Elisabeth Leonskaja
Elisabeth Leonskaja - RAÚL DOBLADO
CRÍTICA DE CLÁSICA

Concierto en Sevilla de Elisabeth Leonskaja: los años os sientan tan bien…

La pianista rusa Elisabeth Leonskaja ofreció un concierto en la Sala Turina en el que se pudo valorar la madurez de su pianismo

SEVILLAActualizado:

La pianista rusa ha actuado repetidamente en nuestra ciudad (ocho veces desde 1998), pero concretamente en el año 2000 hizo un programa clavado al que presentaba el miércoles, excepto por la primera obra, que entonces fueron los «Klavierstücke», sustituidos ahora por la «Sonata en La menor» D 537; sin embargo, en la primera de las propinas que ofreció eligió una de las «piezas para piano» citadas.

Con esto no reprochamos que trajese el mismo programa que hace 17 años, porque con 72 años tan bien llevados no tiene por qué justificar nada: lo que sí nos ha dado la oportunidad de valorar la madurez de su pianismo, que entonces nos pareció injustificadamente torrencial (Schubert no es Beethoven), acaso buscando un virtuosismo rutilante y cegador.

Porque no es que el autor fuera el mismo, es que eran las mismas obras. Y las que no repetía, acaso no nos resultaron tan depuradas. Hablamos de la primera sonata, que si bien clavó el aire, acaso no tanto la claridad o el juego de tensiones schubertianas.

Un vestido que le tapaba literalmente los pies no dejó ver su uso de la sordina, pero diríamos (por las dos obras siguientes) que estuvo demasiado presente, oscureciendo muchos pasajes, cuando no difuminándolos; sin embargo, sí nos pareció que el pedal de resonancia estuvo muy controlado, y a veces en continuo movimiento (el pedal derecho dejaba ver la fluctuación del pie tapado por el vestido).

Mucho más vivaz y contrastada estuvo la «Fantasía del Caminante», y muy cantable la melodía que corresponde al lied que da nombre a la obra, acentuándose algo más los contrastes y un brillo delicado, diríamos. Hubo mínimos lapsus, aunque no en las partes difíciles: pequeños momentos de dudas, que resolvió sobre la marcha; y eso no es poco en una obra que el mismo autor consideraba «endiabladamente difícil de tocar».

Culminó con la enorme «Sonata en Si bemol mayor», una brillantísima despedida de un Schubert maduro a los 31 años, y a sólo unas semanas de su muerte. Ya aquí sacaba la Leonskaja todo su potencial, pero al servicio de una obra avanzada, muy cercana al futuro, compleja y rica en ideas e innovaciones. Toda una lección de pianismo y lucidez.