Andrés Roca Rey
Andrés Roca Rey - Efe

La «Danza prima» de Roca Rey en Gijón

El peruano sale a hombros, El Fandi corta una oreja y Talavante pincha una gran faena

GIJÓNActualizado:

Las fiestas de Nuestra Señora de Begoña culminan el día 15, con la «Danza prima», en la playa de San Lorenzo. Es un viejísimo baile, al que todos se pueden incorporar: «Ay, un galán de esta villa, ay, un galán de esta casa». Asturias ama firmemente sus tradiciones. En la tierra de Covadonga, ¿tiene sentido hablar de España como una «nación de naciones», que nadie sabe lo que es? Igual se podría hablar del toro de toros, del camelo de camelos… También la Tauromaquia forma parte de las tradiciones de esta tierra. Dentro de un mes, se cumplirán 500 años de la llegada a España de Carlos V, que ya se celebró con varios festejos taurinos, en Asturias.

Los toros de Sánchez Arjona (de la línea Domecq) resultan casi ideales para una corrida de figuras: bravos, nobles, cómodos, con movilidad.

El Fandi siempre lo da todo, ofrece espectáculo. Recibe a los dos de rodillas, realiza quites vistosos, entusiasma con las banderillas, muletea con oficio. En su primero, que repite incansable, toda la faena es por la derecha. Mata desprendido: una oreja y le piden la segunda. En el cuarto, quita por zapopinas, clava siete palos, le busca las vueltas al mansito pero falla con el descabello.

Talavante actúa en primer lugar, por haber roto la puerta del chiquero su toro, que renquea, tras chocar con un burladero. Muestra el diestro su facilidad, el gran momento que atraviesa pero una entrega moderada. El quinto, «Zapatero» (sin Rodríguez por delante) es incierto pero acaba entregándose. Al son de «La Misión», Alejandro dibuja naturales lentos, de categoría, también a pies juntos, pero pincha la gran faena.

En su debut en Gijón, Roca Rey, baila una triunfal «Danza prima». Al tercero, bondadoso, le hace de todo: verónicas templadas, un quite mixto; con la muleta, liga, manda, logra pases de pecho muy largos, naturales excelentes, y mata con decisión: dos justas orejas. El último casi se lo lleva por delante, en un quite con el capote a la espalda. El toro se para pronto, le da la lidia adecuada. Sale felizmente a hombros. Más allá de los pases y los trofeos, me interesa, en este torero, su cabeza, su ambición, su capacidad para improvisar, sin emperrarse en la faena preconcebida, acomodándose a lo que el toro pide, en cada momento; también, a lo que el público necesita, para suscitar el entusiasmo. Eso es privilegio de pocos. Valle-Inclán hubiera dicho: «Cráneo privilegiado».

El día 15, se volverá a bailar, en la playa de Gijón, la «Danza Prima», símbolo de fraternidad y apertura. Un vecino me pasa una nueva estrofa: «Ya ha debutado en El Bibio / la figura peruana / que a los públicos atrae / y Andrés Roca Rey se llama. / Toros de Sánchez Arjona / de la salmantina casta / le han permitido mostrar / valor, ambición y raza. / Ha cortado dos orejas, / una multitud le aclama: / por las calles de Gijón / se lo llevan en volandas. / ¡Ay, un galán del Perú, / que es, ya, galán de esta Plaza!».

Camino de San Sebastián, me despido yo de esta ciudad con el himno que aquí se canta a coro: «Gijón del alma».