Cultura

Por las mujeres...y el cante

Laura Vital es una mujer que maneja como nadie los palos del flamenco

Laura Vital con el guitarrista Eduardo Rebollar
Laura Vital con el guitarrista Eduardo Rebollar - ÓSCAR ROMERO
Marta Carrasco Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Los espejos de la impresionante iglesia barroca de San Luis reciben a los visitantes con destellos de luz. Sin duda, a pesar del calor de días atrás, el espacio merece la pena. Un guiri, ávido de flamenco exclama ensimismado: ¡fabuloso!... y no es para menos.

Un consejo para años venideros si se sigue haciendo ahí: quiten la megafonía, porque ayer, al menos a Laura Vital, su voz sonaba mucho mejor cuando se levantaba y elevaba el cante por encima de nuestras cabezas.

Pese a que el micro no la ayudó, Vital es una mujer que maneja como nadie los palos del flamenco, no en vano su apartado docente la lleva a profundizar y a estudiar con esmero, la historia y los recovecos de cantes y sus estilos.

«Mujeres de sal» es el título del recital que nos ofreció durante casi hora y media en San Luis, acompañada de dos grandes guitarras, la de Eduardo Rebollar, todo compás, y la de Sócrates que se lució por soleá y taranta. A las palmas, Perico de la Chana y Diego Montoya, mucho Cádiz.

Quiso Laura Vital rendir homenaje a las mujeres cantaoras, como antaño hiciera Carmen Linares en aquella afamada grabación que tanto éxito obtuvo.

Vital nos regaló para abrir boca una bambera de la Niña de los Peines, de la que también cantó una farruca y la taranta «Un pañuelo me encontré».

Deambuló por Cádiz en las alegrías de la Mejorana, Rosa la Papera y Rosario la del Colorao y se fajó para hacer un homenaje a la recientemente desaparecida Juana la del Revuelo con «Sevilla es de chocolate».

Pero quizás la voz profunda de Laura Vital se calentó mucho más por soleá, la de la Serneta, «Presumes que eres la ciencia», y la seguiriya de María Borrico. «Hay mujeres cantaoras, diría la artista, para hacer diez recitales como éste».

Los fandangos de Juana María, María Limón y María la Conejilla sirvieron para comprender la amplitud de su voz y los registros de una cantaora siempre afinada. Y para terminar, bulerías de María la Sabina, Mariana Cornejo y María Vargas la Perla de Cádiz, recordando a su tierra.

La sanluqueña hizo un recital a gusto, recreándose en los palos. Fue como un hermoso «master class» para aprender del flamenco y sus estilos, de la mano de una joven cantaora que no quiere nunca dejar de superarse.

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