Cultura - Toros

Víctor Barrio o Padilla, ejemplos del acoso a los toreros

Profesionales del mundo del toro reciben a diario insultos por parte de animalistas y colectivos de izquierdas que plagan de odio las redes sociales. Muchos de ellos se alegraron de la muerte de Barrio el pasado julio: «Bailaremos sobre tu tumba»

El torero Víctor Barrio
El torero Víctor Barrio - EFE

No había cumplido veintinueve años y se ganaba la vida delante de toros como el que el pasado 9 de julio lo mató en la plaza de Teruel. Víctor Barrio era uno de esos toreros que ven el escalafón desde abajo, a ras del albero que pisan en verano, muy lejos también del brillo que desprenden las lentejuelas que cubren los trajes de las primeras figuras. Al matador segoviano le atravesaron el pecho cuando lidiaba al primero de su lote. No hay equipo médico que pueda salvar a un hombre que llega a una enfermería con el corazón partido en dos. Barrio, al que su cuadrilla sacó de la arena sin aliento, sin vida, fue el primer torero que muere en una plaza de toros en lo que va de siglo, mártir de una disciplina artística cuyo reverso más trágico, relegado a los manuales de historia, casi había olvidado ya la afición. Abundan las cogidas, algunas terribles, pero también el magisterio y la experiencia de los cirujanos para coser y remendar los cuerpos heridos y abiertos de quienes caen, una y otra vez, entre las astas del toro. Esas son las reglas de un juego en el que también participa la fatalidad. Aquella tarde de julio, en Teruel, Víctor Barrio no pudo levantarse del albero en el que se dejó el corazón.

Barrio deja en la arena del coso turolense, ya para siempre, una reliquia inmaterial de su valor, pero también una muestra de la grandeza de la fiesta de los toros, cuyo argumento no es otro que la muerte y el engaño. Toda la verdad que encierra la tauromaquia cabe en la que fue su última faena.

Sin embargo, el odio de una sociedad enferma emborronó el dulce recuerdo de sus tardes de gloria, el talento desbordante que Víctor Barrio mostraba cuando se ponía el traje de faena. Como ha ocurrido ahora con el niño Adrián, insultado a través de las redes sociales por su pasión por el mundo del toro, la familia del torero fallecido tuvo que enfrentarse a una oleada de comentarios vejatorios llenos de alegría por la muerte del diestro. Tanto en Twitter como en Facebook se escribieron reacciones como «muere un torero, un asesino menos» y «la muerte de un torero también es arte». Barbaridades que llegaron incluso a la viuda de Raquel Sanz, que tuvo que soportar como varias personas celebraban el fallecimiento de su pareja.

«Muere un tal Victor Barrio de profesión asesino de toros en Teruel (en su casa lo conocerían a la hora de la siesta). Yo que soy un ciudadano muy 'educado' hasta el punto de ser maestro me alegro mucho de su muerte, lo único que lamento es que de la misma cornada no hayan muerto los hijos de puta que lo engendraron y toda su parentela, esto que digo lo ratifico en cualquier lugar o juicio. Hoy es un dia alegre para la humanidad», señalaba Vicent Belenguer, un profesor interino que después denunció que le habían hackeado la cuenta para librarse de las posibles consecuencias jurídicas por verter este tipo de comentarios.

El piloto Aleix Espargaró también incendió las redes sociales, al escribir en Twitter: «Matáis a seres vivos por diversión, os divierte y hace felices agonizar a un pobre animal», «antes ignorante que asesino», en respuesta a un tuit de @Forotoros que decía: «Aleix Espargaró, alguien que con ese apellido no usa acentos. Vaya un ignorante». Al piloto le respondió el torero Miguel Abellán que, al ver esta conversación, escribió: «Para ti y todos los que opináis con esa falta de respeto sobre mi profesión solo os puedo decir esto» y le hizo una «peineta»

El rapero Pablo Hasel, condenado a dos años de prisión por enaltecimiento del terrorismo, también celebró el fallecimiento del torero. «Si todas las corridas de toros acabaran como las de Víctor Barrio, más de uno íbamos a verlas (...) Entre alegrarnos de la muerte del toro brutalmente torturado o la del torturador, lo tenemos claro. Nos denuncie quien nos denuncie».

El famoso youtuber JPelirrojo perdió su trabajo como imagen de una marca de helados de Nestlé por publicar tuits ofensivos como el que decía “claro que no pongo la vida de un torero y un toro al mismo nivel. El toro no quiere hacer mal a nadie y tiene, por tanto, más valor». Pese a verse apartado de la campaña, el youtuber no se arrepintió de sus palabras.

La familia del torero no se quedó de brazos cruzados ante esta muestras de odio y presentaron tres denuncias por amenazas y contra el honor, una demanda de conciliación previa a una querella por injurias y otra querella por enaltecimiento del terrorismo. El objetivo de las denuncias es «perseguir judicialmente todos los supuestos delitos cometidos hacia el torero, su familia, su profesión y la tauromaquia en su conjunto».

Pero Víctor Barrio no es el único ejemplo de acoso a los toreros. Muchos de ellos reciben a diario comentarios e insultos por el mero hecho de amar su profesión. El jerezado Juan José Padilla, que perdió un ojo por una cornada en Zaragoza, ha llegado a denunciar públicamente que le han llamado asesino por la calle. «Pedimos respeto. Nada más», sentencia.

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