El jugador italiano Piermario Morosini falleció a causa de una muerte súbita en 2012
El jugador italiano Piermario Morosini falleció a causa de una muerte súbita en 2012 - STRINGER

DeportesEspaña se resiste a dar un paso contra la muerte súbita

El fallecimiento de un jugador de 15 años del Alzira reabre el debate sobre la carencia de medidas preventivas

MADRIDActualizado:

La práctica de una actividad física suele estar relacionada con una buena salud. El deporte es sinónimo de bienestar en nuestra sociedad y, precisamente por eso, la muerte súbita en deportistas causa un gran impacto en la población. El último caso en nuestro país es el de Nacho Barberá, un joven de 15 años que falleció a causa de una parada cardiorrespiratoria. El menor de edad estaba haciendo lo que más le gustaba, jugar al fútbol como cada semana, cuando su corazón dejó de latir.

Cuesta comprender cómo personas aparentemente sanas y que realizan un deporte puedan ser víctimas de su propio organismo. La pérdida del pulso, del conocimiento y de la capacidad para respirar dejan imágenes de angustia difíciles de digerir. Unos pocos minutos bastan para arrebatar la vida a un deportista que no presentaba signos de enfermedad; unos instantes en los que la rápida actuación es determinante para salvar a una persona.

El doctor Luis Serratosa explica que «la muerte súbita en el deporte ocurre con poca frecuencia y, según los estudios más fiables, se habla de una media de un fallecimiento por cada 50.000 a 100.000 deportistas jóvenes». Así pues, aunque no estemos hablando de un problema común, hay casos que evidencian que existe y que, por tanto, hay que actuar en consecuencia. Para ello, es necesario que se establezcan protocolos de prevención y de actuación, algo que a día de hoy es, a su juicio, insuficiente. «En España aún no tenemos una normativa que exija el electrocardiograma de reposo en el reconocimiento médico para, al menos, todos los deportistas federados. Supondría un coste asumible y estamos peleando por ello».

«Es necesario mejorar la prevención primaria con los reconocimientos y la secundaria con la formación»
Luis Serratosa, Doctor experto en medicina deportiva

La solución para reducir este tipo de casos podría estar, entonces, en un reconocimiento médico más exhaustivo. «Si realizáramos una historia clínica, una exploración física y un electrocardiograma de reposo, encontraríamos que uno de cada trescientos jóvenes tiene una de las enfermedades de corazón que normalmente se relacionan con casos de muerte súbita», afirma Serratosa. En países como Italia, sí existe desde 1981 una legislación que obliga a todos los deportistas federados a pasar este tipo de pruebas. En España, en cambio, hay un borrador de decreto ley que no termina de aprobarse. Uno de los problemas podría estar relacionado con el coste económico que implicaría este modelo de reconocimiento.

Coste adicional de 20 euros

Francisco Díez, presidente de la Federación de Fútbol de Madrid, lleva en el cargo un año, y se presentó a las elecciones con la promesa de luchar contra la muerte súbita: «Estamos haciendo un estudio para implantar un reconocimiento médico que incluya una analítica, una prueba de esfuerzo y un electrocardiograma de reposo. No vamos a encontrar la solución definitiva, pero sí vamos a evitar muchos casos». Díez, como el doctor Serratosa, defiende que el problema por el que no se abordan estos casos es económico. Considera que «la salud no tiene precio», y es «problemático» que haya administraciones que miren para otro lado.

«En este país miramos siempre lo económico, y yo, personalmente, creo que la salud no tiene precio»
Francisco Díez, Presidente de la FFM

Ambos coinciden también en que llevar a cabo una implantación de un reconocimiento médico como el mencionado costaría menos de 50 euros. «Ahora mismo nos cuesta el reconocimiento básico unos 30 euros, siendo de los más baratos de España. Una prueba así, con reconocimiento, analítica y electro, ¿qué puede ser? ¿45 euros? Incluso los mismos padres pueden hacer frente a este gasto», dice el presidente de la FFM. «Se estima que el precio puede ser de alrededor de 30 euros, cuando los chavales se gastan 100 euros en unas botas. Es un precio asumible», añade el doctor Serratosa.

La edad es un factor a tener en cuenta, si bien no es determinante:«Es a partir de los 35 años cuando aumentan los factores de riesgo, ya que puede influir la cardiopatía isquémica», dice Serratosa. Pero añade un dato sorprendente: «Dentro de los deportistas menores de 35 años, hasta 40 por ciento de casos de muerte súbita son en chicos menores de 18 años». La juventud, por tanto, no es garantía de inmunidad.

Otra materia en la que aún hay mucho que mejorar es en prevención secundaria. El doctor Serratosa destaca dos factores: contar con el material necesario y conocer las técnicas adecuadas: «Estamos intentando que todos los recintos deportivos y las competiciones estén cardioprotegidas. Esto significa que haya personal con conocimiento suficiente para actuar y que haya, además, desfibriladores disponibles». También afirma que los planes de educación deberían incluir formación para que los niños, llegado el caso, sepan qué hacer. «Lo ideal sería que árbitros, entrenadores, cuerpo técnico e incluso jugadores conozcan estas técnicas».

Francisco Díez cuenta que desde la FFM han regalado un desfibrilador a todos los campos y han facilitado cursos de formación. Sin embargo, confiesa que cree que se han «quedado cortos». El coste de un desfibrilador ronda los 1.000 euros y pese a que llegado el caso puede salvar una vida, su presencia en recintos deportivos no es la que debería. «Hay que tener en cuenta que con que se use una vez ya has salvado una vida», sentencia Serratosa. La aplicación para móvil «CPR11», en la que él ha trabajado, sirve como guía de actuación. «El desfibrilador es el que puede devolverte finalmente a un ritmo normal, pero hasta que llega hay que actuar de forma inmediata, avisando al 112 e iniciando las maniobras de reanimiación cardiopulmonar básicas». Esta aplicación, puesta en marcha por Ripoll y De Prado Centro FIFA con la Fundación Mapfre, ayuda a realizar correctamente estos pasos.

El presidente de la FFM destaca la importancia de que en 2018 haya «un acuerdo entre la Consejería de Sanidad, el Ministerio de Educación y las federaciones sobre este tema». «En Madrid podemos estar por delante de muchos, pero aún estamos a años luz de lo que debería ser», concluye.