Paula Iwasaki y Pablo Béjar, en una escena de la obra
Paula Iwasaki y Pablo Béjar, en una escena de la obra - MarcosGpunto
CRÍTICA DE TEATRO

«La dama boba»: comedia de figurona

La Joven Compañía de Teatro Clásico interpreta la obra de Lope con versión y dirección de Alfredo Sanzol

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Si dentro de nuestra comedia áurea se distingue el subgénero dramático de la comedia de figurón, «La dama boba», aunque incluida en el grupo de comedias palatinas, podría ser una versión femenina, una comedia de figurona, pues lo es su protagonista, Finea, una joven bella, rica y simplona perfilada con trazos de caricatura, que el amor, convertido en ganzúa neoplatónica de su cerrada mollera, transmuta en avispada damita con conciencia de su condición de mujer en un orden patriarcal. Lope de Vega (1562-1635) la concluyó en torno a 1613, un año antes de ser ordenado sacerdote en un periodo de infortunios familiares.

Pese a ello, en «La dama boba» bullen divertidos enredos y late esa tesis esperanzada que hace del amor elemento iluminador y constructor de una identidad trascendida.

Con esos elementos, Alfredo Sanzol ha cocinado en la recogida sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia una joyita concentrada y austera, limpia de afeites y pompas escenográficas, pero rebosante de expresividad y gracia, que le viene al pelo a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. Da gusto contemplar cómo estos actores se entregan al vuelo del verso. Todos están bien, de la pareja de enamorados formada por Finea (Paula Iwasaki) y Laurencio (Pablo Béjar) al Otavio, padre de la dama, compuesto con brío por Daniel Alonso de Santos.