CRÍTICA DE TEATRO MUSICAL

«Don Juan», el canto de un seductor

Se estrena en el teatro Philips Gran Vía un musical basado en el Tenorio de José Zorrilla

Toni Bernetti y Estíbaliz Martyn, Don Juan y Doña Inés
Toni Bernetti y Estíbaliz Martyn, Don Juan y Doña Inés - ABC

Convertir el tenorio en un musical no es tarea fácil. El compositor mexicano Antonio Calvo ha invertido casi tres décadas de su vida en el proyecto que acaba de ponerse en pie en la Gran Vía. No merece más que aplauso por su empeño, el mismo que merece el trabajo que han desarrollado los responsables artísticos y técnicos, así como los intérpretes -muy especialmente estos- para ofrecer al público un espectáculo tan ambicioso como elaborado, tan robusto como cuidado, con un vestuario brillante y arriesgado y un llamativo despliegue de medios.

«Don Juan" (***)Basado en la obra de José Zorrilla. Música: Antonio Calvo. Dirección artística: Ignacio García. Dirección escénica y coreografía: Tino Sánchez. Dirección musical: Julio Awad. Vestuario: Lluís Juste de Nin y Eloise Kazan. Escenografía: Miguel Brayda. Principales intérpretes: Toni Bernetti, Estíbaliz Martyn, Gonzalo Montes, Patricia Clark. Teatro Philips Gran Vía, Madrid

La historia de Don Juan Tenorio, el héroe-villano romántico por excelencia, es un esqueleto perfecto para armar en torno a ella un gran musical. El propio Zorrilla ya creó con su obra una zarzuela. Otra cosa es utilizar para ese musical los propios versos de una de las más populares obras de nuestro teatro. Y en el respeto a estos versos y a su cadencia y sus ritmos radica a mi juicio una de las cojeras de este «Don Juan»: su música. Calvo ha creado una partitura de aliento lírico, casi operístico -con escapadas al jazz e incluso al rap-, pero que no terminan de prenderse en el oído de los espectadores. Al cuadro que se ha dibujado en escena, por otra parte, le faltan pinceladas que perfilen los personajes y detallen escenas (Don Juan y Doña Inés, demasiado envarados a lo largo de toda la obra, apenas se miran a los ojos en la celebérrima escena del sofá).

No es tampoco sencilla la partitura para los intérpretes, que defienden sus papeles con dignidad, con un esfuerzo encomiable y, en muchos casos, con talento y calidad en su trabajo. Destacan, entre ellos, la autoridad y la voz de David Velardo y la sabiduría y picardía de Patricia Clark.

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