Cultura

Bienal de flamenco: Un trío de generaciones del baile

«Inmanencia» es el título de la obra presentada ayer por Javier Barón, Rafael Campallo y Alberto Sellés en el teatro Lope de Vega

El trío de bailaores presentó «Inmanencia»
El trío de bailaores presentó «Inmanencia» - JUAN FLORES
Marta Carrasco Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Pese a todos los pesares el derbi no pudo con el flamenco y tres hombres, mejor dicho nueve, fueron los protagonistas de la noche de ayer en el teatro Lope de Vega: Javier Barón, Rafael Campallo y Alberto Sellés y el atrás.

Los tres coinciden en muchos aspectos. Los tres son bailaores con presencia y con una forma muy individual de estar en escena, por eso había expectación por verlos juntos.

Los tres, además, han coincidido en una compañía institucional, aunque en diferentes épocas. Rafael Campallo fue miembro de uno de los primeros elencos de la Compañía Andaluza de Danza, a la que luego llegó Javier Barón como bailarín invitado, cuando la dirigía José Antonio, y por último Alberto Sellés, que precisamente el lunes finalizó su participación con el Ballet Flamenco de Andalucía que dirigía Rafaela Carrasco.

«Inmanencia» es simplemente una obra de baile, sin más adornos ni siquiera escenografía. Eso sí, con unas magníficas luces de Dominique You, y un atrás que se movió por el escenario a gusto, nada estático.

La propuesta era sencilla, casi austera y simplemente para mostrar el baile de tres generaciones distintas: dos sevillanos y un gaditano.

Tras un aperitivo de los tres por rondeña, Alberto Sellés que lleva la estirpe flamenca en la sangre, escogió peteneras para su presentación. Un baile sin aditamentos, sencillo, pero con unos recortes muy flamencos. No en vano el propio Sellés ha tenido como uno de sus maestros a Barón, por lo que su coordinación con el alcalareño fue muy sencilla.

Rafael Campallo es la Escuela Sevillana lleno de barroquismo. En el paso a dos con Barón por tangos estuvo en el gusto del desplante que tanto aplaude el público. Campallo baila con el alma, y fiel a lo que había anunciado, no bailó con virtuosismo, sino con el corazón. Eligió la seguiriya para poder presentarse en solitario y ahí demostró cómo puede meter los pies sin tener que exagerar la flamencura ni tampoco, y esto es importante, la necesidad de los silencios. En el baile, todo no es correr, como algunas modas de últimos tiempos.

Javier Barón es la tercera generación, como él mismo dijo, «yo soy el blanco y negro», pero también fue el color, al menos anoche en el teatro Lope de Vega donde se le vió a gustísimo por soleá por bulerías, con esos recortes que sabe hacer cuando desde atrás gira el cuerpo y mete los brazos para recortar en el aire. Su zapateado, como acostumbra, muy barroco pero ajustado, con matices, un gusto ver bailar a Barón con palmas, guitarra y cante.

El planteamiento era sencillo: volver a los orígenes, a lo que un día los tres aprendieron y luego fueron deconstruyendo a lo largo del tiempo, aunque Sellés es el único que está iniciando sus nuevas aventuras.

Cantiñas para terminar, quizás demasiado uniformadas, aunque pudimos ver gestos diferentes de los tres. Con alguna broma para rebajar el ambiente y un compás y cante casi de cámara, Javier Barón, Rafael Campallo y Alberto Sellés demostraron donde está el presente generacional y el futuro que ya ha llegado.

«Inmanencia» no es una obra de alharacas, sin más bien casi íntima, sin pretensiones, de enorme musicalidad, es el deseo de presentar el baile desnudo, para demostrar cómo el hombre sigue bailando sin tener que abandonar sus brazos, ni su cadera, conservando la musicalidad del zapateado.

El público en pie aplaudió con calor a los tres bailaores, mientras algunos salían a todo correr porque había otra cita con el baloncito. En cualquier caso, el baile ya había ganado.

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