Marwan, en su concierto sevillano
Marwan, en su concierto sevillano - EZEQUIEL MENDOZA

Marwan enamora a Sevilla con sus cantares de gesta

El músico madrileño ofreció este viernes un concierto en la Sala X de Sevilla con todas las entradas vendidas, donde presentó su último trabajo: «Mis paisajes interiores»

SEVILLAActualizado:

Aunque no lo parezca, los cantares de gesta siguen muy presentes en nuestra literatura hoy en día. Con la diferencia de que ahora no sólo están sobre el papel, sino también en las redes sociales. Además, ya no hablan sobre territorios conquistados, sino de corazones invadidos, asediados y perdidos. En este tipo de literatura Marwan es considerado por su público como un experto. Así, el pasado viernes en la Sala X de Sevilla este cantautor madrileño hizo un repaso de todas sus pérdidas, hazañas y conquistas, con un repertorio lleno de humor, psicología, amor y desengaño.

El concierto empezó bajo las notas del dulce piano de Álex, el Sancho Panza de este caballero andante, mientras un valiente Don Quijote le preguntaba a su Dulcinea: «¿Cómo hacer que vuelvas?». El público adivinó al momento la respuesta: «es mala idea abrir el corazón cuando el olvido viene por nosotros». «Sevilla es la única ciudad a la que he venido dos veces estando de gira», declara sobre el escenario. Aunque no necesita esforzarse demasiado con los halagos para enamorar a su público, a quien tiene con el corazón en un puño, dudando si entregárselo o guardarlo por si lo necesitan más adelante. Sobre el escenario, Marwan se quita de encima la fama de «pasteloso» a base de buen rollo, chistes y esos golpes de humor que regala entre canción y canción, que al final serán la tónica y el compás de su «show».

Posteriormente suenan «Cazador de mariposas» y «Palabra por palabra», mientras Marwan ofrece un espectáculo cercano, ameno y profundo, mirando a los ojos a todo aquel que se atreva a cantarle a la cara sus propios versos. El piano vuelve a tomar la iniciativa con una canción que el público reconoce a la primera: «Ella», de Alejandro Sanz, explota en las gargantas de los presentes, y el músico sigue su pantomima, regalando dosis de humor cada vez que puede: una de cal y otra de arena. Le sale natural, nada es impostado.

Por eso, el giro se veía venir: mientras se apaga «Ella», comienzan a sonar las primeras notas de «Ya te estoy imaginando». El público se entrega en cada verso y hasta el señor que está al cargo de su «merchandising» lo canta a gritos: «es patético empezar otra canción diciendo que te voy a echar de menos». Progresivamente, Marwan se va acercando al borde del escenario. Tantea, parece que se va a sentar y, sin pensarlo, se baja de las tablas y se mete entre el público que, mientras tanto, graba y llora sus versos a partes iguales. Entre la multitud hay una chica que lleva todo el concierto mirándole intensamente, con los ojos como faros ante un barco que está a punto de encallar. En su cabeza parece que solo existen ella y él y, de los dos, no se sabe muy bien quién se está hundiendo.

Marwan junto a Álex, el pianista que le acompaña en esta gira
Marwan junto a Álex, el pianista que le acompaña en esta gira-E.MENDOZA

«La ecuación» toma el relevo y antes de cantar «Carita de tonto» Marwan regala más risas: «El otro día me escribió un chaval pidiéndome consejo para ayudarle con una chica», explica. «Yo le dije: “¿has escuchado mi disco? ¿crees que soy el más apropiado para darte consejos de amor?” Mi disco es para esas personas que están muy jodidas y cuando lo oyen, a los cinco minutos llaman a un amigo para decirle “oye, que al final no estoy tan jodido, ¿damos una vuelta?”». Una vez más, el concierto pasa de las risas a la seriedad, del chascarrillo, a la intimidad. Con «Carita de tonto» el público se calienta cada vez más y, mientras Marwan se deja la voz en el micrófono, más de una pareja se mete la lengua hasta el esternón. O hasta el corazón, quién sabe.

«¿Quién vendrá a recoger los restos de esta historia?», continúa Marwan, que para su próximo tema invita a subir al escenario, antes de tiempo y cambiando su repertorio, a su hermano Samir. Juntos, interpretan «Puede ser que la conozcas», unos versos dedicados a Madrid –«caótica, cercana y orgullosa, te hará pensar que solo baila para ti»–. Al terminar, los hermanos nos regalan otro de los momentos de la noche: «Desde que duermes junto a mí».

Llegados a este punto de la noche, Marwan aprovecha para reconocer que es un honor poder hacer lo que más le gusta junto a su hermano. «Bueno, lo segundo que más nos gusta», le corrige éste, ante las carcajadas del respetable. «Claro, no penséis mal, lo primero es ver a Messi cómo machaca a Cristiano Ronaldo», responde a su vez Marwan. Una vez más, el concierto pasa del chiste a la gravedad extrema. Así, se cuela «La vida cuesta», mientras la camarera de la Sala X exclama a sus compañeros: «¡Está cantando que la vida cuesta y la gente le aplaude!». Como si no se pudiera aplaudir, aunque sea desde la ironía, que a veces «cuesta entender que la misma persona que te hiere sea la que estás necesitando». Así es la vida.

Retomando el «setlist» original, Marwan intenta arreglar sus «Renglones torcidos» no sin antes regalar un remedio para el mal de amores: «es necesario que nos pasen cosas malas para que nos demos cuenta que nos merecemos algo mejor». Rozando la medianoche se suceden «Las cosas que no pude», «Responder», «Conviene saber» y «Canción de autoayuda». «Ahora hacemos como que nos vamos y vosotros pedís otra», avisa Marwan que abandona el escenario solo un par de segundos, antes de volver para los bises.

«Voy a matar al que inventó las despedidas», amenaza antes de tocar «Ángeles», «Mi paracaídas» y «Necesito un país», canciones que completan los bises de este concierto. Antes de terminar, Marwan pasa de psicólogo a paciente y se confiesa: «un día de estos tendré que abrazarte más fuerte», porque, al fin y al cabo, «amor es la palabra que resuelve el crucigrama». La palabra que endereza sus renglones torcidos, su palabra por palabra, el valor de la X en su ecuación. La estampa en la que se reflejan sus paisajes interiores.