Cultura

Patricia Guerrero en su templo

La bailaora presentó anoche en el teatro Lope de Vega su nueva obra titulada «Catedral», combinando la música «a capella» y el flamenco

Patricia Guerrero presentó «Catedral» en el Lope de Vega
Patricia Guerrero presentó «Catedral» en el Lope de Vega - RAÚL DOBLADO
MARTA CARRASCO Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Patricia Guerrero fue Giraldillo Revelación en la Bienal de 2012 y desde entonces la bailaora ha venido ahondando mucho más en sus posibilidades.

En esta ocasión se ha puesto en las manos del director teatral Juan Dolores Caballero, con quien ya había trabajado en otra ocasión.

Anoche presentó en el teatro Lope de Vega «Catedral», un montaje casi místico, con una estética oscura y centrada en la espiritualidad, donde la bailaora intenta crear una especie de liturgia con un baile en ocasiones descontextualizado y con aportaciones musicales muy interesantes.

Comienza el espectáculo con el sonido de las campanas, en un trabajo de percusión muy destacable que jalona todo el montaje, acompañado del rezo que suena en off. La coreografía de roza lo contemporáneo, lo geométrico, como un recogimiento. La bailaora vestida de negro y tocada con una mantilla, parece deambular por el espacio en negro que ha diseñado Juan Dolores Caballero, donde el diseño de iluminación de José María Rivera es fundamental para conformar este ambiente entre místico y fantasmagórico, casi triste, en el que nos sumerge este templo.

Nueve cuadros componen «Catedral» que, tras su inicio contemporáneo, empieza con soleá por bulerías con la voz siempre segura de José Anillo. La música es una composición al alimón de José María Requena, también el guitarrista solista, y Agustín Diassera. Una gran banda musical.

Uno de los aspectos más novedosos de es la participación del tenor Diego Pérez y el contratenor Daniel Pérez, quienes «a capella», y vestidos de monagos en tonos rojos, conforman el momento más «catedralicio» del montaje, mientras el baile de Guerrero pasa de la sinuosidad de los gestos geométricos a la pasión por el zapateado.

Patricia Guerrero es una mujer de enormes facultades. Especialmente se luce en los zapateados y en los giros. Su coreografía no ceja en dificultad, sobre todo cuando mete los pies en el Romance de la Monja, bellísimo el recuerdo al Negro del Puerto, y en donde la coreografía, acompañada de las otras tres bailaoras en escena, compone cuadros muy estéticos.

Juan Dolores Caballero ha creado un espacio que va desde l místico y austero, al deseo; con un vestuario de Laura Capote que recuerda algunos lienzos de Zurbarán: grandes faldas con el adorno de golas en el cuello, la bailaoras van desprendiéndose de los grandes ropajes, siempre en tonalidades negras y grises, hasta quedarse con una sencilla túnica negra.

Bailan por tangos en el cuadro «Tangos del deseo», y Patricia Guerrero se incorpora con el cante libre en cualquier momento de la coreografía en un paso a cuatro muy efectista.

Tras un amplio apartado flamenco para regocijo de quienes temen los «atrevimientos» de estos jóvenes que exploran las estéticas flamencas con otras músicas, Guerrero vuelve a lo monacal con el momento de «Ite missa est», para terminar con el «Lamento de Dios», absolutamente vencida por el ambiente.

Es una obra valiente, con una teatralidad apreciable impuesta por la dirección de escena, y con un cuerpo de baile, compuesto por Maise Márquez, Ana Agraz y Mónica Iglesias, que se han adaptado por completo a las exigencias coreográficas de Guerrero.

No sé porqué el flamenco tiene ahora que estár rodeado de tanto halo de tristeza y recogimiento íntimo y casi tenebrista, pero al menos si se hace con la calidad de esta obra, queda una más conforme y la creación, es libre.

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