Billabona pasea con su perro por Hoz de Jaca
Billabona pasea con su perro por Hoz de Jaca - FABIÁN SIMÓN
Barcelona 92

«Éramos un grupo brasileño con un entrenador soviético»

Cuatro de los futbolistas menos mediáticos recuerdan el oro de la selección de fútbol en Barcelona 92

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David Billabona siempre fue un futbolista diferente. Desde que destacó en la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao nunca escondió su animadversión por la farándula y la parafernalia que rodea al mundo del fútbol. Tanto que, cuando se retiró en el 2000 amargado por las lesiones, se marchó a vivir al Pirineo aragonés con su mujer y sus hijas, alejado del mundanal ruido. Allí es feliz, en Hoz de Jaca, donde, cuando están ellos, residen quince habitantes. La generación del Cobi ya le gastaba bromas. Kiko le apodaba «el amigo de Heidi», y Cañizares aseguraba que era «un caso extraño de la naturaleza».

De aquellos Juegos recuerda el ambiente: «Éramos un grupo brasileño con un técnico soviético», apunta en relación al carácter de Vicente Miera. En su aldea pasea con sus perros y camina por la montaña. «Me gustaba jugar pero luego hay que estar a gusto con lo que se hace después. Cuando me aburro me gusta cortar leña y salir con mis perros. Todos han seguido en la vida social pero yo no encajo mucho ahí. Esa vida no está hecha para mí. Se pensarán que estoy con un burro en el monte...», se justifica entre risas.

«No todos llegan a la absoluta aunque con Clemente estuve a punto de conseguirlo. En el Racing tuve la continuidad que no obtuve con el Athletic», recuerda. Y explica los motivos por los que decidió no seguir vinculado al fútbol: «Me gustaba jugar al fútbol pero no verlo. Me sentía importante, pero siendo entrenador, no tanto, y para eso no viajo. Soy más de acción y estaba cansado de viajar. Prefiero la vida en libertad, hacer lo que quiero sin tener en cuenta el encorsetamiento de la sociedad. Pensar en el fútbol ahora me da pereza».

«La clave fue la unión y la amistad»

Conocido por su larga cabellera, Paqui Veza fue un defensor zurdo que pasó por La Masía; se hizo futbolista en el Tenerife y, posteriormente, en Las Palmas, aunque Javier Clemente no le dio la continuidad que merecía en el Mundial de Estados Unidos, en 1994. Paqui no quiere mirar hacia atrás y reconoce la dificultad de alcanzar la absoluta: «Hay muchos jugadores de un nivel tremendo y muchos laterales mejores que yo. A la selección van los mejores y los que el seleccionador quiere. Si no me fichó el Real Madrid o el Barcelona, por algo sería, pero estoy muy orgulloso de mi carrera y de todo lo que he conseguido».

Paqui es ahora empresario. Reside en Alicante, donde maneja un club de pádel. Su carisma lo llevó a tener una peña en Pamplona en la que todos sus miembros iban con pelucas rubias; en 2005 participó en un cortometraje titulado «Ante todo... respeto», y en Alicante hay una glorieta con su nombre.

El exfutbolista explica las claves del éxito de aquella generación: «Ya veníamos todos muy rodados de la sub 16, sub 17 y sub 21. Era un equipo muy formado y en el que nos conocíamos bien. La clave del éxito fue la unión y la amistad. El ambiente era increíble. Íbamos todos a una». Y recuerda: «Luego vuelves a la realidad. Yo tuve dos días de descanso porque el Tenerife empezaba la Liga y no había descanso. Rafa Berges, con el que compartí selección y equipo, y yo no fuimos titulares en los primeros partidos y nos costó coger el sitio. Estábamos cansados».

«El Camp Nou lleno de banderas de España»

Miguel Hernández militaba en el Rayo, en Segunda, cuando Miera lo convocó para los Juegos. Camacho lo fichó después para el Español, pero las lesiones le impidieron mostrar su nivel y colgó las botas con 29 años. Tiene dos carreras: profesor de educación física y magisterio. Actualmente es coordinador de la escuela de fútbol de la AFE.

El central recuerda «el Camp Nou lleno de banderas de España el día de la final». «Ahora, con la situación política que hay, sería imposible volver a verlo», indica, y explica una anécdota tras ganar el oro: «Volvíamos a las seis de la mañana a la Villa Olímpica, gritando de euforia. Despertamos al equipo de waterpolo y no ganaron la final. Recuerdo a Estiarte hablando con Guardiola».

«Abrimos un camino»

Gabriel Vidal era un atacante que despuntó en el Mallorca. Su compromiso con el club bermellón lo llevó a descartar ofertas de otros equipos para tratar de conseguir el ascenso, lo que limitó sus posibilidades de proseguir su carrera en la selección. Tras retirarse en 2004 realizó tareas de comentarista y entrenador.

El exfutbolista lo explica: «El paso a la absoluta es muy complicado. He pasado por todas la categorías internacionales, pero es muy difícil. Opté por quedarme en Mallorca, que estaba en Segunda, y entonces es más complicado aún». Pero Vidal se siente orgulloso de aquel oro: «España no había ganado nada a excepción de la Eurocopa de 1964». Y añade: «Abrimos un camino y demostramos que era posible. Hemos sido losprecursores de todo lo que vino después, Mundial incluido. Cambiamos la Furia por los Jugones».