Cultura - Teatros

«Las golondrinas», historia criminal en el circo

El Teatro de la Zarzuela inaugura su temporada con la obra cumbre de José María Usandizaga

Una escena de los ensayos de «Las golondrinas»
Una escena de los ensayos de «Las golondrinas» - Javier del Real

José María Usandizaga tenía apenas 28 años cuando murió en su misma ciudad natal, San Sebastián. Fue el 5 de octubre de 1915; menos de dos años antes, se había estrenado en Madrid su zarzuela «Las golondrinas», con libro de Gregorio Martínez Sierra y María Lejarraga, y que obtuvo un «éxito delirante, frenético, brutal», según palabras del crítico de ABC de la época. El hermano del compositor la convirtió posteriormente en ópera, que se estrenó en el Liceo barcelonés a finales de 1929. Ésta versión es la que se podrá ver en el teatro de la Zarzuela a partir de hoy, en una nueva producción dirigida musicalmente por Oliver Díaz y escénicamente por Giancarlo del Monaco, que se estrena en el género con este montaje. El doble reparto de la obra está integrado por Carmen Romeu y Raquel Lojendio (que se alternan como Lina), Nancy Fabiola Herrera y Ana Ibarra (Cecilia), Rodrigo Esteves y José Antonio López (Puck), Jorge Rodríguez Norton (Juanito), Felipe Bou (Roberto) y Mario Villoria (un caballero).

La obra una historia trágica de amores contrariados, pasión y violencia, en un ambiente circense. Del Monaco se refiere a ella como «una obra maestra que define el destino de la ópera española. Se trata de una historia criminal, que empieza en el neorrealismo y termina en expresionismo. Hay influencias de Richard Wagner, Richard Strauss, Franz Léhar, Giacomo Puccini, incluso Alban Berg...» «Usandizaga era permeable a todas las incluenciasde la música que había podido conocer en su estancia en París -apunta Oliver Díaz-, pero él las pasa por el tamiz de un estilo propio y muy personal. Teje toda la obra con el sentido wagneriano del leit motiv, y nos da una idea del talento que podía haber desarrollado de no haber muerto tan joven».

Del Monaco ha enfocado su montaje en el lado más oscuro de la ópera, el drama de Puck, «un ser atormentado desde el principio. En el primer acto ya vemos que es una persona desordenada mentalmente, y en el segundo se acerca a la locura y a un personaje como Wozzeck».

El director italiano no esconde su influencia felliniana. «Siempre que veo una historia de payasos me vienen a la memoria Fellini... Y también Charlie Chaplin». Su puesta en escena tiene un tinte cinematográfico, y está marcada por el blanco y negro, a excepción de la «Pantomima», uno de los fragmentos más señalados de una partitura que Oliver Díaz califica como «absolutamente fascinante».

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