Igor Yebra, durante los ensayos de «Esto no es La Casa de Bernarda Alba»
Igor Yebra, durante los ensayos de «Esto no es La Casa de Bernarda Alba» - Alba Pujol

Igor Yebra: «El ballet es ahora como un deporte de élite, constantemente se buscan récords»

El bailarín, nombrado director del Ballet Nacional Sodre de Uruguay, debuta como actor en «Esto no es La casa de Bernarda Alba»

MadridActualizado:

Un reparto de «La casa de Bernarda Alba» casi totalmente masculino, como ocurre en la versión que acaba de estrenar en los teatros del Canal Carlota Ferrer, ya es chocante, aunque no novedoso (en los años 70, Ismael Merlo encarnó al personaje lorquiano, y Lluís Pasqual dirigió una coreografía sobre la obra interpretada por hombres); pero sorprende más aún encontrarse en ese reparto con Igor Yebra, más propio de ballets como «El lago de los cisnes» o «Giselle». El bailarín abre con esta versión de la tragedia de Lorca un nuevo camino que solo el tiempo, dice, determinará si es el suyo. Ya había tenido propuestas similares anteriormente, pero las había pospuesto por sus compromisos como bailarín.

En esta ocasión, sin embargo, se planteó un cambio. «Tenía que elegir -dice Igor Yebra- entre una nueva vía o volver a repetir lo mismo que has hecho miles de veces, y que por fuerza vas a hacer cada vez peor... a nivel técnico, no artístico. Porque esa es la crueldad del trabajo del bailarín clásico: que cuando más puedes ofrecer desde el punto de vista interpretativo, el cuerpo ya no responde como antes. Yo he podido alargar mi carrera en el ballet clásico porque no he sido un bailarín eminentemente técnico. Y ahora me han pesado más las ganas de descubrir algo diferente, que siempre me ha atraído».

Igor Yebra estuvo a punto de trabajar con Carlota Ferrer hace un par de años en el Teatro Español, pero no pudo ser. Los dos, sin embargo, se quedaron con las ganas. «Tuvimos un buen feeling», asegura el bailarín. «Yo soy muy autoexigente -casi autodestructivo-y no estaba del todo seguro de entrar en este mundo, pero antes de la de Carlota recibí una oferta de Calixto Bieito que tampoco se pudo llevar a cabo. Y me dije que si dos pesos pesados y con tantos conocimientos me ofrecen trabajar con ellos, es porque algo ven en mí. Así que me decidí a hacer esta “Bernarda”. Además tengo ahora más tiempo libre porque ya digo que no a muchas propuestas de ballet clásico».

Niega que se haya retirado. «Yo no me voy a retirar, porque siempre hay papeles que podré hacer. Por ejemplo, el ballet “Zorba el griego”, que lo quería hacer desde hace años, pero Lorca Massine, su coreógrafo, me decía que esperara. Y se lo agradezco, porque es una obra en la que la interpretación y el sentimiento están por encima de la técnica. Los bailarines seguimos una evolución que no siempre se tiene que limitar al físico y a la técnica. Es verdad que el ballet clásico ha evolucionado tanto que ahora mismo es un deporte de élite. Al bailarín se le exigen récords y se olvida de por qué está encima de un escenario».

Dice el bailarín, que recientemente ha aceptado el ofrecimiento del Ministerio de Cultura uruguayo para suceder a Julio Bocca al frente del Ballet Nacional Sodre, que él siempre ha buscado algo más. «Por eso no he querido estar en una única compañía y por eso he bailado, por ejemplo, catorce versiones de “Giselle”, cuando lo normal es hacer como muchísimo dos o tres».

El bailarín vasco interpreta en esta «Bernarda» singular a María Josefa y a Pepe el Romano -un personaje sin diálogo, pero el desencadenante de la tragedia-. Del primero dice que «es un papel pequeño; pero yo no puedo ni debo hacer ahora un papel principal. Pero aunque pequeño tiene mucha importancia; en Lorca, solo con una frase ya se dice mucho. Y las que pronuncia María Josefa son todas lapidarias». Interpretar a dos personajes «tan opuestos» fue, confiesa, otro de los atractivos de la propuesta, «y un reto maravilloso».

No hay amaneramiento en la puesta en escena. «Son hombres dando voz a las mujeres», explica Yebra. Sabe que no es la primera «Bernarda masculina». «En arte está todo inventado, está todo dicho. Son los genios los que a esas palabras o a esas obras les dan algo diferente y especial».