Cultura - Toros

Faena cumbre de Manzanares en la Maestranza

El diestro alicantino corta una oreja con polémica, Castella roza la Puerta del Príncipe y López Simón se va de vacío

Manzanares en un derechazo al quinto de la tarde - JUAN FLORES
López Simón en un natural - JUAN FLORES
Castella pasea dos orejas - JUAN FLORES
ANDRÉS AMORÓS - Actualizado: Guardado en: Cultura , Toros

Una corrida de toros es, siempre, algo imprevisible. Cuando íbamos, esta tarde, a la Plaza , ¿quién iba a imaginar que Sebastián Castella iba a rozar la salida por la Puerta del Príncipe, sólo perdida por la espada y que esta vez iba a lograr su largo anhelo de “entrar” plenamente en Sevilla? Menos sorprendente resulta que José María Manzanares cuaje aquí una de sus más grandes faenas, que vuelva loco a un público tan cercano a su estética. En una temporada en la que han abundado las lamentables decisiones de muchos Presidentes, la de esta tarde, dejando al alicantino sólo con una oreja, después de una auténtica obra de arte, con el único lunar de un pinchazo en la suerte de recibir, es una de las más incomprensibles. Los toros de García Jiménez y Sampedro han contribuido al gran espectáculo. López Simón se ha justificado, con valor.

Aunque reside en esta tierra, a Castella le ha costado mucho triunfar en esta Plaza. Esta temporada, además, no ha sido la mejor suya. Hace poco ha matado seis toros (evitemos lo de “encerrona”) en Nimes con moderado éxito. Esta tarde, tiene la suerte de que le toquen dos toros excelentes y sabe estar a su altura. El primero, de García Jiménez, va largo, humilla; para el torero, es magnífico, aunque al final amague con rajarse. Dentro de su línea, Sebastián lo cuaja por completo: larga a porta gayola, buenas verónicas, quite citando de espaldas. Con la muleta, torea a placer: el centro de una circunferencia que dibuja, una y otra vez, la noble res. Mata con decisión y logra, ya en el primer toro, las dos orejas: las besa y las guarda. El cuarto, de Sampedro, también repite y se come la muleta pero con mucha más fiereza. El diestro, muy firme, se entrega y el público está con él. A pesar de algún enganchón, la faena tiene emoción auténtica. Sebastián está rozando la Puerta del Príncipe pero falla con la espada. El éxito ha sido grande pero ha podido cerrar su temporada con un triunfo memorable.

Desde la gran faena de San Isidro, Manzanares está prodigando éxitos notables. La afición sevillana conecta como ninguna con su estilo. Esta tarde, sólo una absurdísima decisión presidencial le priva de cortar dos orejas pero deja el regusto de una faena extraordinaria. El segundo toro se mueve pero embiste desigual, distraído, se quiere ir. José María intenta meterlo en la muleta pero sale con la cara alta, se desentiende. Logra un gran espadazo pero, sorprendentemente, el toro no cae y hace falta otra estocada: todo queda a medias. Pero queda el quinto, de García Jiménez, que resulta excelente. José María da distancia, embarca, dibuja muletazos con gran empaque, acompaña con todo el cuerpo. Un cambio de mano pone a la gente de pie. Escucho a un vecino: “Ha estado pasando tres cuartos de hora”. (La exageración sevillana tiene su fundamento). Los naturales muestran eso tan difícil, la plena naturalidad. Los de pecho, al hombro contrario, son – escucho – “de babero y oro” (a los aficionados, se les cae la baba). Cita a recibir, cerca de tablas y pincha; la segunda vez, en la misma suerte, logra una gran estocada. Todos esperamos ver aparecer dos pañuelos, de golpe, sin más, pero el Presidente sólo saca uno (él sabrá por qué) y recibe una bronca épica. No importa. Escucho a un buen aficionado: “Me ha llenao pa tó el invierno”.

López Simón es el líder por el número de corridas y de trofeos; hoy, solamente, “el tercer hombre” (como se decía del que acompañaba a Aparicio y Litri). En el tercero, que se mueve como una polvorilla, se queda quieto, aguanta con firmeza, liga muletazos con riesgo, pasa momentos de apuro. En el sexto, después de “lo de Manzanares”, hace el esfuerzo con dos largas y varios muletazos de rodillas pero el toro se pone andarín y barbea tablas. Entrando de lejísimos, como suele, mata a la segunda. Un vecino me da el resumen: “Ha tenido pundonor”. Punto.

Concluye felizmente la temporada, en estaPlaza de los Toros . Ha habido toros y dos grandes toreros. También, varios buenos peones: Chacón, Rosa, Suso, Arruga, Domingo Siro.

Una vez más, esta Plaza se ha rendido al arte. Recuerdo, de nuevo, a García Lorca: “Una ciudad que acecha / largos ritmos / y los enrosca / como laberintos. / Como tallos de parra / encendidos”. Así ha toreado, esta tarde, José María Manzanares.

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