Cultura - Teatros

El Teatro Real recibe un cálido homenaje con motivo de su Bicentenario

En el acto, organizado por la Casa del Lector, se subrayó la necesidad de un pacto de Estado para la Cultura

Javier Gomá, Iñaki Gabilondo, Anunciada Fernández de Córdova, Carmen Alborch, José Luis Gómez, Montserrat Iglesias, Gregorio Marañón, Pablo Heras-Casado, César Antonio Molina y Mauricio Sotelo
Javier Gomá, Iñaki Gabilondo, Anunciada Fernández de Córdova, Carmen Alborch, José Luis Gómez, Montserrat Iglesias, Gregorio Marañón, Pablo Heras-Casado, César Antonio Molina y Mauricio Sotelo - Isabel Permuy

La necesidad de un pacto por la cultura, la eliminación de la idea de que la ópera es algo elitista y la importancia de la participación de la sociedad civil en el proyecto cultural fueron los ejes fundamentales sobre los que giraron las intervenciones de los participantes en el homenaje al Teatro Real que organizó la Casa del Lector, y que terminó siendo, también, un homenaje a su presidente, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis.

La exministra de Cultura Carmen Alborch; el periodista Iñaki Gabilondo, el filósofo Javier Gomá; el actor y director José Luis Gómez; el director de orquesta Pablo Heras-Casado; la directora general del Inaem, Montserrat Iglesias; el compositor Mauricio Sotelo, y Anunciada Fernández de Córdova, directora de la Oficina de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, participaron en este acto, acogido por César Antonio Molina, director de la Casa del Lector.

Con el homenaje se ha querido destacar el papel que desempeña en el mundo de la cultura española el Teatro Real, que celebra actualmente el bicentenario de su creación y el vigésimo aniversario de su rehabilitación como coliseo operístico.

Sociedad civil

El primero en apuntar la importancia que la aportación de la sociedad civil tiene en el Teatro Real fue el propio César Antonio de Molina. «La sociedad civil es capaz de sacar adelante la cultura, pero eso no exime a los Gobiernos de su apoyo a esta labor», señaló el exministro de Cultura. Iñaki Gabilondo abundó en la idea: «la sociedad tiene que sentirse implicada con lo que dice que le importa, y si, como dice, le importa, debe implicarse con ella». Montserrat Iglesias puso al Teatro Real como ejemplo de colaboración entre la sociedad civil y las Administraciones públicas.

En 2018 el Teatro Real celebrará doscientos años de vida desde que Fernando VII decidiera su construcción, y veinte desde que, después de más de medio siglo, volviera a acoger la actividad para la que fue creado: la ópera.

La que fuera ministra de Cultura entre 1993 y 1996, Carmen Alborch, que fue también la primera presidenta del patronato del Teatro Real, fue la primera en intervenir en este homenaje, de tintes institucionales y personajes a partes iguales. «El teatro -recordó la exministra- es una representación para mi del dolor y el placer», y una «institución respetada al margen de los avatares políticos».

La autonomía e independencia del teatro, y la defensa de su gestión profesional al margen de los vaivenes políticos fue uno de los principales leit motiv de las intervenciones. José Luis Gómez destacó que el Teatro Real ha conseguido un modelo de referencia en Europa con un 45 % de los ingresos procedentes de las propias actividades del teatro, y el resto dividido a partes iguales por la aportación de las Administraciones Públicas y la sociedad civil. Gómez apuntó la necesidad de un pacto de Estado para la cultura, al que se sumaron también el resto de los participantes.

Buque insignia

El papel del Teatro Real como buque insignia de la cultura española sonó igualmente como un estribillo en las intervenciones. Gregorio Marañón, en el cierre del acto, recordó que el Observatorio de la Cultura señala al coliseo como la tercera institución cultural más importante de nuestro país, la primera en el ámbito de las artes escénicas.

Se habló igualmente, en un plano más filosófico, de la cultura como necesidad del hombre. «Es de primera necesidad», señaló Gabilondo, mientras que Javier Gomá habló de los conceptos de «valores de más peso» y «valores de más altura», para distinguir a las necesidades de subsistencia y espirituales, que son de igual importancia para el ser humano. «No se trata de dar más años a la vida, sino de dar más vida a los años», señaló el filósofo. Y el compositor Mauricio Sotelo subrayó la idea con un verso: «La negación de la memoria es aun peor que el olvido».

Negar la idea de que la cultura -y la ópera- es elitista fue también un concepto repetido a lo largo de la velada, y para ello se destacó el esfuerzo realizado por el Teatro Real por abrirse a nuevos públicos, con atención especial para la tecnología. «Internet es la nueva Barraca», dijo Anunciada Fernández de Córdova en referencia a la compañía con la que García Lorca llevaba el teatro a los pueblos de España.

Entusiasmo y pasión

De entusiasmo, generosidad y pasión habló Pablo Heras-Casado, director principal invitado del Teatro Real, que destacó el trabajo de todas las gentes que trabajan en el coliseo, y que habló del papel de referente internacional del teatro, atribuido por todos en gran parte a Gérard Mortier.

Los 302 trabajadores del Teatro Real, sumados a los 77 colaboradores y a los 157 músicos y cantantes de la orquesta y el coro, se simbolizaron en el homenaje a Gregorio Marañón, un «caballero andante», según le definió Montserrat Iglesias, y que cerró el acto con unas emocionadas palabras donde no faltó el agradecimiento a su equipo, encabezado por Ignacio García-Belenguer, director general, y Joan Matabosch, director artístico.

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