Ramón Via, en la Real Maestranza
Ramón Via, en la Real Maestranza - Juan Flores

Muere a los 80 años el doctor Ramón Vila, ángel de la guarda de los toreros en Sevilla

Cuando Paquirri sufrió en Pozoblanco la cornada que acabaría con su vida, el torero de Barbate dijo: «¡Que llamen al doctor Vila!»

SEVILLAActualizado:

El cirujano taurino Ramón Vila, uno de los mayores referentes en esta especialidad, ha fallecido esta madrugada en Sevilla por causas naturales aunque su estado de salud era muy delicado en los últimos años, agravado por las secuelas de una intervención quirúrgica, informa Efe.

Nacido en Sevilla en 1938, el nombre de Ramón Vila está unido al de la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla, lugar al que vinculó su larga experiencia junto con el equipo médico de la plaza sevillana, que comandó su padre, el recordado cirujano Ramón Vila Arenas hasta ser sucedido por su propio hijo en 1978.

Vila se mantuvo al frente de la enfermería maestrante hasta 2011, dejando las riendas del equipo médico en manos del cirujano Octavio Mulet aunque no ha dejado de ocupar su plaza en el burladero de los médicos de la Real Maestranza.

Pasada la Feria de Abril, asistió a la deliberación del jurado de los trofeos Puerta del Príncipe del Corte Inglés el mismo día que celebraba su 80 cumpleaños. La noticia de su muerte ha causado un hondo pesar en todo el estamento taurino de la ciudad.

Referencia en la especialidad

Ramón Vila fue el ángel de la guarda de los toreros durante los treinta años que ocupó el burladero de cirujano jefe de La Maestranza de Sevilla y se convirtió en la referencia principal de esta especialidad médica.

Ramón Vila, inconfundible en su cabeza blanca en el callejón y siempre atento a la lidia, fue el principal responsable del equipo médico de la plaza de toros de Sevilla desde 1978 hasta su jubilación en 2011, cuando fue sustituido por Octavio Mulet.

Durante todos esos años, el médico fallecido se convirtió en una de las principales referencias de la cirugía taurina en España y abogó por la especialización en esta rama por lo impredecible de las cornadas y la inmediatez con la que había que hacerles frente, ya que en segundos o minutos había que decidir, abrir y operar.

Su sucesor al frente de la enfermería maestrante, Octavio Mulet ilustró en su día lo imprevisible de las cornadas de los toreros al afirmar que una de ellas, más que proveniente del pitón de un toro, parecía «un mordisco de león», de ahí la importancia de la compenetración del equipo médico y de su rapidez en intervenir.

No había milagros, aunque a veces lo pareciera, sino ciencia de anestesistas, hematólogos, internistas, traumatólogos, cirujanos y todos bajo la batuta de Ramón Vila.

Por todo ello, este cirujano, heredero en la enfermería de la plaza de toros de Sevilla de su padre, Ramón Vila Arenas y de Antonio Leal Castaño, se labró un bien ganado prestigio entre los profesionales del mundo del toro a la hora de comandar un nutrido equipo de los mejores profesionales de la medicina de Sevilla.

Su amistad con Paquirri

Desde 1965 ayudaba a su padre y en 1978 tomó el testigo, ya como titular, y le tocó hacer frente ese mismo año a las gravísimas cornadas sufridas por Francisco Rivera «Paquirri», cogido por un toro de Osborne en la Feria de Abril.

Se iniciaba así una estrecha amistad que el torero de Barbate invocó en su agonía de Pozoblanco en una frase que forma parte del imaginario popular de los 80: «¡Qué llamen al doctor Vila!»

Posteriormente, pasaron por sus manos muchos percances gravísimos como el de Pepe Luis Vargas en 1987, la espectacular cornada en la cara de Franco Cardeño en 1996 o las tremendas cornadas, mucho más recientes y casi mortales, del novillero Curro Sierra y los banderilleros Luis Mariscal y Jesús Márquez, que llegaron a la enfermería con severos destrozos vasculares.

En 1992, vivió sus momentos más duros al frente de la enfermería sevillana al tener que certificar el fallecimiento de los subalternos Manolo Montoliú, cogido el primero de mayo por un toro de Atanasio Fernández; y Ramón Soto Vargas, corneado el 13 de septiembre por un novillo del Conde de la Maza: ambos cayeron fulminados de sendas cornadas en el corazón y en el quirófano no se pudo hacer nada.

Una vez que dejó las riendas del equipo médico en manos de Octavio Mulet, nunca dejó de ocupar su plaza en el burladero de los médicos de la Real Maestranza.