Festival de Salzburgo

«Lady Macbeth de Mzensck»: una crueldad musical

La ópera de Shostakovich se ha presentado en el Festival de Salzburgo con un aval irreprochable

Una escena de «Lady Macbeth de Mzensck»
Una escena de «Lady Macbeth de Mzensck» - ABC
ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Salzburgo - Actualizado: Guardado en: Cultura Teatros

«Lady Macbeth de Mzensck» está llena de incertidumbres. La ópera de Shostakovich fue despreciada por el régimen de Stalin, de manera que una red de explicaciones nunca suficientemente resueltas y, a veces, políticamente diplomáticas, se tejieron sobre la obra. ¿Cuál es el verdadero perfil de la protagonista? ¿Mujer prudente y víctima de las circunstancias que mata por sí sola o con ayuda de Sergei como reacción animal ante el sometimiento? ¿Orgullosa y sexualmente desenfrenada, dispuesta a cualquier acción por cruel que sea con tal de conseguir al amante? El texto original de Nikolai Leskow y el libreto del propio Shostakovich y Alexander Preis parecen entrar en contradicción.

La tradición operística ha querido ver a la mujer arrebatada, potente y altiva, salvaje, pero no así el director Andreas Kriegenburg, que se ha presentado en Salzburgo con una propuesta teatral que convierte a la protagonista en humilde objeto de sometimiento. Sin duda, con esa decisión se atempera mucho del carácter visceral de la ópera y se dibuja un personaje que cuadra muy bien con la singular personalidad de la soprano Nina Stemme. Su Katerina es teatralmente prudente, vocalmente comedida, dramáticamente justa. Es obvio que reproduce el arquetipo marcado por Kriegenburg pues, enfrente, Brandon Jovanovich encarna a Sergei desde una perspectiva dominante, con una vocalidad grande, timbrada y emotiva. Otro tanto sucede con el suegro Boris, que Dmitry Ulyanov reproduce con admirable calidad, presencia y altanería. Zinovi, el esposo desinteresado, queda en manos de Maxim Paster en una prestación teatral dominante y vocalmente caracterizada.

Aval irreprochable

«Lady Macbeth de Mzensck» se ha presentado en el Festival de Salzburgo con un aval irreprochable, más profundo, intenso y resuelto que la propuesta escénica de Kriegenburg, situada en un edificio de cemento en un suburbio donde las habitaciones entran y salen a escena ordenando la acción. Al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena está Mariss Jansons proponiendo un versión de apariencia limpia, transparente, superlativa en su capacidad por desentrañar de una manera evidente el complejo entramado musical. La partitura, cargada de guiños musicales escénicos y de referencias, implica una curiosa continuidad, «acción cinematográfica» la llamó el autor, que en el caso de Jansons adquiere una lógica impecable. Pero aún, lo importante es la intensidad de la lectura, el mimo en el acompañamiento, el color de la orquesta que vibra en los momentos culminantes explicando mucho de lo que cabe imaginar ante la obra. Algo hay de expresionista en la ópera de Shostakovich antes que de desnudo verismo. Jansons también lo cree cohesionando el eclecticismo, la visión interior, la expresión de la partitura en una voluntad decididamente elocuente.

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