cuando gane todo lo que me gustaría ganar, sí se podrá decir que soy realmente bueno…

–¿Por qué le dio por saltar vallas?

–Pues fue un proceso desde niño. Yo empecé con doce años, tal vez una edad muy tardía para comenzar a practicar el atletismo, pero bueno así se dio. Nunca le tuve miedo a una valla. Me motivaba mucho, me incitaba, era como un reto ante mí. Yo me decía si está ahí es para saltarla, para superarla. Yo lo veía cuando entrenaba en Cuba: otros niños se frenaban, se echaban atrás, les costaba. Yo las saltaba.

–¿Probó otras modalidades o siempre le interesó la valla?

–Probé todo, carreras, lanzamientos, saltos, combinadas… Tenga en cuenta que mi padre fue atleta, un buen corredor de 400 vallas que no logró destacar del todo pero siempre tuvo un gran nivel y mi abuela fue velocista campeona de Latinoamérica. Algo, sin duda, tuvo que influir la genética. Yo también soy alto y desde pequeño se me dio bien. Así me decanté por ello.

–¿Genética, nutrición, el sistema cubano…?

–Nutrición no creo y la genética sin duda estaba por mi familia. Pero más que otras cosas, yo diría que progresé por mi amor al atletismo, por mi deseo de competir, de correr. Es lo que más distingo. Amo el atletismo, me encanta lo que hago y espero durar aquí muchos años.

–¿Por qué se vino a España y dejó Cuba?

–Pues básicamente porque quería nuevos objetivos, necesitaba una nueva ilusión que estaba perdiendo por múltiples motivos y decidí en 2013 venir a España y lo cierto es que me siento fenomenal. Estoy muy tranquilo, muy contento.

–¿Pero su base de preparación fueron los años en Cuba?

–No. Mi base de preparación es lo que hago todos los años. Planifico cada temporada, empiezo de cero. Es como aquel que se marcha de vacaciones y le cuesta volver a trabajar. Pues a los atletas nos pasa lo mismo al arrancar cada temporada. No es que venga con una base de preparación desde Cuba, no. Cada año ensayo cambios en mis entrenamientos, en mi modelo de trabajo. Este año por ejemplo doy ocho pasos antes de la primera valla.

–Usted compitió con Cuba en los Juegos de Londres de 2012. Vuelve a la capital de Inglaterra con España…

–Y lo hago con el mismo orgullo con el que defendía la bandera cubana hace cinco años… Ahora defiendo la camiseta de España, que me acogió sensacional, y lo voy a hacer con el mismo orgullo de entonces con Cuba.

–Su padre también es su entrenador. ¿No se cansa de obedecer siempre a la misma persona?

–Es fenomenal. Yo me siento muy contento, mi padre se siente muy contento. Hemos sabido compaginar lo que supone ser padre y entrenador a la vez. Dentro de la pista, es mi técnico y lo respeto como tal. Y fuera, es mi padre y, obviamente, lo respeto y quiero como tal.

–¿No se mezclan las dos facetas?

–Dentro del entrenamiento nunca se mezcla. Sabemos separarlo. Sabemos cuando es el momento de ver un peli juntos, de reírnos o de comer una paella con la familia. Por ejemplo, aquí en Londres, que estamos dentro de una competencia, es mi entrenador, no es mi padre.Y así se lo expreso a los demás atletas. Es mi entrenador, no mi padre. Si quiero tener buenos resultados y alcanzar mis objetivos, tengo que hacer caso a mi preparador.

–¿Se detecta algún cambio en la selección española por el cambio en la presidencia de la Federación, de Odriozola a Chapado?

–Se nota mucho el cambio, sí. El presidente actual ha traído una carga de motivación y optimismo que se traduce en el espíritu global que existe hoy en día, aquí en este hotel en la selección española. Somos un grupo en el que hay muy buen ambiente, la gente está contenta y estamos todos deseando de competir para esta bandera.

–¿Que hizo cuando ganó la medalla de plata en Río? ¿Se puede contar?

–Ja, ja, ja… Lo celebré de muchas maneras, desde que llegué a la villa olímpica, me tiré a la piscina, estuve con mi pareja, con mis padres, mi familia. No dormí nada esa noche ni la siguiente. Era tal la mezcla de sueños, ilusión, proyectos y vida que no había otra forma de festejarlo. Fue muy bonito y ojalá se vuelva a repetir.

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