Mechaal, en la prueba de 1.500
Mechaal, en la prueba de 1.500 - EFE

Atletismo | Mundial de LondresLas lágrimas de Mechaal

Llora porque tuvo el bronce a mano en la final de 1.500, pero no pudo superar a Ingebrigtsen

LondresActualizado:

Todo furia desbocada y ambición sin barreras, Adel Mechaal empuja con fuerza a Filip Ingebrgtsen, lo derriba de un empellón al traspasar la meta de la final de 1.500 metros. El antiguo punto de abastecimiento del atletismo español, la fabulosa prueba del mediofondo, está a punto de rehabilitar el pasado porque Mechaal (el niño marroquí cuyo padre emigró a Barcelona para trabajar en la construcción de la villa olímpica de los Juegos 1992) ha honrado la memoria y casi gana una medalla de bronce en un final vibrante. Mechaal ha tirado al noruego porque éste, más astuto, le ha cerrado el paso por dentro, por el lugar más difícil de adelantar.

Otro casi en el palmarés de la expedición española a Londres, el más próximo al metal. Los kenianos limpiaron la carrera de obstáculos para Mechaal, un atleta con ritmo de crucero, zancada larga y tranco para aguantar a una legión de africanos. Quería velocidad el español y los kenianos le brindaron la carrera en bandeja al acelerar el ritmo, despedir al polaco Lewandowski o al neozelandés Willis.

A falta de una vuelta y media, los africanos han marcado un compás alto y Mechaal se ha enganchado al tren. Quedan cinco en cabeza y el catalán aguanta lo que le echan sin doblar el espinazo. Los kenianos, pasajeros del oro desde siempre en esta prueba, toman unos metros y vuelan por la recta.

Mechaal ha cogido el rebufo del noruego albino y siente la medalla, pero elige el camino más difícil. Quiere pasarle por dentro. El nórdico se cierra, balancea el cuerpo y se pega a la cuerda. Y a Mechaal solo le queda empujar su rabia por la cuchara de madera. «Me he dejado la piel», llora desconsolado en la meta. «He demostrado este año que no soy ni un dopado ni un apestado», se rebela por la absolución del TAS a su sanción por no estar localizable para tres controles. «Me queda una deuda con el 1.500», reta antes de recordar que pronto será un atleta de 5.00 y 10.000.