Sebastián Castella pasea dos orejas
Sebastián Castella pasea dos orejas - Afp

Gran tarde de Sebastián Castella, a hombros en Bogotá

Firme y entregado, corta tres orejas en la Santamaría

BOGOTÁActualizado:

El diestro francés Sebastián Castella se fue por la puerta grande tras cortar tres orejas en la cuarta de abono de la plaza Santamaría de Bogotá.

El festejo terminó en un obligado mano a mano entre Castella y el torero español José Garrido, después de que el colombiano Ramsés terminara con lesión ósea en el brazo derecho cuando lidiaba su primer enemigo.

Los toros de Ernesto Gutiérrez cumplieron, en términos generales.

Tarde de contrastes la cuarta del abono bogotano con un claro triunfador, el francés Sebastián Castella, quien se fue a hombros con tres orejas trabajadas tercio a tercio y suerte a suerte.

Su primero fue soso. Aparte, se quedaba corto en sus viajes, tanto en el capote como en la muleta. El francés se puso firme y mandón para escanciar lo poco que había dentro de su enemigo. Alguna tanda con la mano derecha logró trascender a los tendidos.

Mejor versión aún resultó ser su exposición en la faena al obligado segundo de la tarde, que debió afrontar luego del percance sufrido por Ramsés, al intentar el diestro bogotano un cambiado de rodillas que terminó en fractura del húmero.

Ahí, ante un toro que no prometía, Castella elaboró, con temple y pies firmes, una lidia que tuvo incluso raptos de arte y series macizas de naturales con la izquierda. Oreja a ley y complacencia de una plaza que le rindió tributo.

Y la carrera ascendente no paró en el quinto, al que le cortó las dos orejas, luego de someterlo para concebir una obra en la que, además de hilvanar las tandas de mano derecha se sobrepuso al viento hostil que acompañó casi todas las suertes.

Con cabeza y corazón, Castella se hizo a la llave de la puerta grande y volvió a escribir su nombre en los anales de la Santamaría.

No la tuvo fácil, o al menos clara, José Garrido con el que abrió tarde. Mirón y con tendencia a medir cada viaje, el de Gutiérrez terminó por sembrar desconfianza en el torero español.

El cuarto de la tarde se movió sin alcanzar el galope de los buenos. Garrido lo fue metiendo poco a poco en su trapo rojo hasta hacerlo romper, en especial con el pitón izquierdo. Las bernardinas del cierre estuvieron marcadas por la sinceridad. La opción de un trofeo se evaporó en el acero.

En el último no hubo química y las cosas tomaron rumbos distintos para Garrido y para el del hierro caldense, hasta terminar en abulia.