CRÍTICA DE DANZA

Homenaje a Nacho Duato: decíamos ayer...

El festival Madrid en Danza se abrio con una gala en reconocimiento al coreógrafo valenciano

Un momento del ensayo de la gala en homenaje a Nacho Duato
Un momento del ensayo de la gala en homenaje a Nacho Duato - Efe

Nacho Duato es, indiscutiblemente, un jalón importantísimo en la historia reciente de la danza española. El coreógrafo valenciano le dio, a su llegada a la Compañía Nacional de Danza, un impulso poderosísimo. Al mismo tiempo -y eso está en su debe- ahogó el desarrollo de una línea de trabajo, el repertorio clásico, que una compañía pública como la que él dirigió debe mantener. Pero eso es otra historia, y de ella ya se ha hablado mucho.

Gala Nacho Duato (****)Dirección artística: Nacho Duato. Intérpretes: Erez Ilan. Marina Jiménez, Isaac Montllor, Dimo Kirilov, Sara Fernández, Francisco Lorenzo, Aleix Mañé, Daan Vervoort, Mar Aguiló, Luisa María Arias, Héctor Torres del Cerro, Kayoko Everhart, Africa Guzmán, Tamako Akiyama, Lucio Vidal, Gentian Doda, Thomas Klein, Mathieu Rouvuere. Madrid, Teatros del Canal

Aída Gómez ha querido que la presente edición de Madrid en Danza, el certamen que ella dirige, se abriera con un homenaje a Nacho Duato. Resulta raro que él mismo lo organice y dirija la gala con la que se agasaja, pero... Ha vuelto el coreógrafo valenciano a Madrid (lo hizo al frente del Staatsballett de Berlín, pero, como él mismo reconocía, no es lo mismo), en una suerte del «Decíamos ayer» de Fray Luis de León. Quizá sea también prólogo de algo.

La gala, en la que participaron artistas de la actual Compañía Nacional de Danza junto a otros que formaron parte del conjunto a lo largo de las dos décadas en que Duato la dirigió, sirvió para ver la carrera del coreógrafo resumida y compactada; algo así como las mejores jugadas. Y se pudo comprobar que, aun conservando la esencia del vocabulario que ya mostraba en su primera coreografía, «Jardí Tancat», su trayectoria ha sido un reflejo de su estado vital. De la luminosidad de sus primeros trabajos, dominados por el calor mediterráneo, pasó a la oscuridad, el tenebrismo, el conceptualismo; pero siempre con una caligrafía similar. Es hermosa y conmovedora «Static Time», la pieza que creó hace poco en recuerdo de Tony Fabre, amigo y estrecho colaborador.

Los bailarines participantes se entregaron generosamente -a Duato, que habló antes de levantarse el telón, se le quebró la voz por la emoción en más de una ocasión- y parece mentira que alguno de ellos no se hubiera calzado la zapatilla desde hace varios años: por singularizar el trabajo, mención especial para África Guzmán, Francisco Lorenzo, Tamako Akiyama, Dimo Kirilov, Gentian Doda o Lucio Vidal. Un homenaje más que merecido.

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