Cultura

Bienal de flamenco: Anabel Veloso y su pasión por la música

La bailaora almeriense estrenó ayer en la Bienal de Sevilla el espectáculo titulado «Secreto a voces»

Anabel Veloso, ayer durante su actuación en el teatro Central
Anabel Veloso, ayer durante su actuación en el teatro Central - ÓSCAR ROMERO
MARTA CARRASCO - abcdesevilla Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Estreno absoluto de Anabel Veloso en el teatro Central con el espectáculo titulado «Secreto a voces», una obra con la que la bailaora almeriense quería hacer su entrada por la puerta grande de la Bienal de Sevilla.

Y no regateó esfuerzos ni tampoco compañía. Un audiovisual comenzaba y terminaba el montaje, muy elegante, casi imperceptible. En escena, un gran despliegue, nada menos que la Bética de Cámara que interpretó, bajo la dirección de Michael Thomas, una composición inédita del gran concertista sevillano, compositor y maestro del piano, José Romero; a ello añadimos un cuadro flamenco excepcional, con la guitarra inmensa de Javier Patino, el estupendo cante de «El Londro» y Juan de Mairena, la flauta, saxo y armónica del sanluqueño Diego Villegas (qué bien suena su música), y la percusión de Carlos Merino. Pero aún faltaba más para completar este potentísimo apartado, y es que nada menos actuó también David Peña «Dorantes», acompañado por la percusión de Javi Ruibal, quien como siempre estuvo magistral.

Anabel Veloso
Anabel Veloso- ÓSCAR ROMERO

Se pueden imaginar que el espectáculo contó con una música que de ninguna forma puede calificarse de «atrás», sino que fue muy «alante». Desde la pieza de José Romero rescatada por la Bética de Cámara, a la obra «Ante el espejo» de Dorantes, el taranto de la guitarra de Patino y las alegrías de Diego Villegas..., el resultado fue que, aunque habíamos ido a un espectáculo de baile, éste cedió el protagonismo que buscaba a la música. Así de sencillo.

Anabel Veloso, bailó, claro está, y lo hizo por soleá, por guajira, por alegrías..., y con un cuidadísimo vestuario y una puesta en escena sofisticada y elegante. Su baile, que tiene una mezcla entre escuela sevillana en el braceo y elegancia postural del clásico español, resultó muy hermoso. Desde la introducción vestida de «calle», con un traje negro de encaje, a la guajira vestida con pantalones blancos, la soleá con bata de cola o el final con el propio Dorantes con mantón, el espectáculo tuvo un tempus muy bien medido, en cuanto a duración, aunque favoreció más, en mi opinión, a la música que al baile. Nada malo, por supuesto, sino cuestión de criterios.

En cualquier caso, Anabel Veloso ha hecho un buen estreno en la Bienal de Flamenco, con la irreprochable calidad que siempre imprime a sus propuestas, en una obra que el público disfrutó y aplaudió. Seguiremos muy atentos su devenir.

Puesta en escena del espectáculo de Anabel Veloso
Puesta en escena del espectáculo de Anabel Veloso- ÓSCAR ROMERO
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