Cultura

La guitarra en la Bienal: El regreso de un dios y la hora de sus discípulos

La vuelta de Manolo Sanlúcar a los escenarios es la noticia más importante de esta edición, que da paso a la siguiente oleada de figuras del toque con Vicente Amigo, Tomatito...

El gran maestro Manolo Sanlúcar, posando en su casa con su guitarra
El gran maestro Manolo Sanlúcar, posando en su casa con su guitarra - PACO MARTÍN
A. G. - Actualizado: Guardado en:

Manolo Sanlúcar vuelve. Ésa es la noticia. El guitarrista flamenco vivo más importante, genio histórico y compositor irrepetible, ha decidido salir de su letargo intencionado después de dos años de reflexión. Se fue porque su amor por la guitarra se lo dictaba. Tenía un compromiso consigo mismo que le acompañará eternamente: conseguir que el flamenco se estudie en los colegios andaluces y que en los conservatorios se reconozca a los maestros jondos como profesores. Y después de un intento fallido más -es imposible enumerar cuántos lleva ya- decidió que estaba agotado y que necesitaba dar aire a su mente. No podía permitirse subir a los escenarios a tocar mecánicamente y ganar dinero. Si no estaba preparado para ser él el primero en disfrutar de su guitarra, no volvería a sacarla de la funda. Ese fue su conjuro. Y la noticia es que vuelve. Regresa de rebote, para sustituir al Ballet Nacional, cuya huelga ha provocado la suspensión de su función en la Bienal, y tras tenerse que bajar del escenario en Barcelona por un problema de salud. Así es la humildad de los dioses. No les importa entrar por la puerta de atrás. Porque su arte no está concebido para los demás, sino para sí mismos. Manolo Sanlúcar no toca por contrato ni compone a medida. Toca porque a través de la guitarra respira y compone porque es su manera de hablarse a solas. Por eso vuelve. Y sólo por eso merece la pena esta XIX Bienal de Flamenco de Sevilla, la más trascedente quizás de todas porque se enfrenta a un cambio generacional anticipado tras la muerte de los últimos grandes referentes. Sin Paco de Lucía, Morente, el Lebrijano o Menese toda la responsabilidad recae en un ramillete cada vez más escaso de maestros y, sobre todo, en los artistas que en estos momentos tienen entre 40 y 50 años. La programación de guitarra de esta edición es una radiografía perfecta de la situación que atraviesa el género. Manolo Sanlúcar, que además tocará una obra excelsa que compuso en 1984 para el Ballet Nacional, «Medea», con la Sinfónica de Málaga, es el faro que alumbra el camino a todos. Pepe Habichuela es el otro maestro de esa generación, de la que apenas quedan ya Serranito, Paco Cepero y Paco Peña. Y por detrás ha llegado la hora de los discípulos del sanluqueño. La caída de Rafael Riqueni del cartel como consecuencia de la retirada del tercer grado penitenciario -está en la cárcel por un suceso ocurrido en la etapa más dura de su enfermedad mental- supone un golpe terrible para el trianero, que con la gala inaugural parecía que iba a acabar con todos los fantasmas de su pasado. Él es, además, uno de los elegidos para ocupar el trono de la guitarra tras la época dorada de Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar. Tendrá que esperar otra edición para poder demostrarlo. Mientras tanto, sí podrán llevar a cabo esa sucesión los otros grandes nombres de su quinta: Vicente Amigo y Tomatito. El de Guadalcanal va a estrenar algunas piezas de su nuevo disco, que se publicará a final de año con el título «Memoria de los sentidos» y en el que incluye una soleá llamada «Sevilla» que está dedicada a sus paseos junto a su madre por el callejón del Agua. El almeriense, por su parte, está dispuesto también a ocupar su cátedra con un concierto en el que se acompañará solo del saxofonista Jorge Pardo, uno de los legendarios componentes del sexteto de Paco de Lucía. Pero no son los únicos que tienen la encomienda de acreditar el buen estado de salud de la guitarra flamenca. Otras dos figuras que han pasado ya de los cuarenta tendrán también silla en esta programación: el jerezano Gerardo Núñez y el onubense Juan Carlos Romero. El primero optará por un formato jazzístico. El segundo, por un recital a pelo.

Ellos tienen la principal responsabilidad en el apartado guitarrístico de zanjar el estado de desazón generalizado que atraviesa el género. De hecho, sigue habiendo sitio para la nostalgia con un concierto dedicado a Paco de Lucía en el Alcázar en el que guitarristas como su sobrino José María Banderas interpretarán las piezas de su disco póstumo, «Canción Andaluza». Pero el futuro viene como una apisonadora. Otros seis guitarristas, la mayoría en torno a los 30 años, tendrán su oportunidad en el que se considera el mejor festival flamenco del mundo. El jovencísimo jerezano Manuel Valencia -llamado a grandes gestas-, Dani de Morón -que se encerrará en el Alcázar con cantaores como Arcángel, Pitingo o Duquende para sellar su consagración-, el gaditano Jesús Guerrero, el lebrijano Rycardo Moreno, el malagueño Juan Requena y el granadino Miguel Ángel Cortés llamarán a una puerta que, gracias a Dios, todavía abre y cierra Manolo Sanlúcar.

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