Cultura - Toros

Triunfal debut de los toros del Parralejo en San Sebastián

Luis David Adame corta dos orejas y su hermano Joselito logra un trofeo, al igual que López Simón

Luis David Adame
Luis David Adame - Efe
ANDRÉS AMORÓS San Sebastián - Actualizado: Guardado en: Cultura Toros

El toro bravo es el centro de la Fiesta. La ganadería del Parralejo lleva años triunfando, con las novilladas. Esta tarde, por primera vez, lidia una corrida de toros y el resultado es muy bueno: todos, aplaudidos; al quinto, se le da la vuelta al ruedo.

El primero es bravo, codicioso, noble, repite: un gran toro. Joselito Adame le da distancia, aprovecha las nobles embestidas para ligar muletazos y mata con decisión: oreja, petición de la segunda y gran ovación al toro. Recibe con verónicas rodilla en tierra al cuarto, veleto, que se llama «Tapabocas» (como el bravísimo, de Carmen de Federico, que agobió a Domingo Ortega, en 1934). Banderillean con guapeza Sergio Aguilar (hasta hace poco, buen matador) y Fernando Sánchez. Joselito manda mucho, bajándole la mano, en una faena de buen profesional, culminada de frente, sin estoque. Con habilidad, mata en la suerte de recibir pero atravesado y la apoteosis se frustra.

El segundo es pronto pero protesta y se apaga. Saludan Siro y Arruga. López Simón se queda muy quieto, vertical, algo rígido; sufre un desarme, recurre al arrimón: el trasteo se queda en aceptable. No mata bien. Pica bien al quinto Ángel Rivas, saluda Vicente Osuna. El toro repite, incansable; Alberto liga muchos muletazos de desigual limpieza y pincha: oreja generosa. En su nueva etapa, apoderado por Curro Vázquez, debe mejorar. Vuelta al ruedo a «Rabanito», un gran toro.

Luis David, el segundo Adame (hay un tercero), triunfó en Las Ventas como novillero, inicia ahora su carrera, en España, como matador. El tercero, bien armado, rompe a embestir. Dos grandes pares de Miguel Martín. Luis David muestra gran disposición: enlaza muletazos cambiados, corre bien la mano, se luce en los circulares. Una faena variada y vistosa, con algún barullo novilleril pero indudables cualidades. Estocada rinconera de rápido efecto: oreja. En el último, que queda algo corto, vuelve a entregarse: quita por zapopinas, banderillea, tira del toro; cuando queda corto, recurre al arrimón. Mata rápido: oreja y le piden la segunda. Es una novedad interesante, merece torear.

Al revés que ayer, la gente sale encantada: ha habido toros, ésa es la clave.

Posdata. Antes de que los ilustrados, a fines del XVIII, construyeran las primeras Plazas de Toros (arquitectura funcional, la más adecuada a su función, define Bonet Correa), los festejos taurinos tenían lugar en la Plaza Mayor de muchas ciudades españolas: Salamanca, Madrid, Córdoba… También, San Sebastián. En la Parte Vieja, en la Plaza de la Constitución (para parecer jóvenes y simpáticos, algunos, aquí, la llaman la «Konsti», con ka), se conservan, desde hace siglos, los números de los balcones corridos: eran las localidades, para ver los toros. ¡Y algunos dicen que los toros no son de aquí!

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