La soprano Ainhoa Arteta (d), junto a la Orquesta Victoria de los Ángeles, durante el Festival de Peralada
La soprano Ainhoa Arteta (d), junto a la Orquesta Victoria de los Ángeles, durante el Festival de Peralada - EFE

Ainhoa Arteta, con Victoria en la memoria

La soprano regresó al evento ampurdanés junto a la Orquesta que lleva el nombre de la desaparecida soprano barcelonesa

GironaActualizado:

Noche de intensas emociones la vivida el viernes pasado en el Festival Castell de Peralada (Girona), velada que se convirtió en un homenaje a Victoria de los Ángeles. Ainhoa Arteta regresaba al evento ampurdanés junto a la Orquesta que lleva el nombre de la desaparecida soprano barcelonesa, ocasión en la que se estrenaron dos canciones del compositor y director del conjunto, Pedro Pardo. Dedicadas a la propia Arteta, ambas piezas ponen en música sendos poemas escritos por Victoria que acabaron convertidos, gracias al poderío artístico de Arteta, en pequeños monodramas, especialmente «A ti», un poema en el que la soprano catalana descargó sus sentimientos para con el padre de sus hijos y que, en la versión musical de Pardo, llegó convertido en un áspero diálogo entre el violonchelo y la cantante. Todo un espectáculo. Más poético resultó el pucciniano y afrancesado «Oriental», dicho deliciosamente por una Arteta visiblemente emocionada.

Aunque el programa pecó de tacaño -solo tres arias de Puccini más estas dos canciones-, se pudo comprobar -y disfrutar- de una Arteta soberbia, en plenitud, con un uso de los reguladores fantástico, dándolo todo en el escenario y sabiendo medirse a pesar de la emoción, que sí se noto en algún fallo de memoria en arias que conoce desde hace décadas.

La Orquesta Victoria de los Ángeles mostró talento y ductilidad; brilló especialmente en ese arrebatado «Foglio d'Album», aunque en muchas partes de las reducciones de las arias, como en la del "Vissi d'arte", no se alcanzó a ensamblar adecuadamente la voz con el conjunto.

Como propina, aparte de recuperar una sección de «A ti», se escuchó un hermoso arreglo de Pedro Pardo de «El cant dels ocells», autor además del muy bienvenido «Adagio para cuerdas» que pudo escucharse en la segunda parte.