El diestro Alejandro Talavante saluda con su trofeo tras su segundo toro de la tarde en el quinto festejo de abono de la Plaza de la Maestranza
El diestro Alejandro Talavante saluda con su trofeo tras su segundo toro de la tarde en el quinto festejo de abono de la Plaza de la Maestranza - EFE/Raúl Caro
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Análisis: El agua del grifo

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Dos horas y tres cuartos de festejo. Se dice pronto. Total, para qué. Para casi nada. Apenas media docena de chispazos; destellos aislados perdidos entre las manecillas del reloj. Como pequeños oasis en el arenal hispalense. Tedioso, la verdad. Una severa prueba para los pacientes aficionados que acudieron a la llamada de las figuras del toreo.

Al toro. Seis para ser más concreto. En realidad, ocho. Los seis astados titulares y dos sobreros. Sucedió que los ejemplares tercero y sexto, marcados respectivamente con los hierros de Olga Jiménez y Hermanos García Jiménez, fueron devueltos a los corrales por su manifiesta invalidez. Vaya suerte –es un decir- la de Roca Rey. El primer sobrero de la tarde, también de Olga Jiménez, fue un mostrenco que al salir del segundo encuentro con el caballo se encogió. No tardó «Filósofo» en rajarse a tablas. Allá le buscó las vueltas el diestro peruano. El sobrero que cerró festejo, perteneció a la ganadería de Torrestrella; de escasa presencia y vistoso pelaje sardo, «Lentito» ni humilló ni se empleó. Algunos dirán que la violenta voltereta que sufrió en el transcurso del primer tercio condicionó su comportamiento. Lo dudo; pero suyo sea el beneficio de la duda.

Quien sí lidió los toros sorteados al mediodía fue Miguel Ángel Perera. Ambos con la divisa morada y blanca de Olga Jiménez. Justito de trapío el castaño que saltó al ruedo en primer lugar. De blanda, desrazada y defensiva condición. «Charro» únicamente se desplazó para intentar topar los engaños. Terminó cantando la gallina. Igualmente privado de raza y casta, el anovillado cuarto se movió de aquí para allá como un pan sin sal. Alguien cercano a mi localidad calificó a «Chirrina» de «potable». Una buena señora, le contestó que “potable, el agua del grifo”. Dicho queda.

Alejandro Talavante dispuso del lote de más opciones. Un segundo, alto de cruz, fino de cabos y vareado, noblote y suavón, con mejores inicios que finales. Duró «Graznador» más tiempo del esperado. Básicamente por su meritorio pitón derecho. Igualmente, el quinto se dejó torear con la mano diestra. Aunque manso y huidizo, «Sosito» terminó fijándose y acometiendo descolgado y con templado son tras la más entonada franela del torero extremeño. Lo suficiente para pasear una oreja.