Aitana Sánchez-Gijón y Alba Flores, en una escena de «Troyanas»
Aitana Sánchez-Gijón y Alba Flores, en una escena de «Troyanas» - Jero Morales

«Troyanas», canto a la resistencia y a la fortaleza

El Teatro Español presenta la obra de Eurípides con versión de Alberto Conejero y dirección de Carme Portaceli

MadridActualizado:

La lucha por la dignidad. Es el lema que late en el interior de «Troyanas», un espectáculo que se estrenó en el pasado festival de Mérida y que llega ahora al Teatro Español. La dirección es de Carme Portaceli y el reparto, que encabeza Aitana Sánchez-Gijón, lo completan Ernesto Alterio, Maggie Civantos, Alba Flores, Gabriela Flores, Míriam Iscla y Pepa López. La versión del texto de Eurípides la ha realizado Alberto Conejero.

Carme Portaceli ha querido quitar el artículo -«Las»- del título para descontextualizar y universalizar la obra. «“Las troyanas” son las ciudadanas de Troya; “Troyanas” encontramos en todas las épocas y en todas partes. Troyanas son las que resisten; y de ellas habla esta obra. Habla de esas mujeres, de cómo sufren, de cómo se las reparten, de cómo los vencedores en las guerras destruyen culturas y lenguas...»

Asegura la directora que en esta función «no hay lamento; hay una lucha por sobrevivir, por mantener la dignidad. El lamento es algo pasivo. Aquí las mujeres lloran porque sienten dolor, pero hay resistencia en ellas». Y, por encima de todo, Hécuba (Aitana Sánchez Gijón), una mujer «que a pesar de haberlo perdido todo no deja de luchar. “No hay dolor en el mundo que no me pertenezca”, dice ella. Y, con todo, aguanta y pelea». «Hécuba -completa su intérprete- es la madre universal. Hay en ella referencias muy contemporáneas. Es el espíritu de la resilencia; sin motivos para vivir, se levanta una y otra vez y enarbola la bandera de la dignidad personal: “mientras haya una de nosotras que pueda estar de pie, hay una esperanza para este mundo”».

«Troyanas» es una función que subraya la grandeza de las mujeres en una situación tan extrema y calamitosa como es una guerra. Es algo, dice Alberto Conejero, que está ya en el original de Eurípides, un canto a la resistencia y la fortaleza. «En este texto él decide no salvarse. Da el papel central a las mujeres; es toda una lección para quienes creemos en una sociedad igualitaria». Dice Conejero que él ha tratado de hacer convivir a Eurípides con el presente. «Termina la obra con una mirada que ahora resulta escalofriante -dice-, porque es la de unas mujeres que son refugiadas». «Que no nos quiten la palabra -apunta Portaceli-. Es el mensaje de la obra, como también es el objetivo del teatro: pararse es escuchar, escuchar es pensar, y pensar es vivir».