Cultura

Bienal de Flamenco 2016: Lo que quiso Utrera

Los gitanos de Utrera protagonizaron una noche para el recuerdo en el espacio de Santa Clara

Bienal de Flamenco 2016: Lo que quiso Utrera
LUIS YBARRA - abcdesevilla Sevilla - Actualizado: Guardado en:

La noche fue lo que quiso Utrera: una borrachera de cante y gracia soberana. Sin más. Una fiesta privada en la que unos gitanos trajeron el eco familiar y ajado que se fraguó en las casas cantaoras de la Baja Andalucía. Son maderas viejas bendecidas por sus propios ancestros. Son verdad. Porque en su cante no hay más que experiencia vivida. Y su cultura se ha cocido entre patios y candelas. Son pintorescas voces que resucitan imágenes descritas por los hermanos Álvarez Quintero. Y en ellos está el legado quejumbroso y bello de largas generaciones de artistas.

La daga mohosa del Cuchara, entre escombros, abrió la noche buscando recuerdos en el martinete. Y rápidamente Joselito Chico le lanzó una bulería desde las columnas del patio de Santa Clara. Allí llegaba el grito acompasado de un pueblo. Y se quedó. José de la Buena caminó por soleá con cierta hondura sobre los estilos de Joaquín el de la Paula. Enrique Montoya recitó con gusto unos versos que poco a poco se le fueron cayendo por la boca; algunos de Manuel Machado. Gaspar del Perrate, Manuel Requelo y Mercedes del Pajarilla, gitanos todos, también ofrecieron la intimidad de sus duendes junto a las guitarras de Pitin padre e hijo. Y Ana Peña se arrancó las llagas del gaznate en la cantiña. Se quitó las postillas e hirió hasta la flagelación.

Pero fue en el fin de fiesta donde se reunieron los hechizos del arte y del tiempo. Desde el público, una señora de 88 años entonó un ayeo corto y claro de bulería. Era Josefita del Vereo, la queja mayor de los Pinini. Una gitana de candil que llegaba recien salida de algún cuarto. De algún cuento perdido de genialidades borradas en la historia. Su voz se ha colado hasta nuestros días sin filtrarse por las tablas de ningún escenario. Ella es el llanto de la madrugada. El resultado único y verdadero que demuestra que el cante no es más que gusto y herida. Una herida que permanece abierta e inmaculada. Y se hará inerte en la memoria. Porque resumió en un suspiro lo que es Utrera. Una tierra que canta lo que vive.

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