XIX BIENAL DE FLAMENCO

Antonio el Pipa y Andrés Marín: «Lo hermoso del flamenco es la diversidad»

El jerezano y el sevillano coinciden el mismo día en la Bienal de Flamenco, el 11 de septiembre, con sendos espectáculos

Andrés Marín (primero por la izquierda) junto a Antonio el Pipa
Andrés Marín (primero por la izquierda) junto a Antonio el Pipa - FOTO: MARTA CARRASCO
MARTA CARRASCO Sevilla - Actualizado: Guardado en:

El jerezano Antonio el Pipa y el sevillano Andrés Marín, tienen dos coincidencias: ambos son bailaores flamencos y ambos ocupan el mismo día en la Bienal, el domingo 11 de septiembre. El primero con un espectáculo titulado «Gallardía» en el teatro Lope de Vega; el segundo con «Carta Blanca« en el Teatro Central. Pero ambos no pueden ser más distintos, eso sí, son unánimes a la hora de decir: «lo hermoso del flamenco es la diversidad».

A la vera del río y contemplando la torre del Oro, Antonio el Pipa dijo que éste es su regreso al festival del que faltaba hace dos ediciones. En esta ocasión vuelve con «Gallardía», un montaje estrenado en el Festival de Jerez en 2015, «aunque para mí volver a Sevilla y con las entradas agotadas, es como un estreno», dijo el bailaor.

«Gallardía», explicó, fue su resurrección, «pasé un accidente muy importante que me afectó al riñón, y fue querer resucitar y volver como más fuerza, como siempre ha hecho mi pueblo, los gitanos, resucitar. Y lo hice con un elenco grande, ocho bailaoras, cuatro cantaores, dos guitarras y dos artistas invitados de categoría: David Peña Dorantes y Esperanza Fernández». La cantaora en Sevilla no podrá estar por motivos de agenda, pero sí el pianista. «Me he hipotecado otra vez, pero o volvía de esta manera o no lo hacía bien».

«Se da la circunstancia que es la primera vez que se coreografía Orobroy, una obra mítica de Dorantes, yo se lo pedí, y me dijo que nunca la había tocado para baile. A mí eso me emociona. En el espectáculo se interpreta también el himno de los gitanos, «Gelem, Gelem», pero no quería quedarme en lo trágico», afirmó el Pipa.

El próximo febrero la compañía de Antonio el Pipa cumple 20 años, «cada vez que pasa el tiempo tienes más pánico a salir al escenario. En la juventud.... te tirabas sin red, ahora sabes que así no puede ser. Para mi el flamenco es mi terapia, sin duda, para el cuerpo y para el alma. Bailo como me da la gana y como siento y cuando se abre el telón me siento un superhéroe», dijo.

Siendo gitano quiere que se le identifique con tópicos como la musicalidad de su pueblo, «y no como que somos sucios y mal vestidos». Ha trabajado con Alicia Alonso y el Ballet de Cuba montado una coreografía de «El Amor Brujo», y también en Salzburgo, una «Carmen» dirigida por Sir Simon Ruttler, «eso es algo que nunca podré olvidar, me hubiera quedado allí con ellos», afirmó.

Andrés Marín y las artes

«Carta blanca» de Andrés Marín surge de una invitación del Museo Picasso de París donde el artista fue invitado a bailar interactuando por entre los cuadros del genial pintor, «a partir de ahí surgió la obra. Para mí es un conjunto de emociones, y dejo mucha libertad al imaginario colectivo». Confiesa Marín que aunque en sus espectáculo hay un cuerpo bien ensayado, «el ambiente sonoro no está del todo atado».

Le acompañan en este montaje cantaores como José Valencia y Segundo Falcón, «porque son dos de los grandes. Yo cantiñeo un poco... bueno, algo más que poco, y me gusta muchísimo el cante. Necesito buenos cantaores a mi lado y que se atrevan con algo más. Es muy fácil hacer siempre lo mismo, pero yo no puedo. Necesito reinventarme una y otra vez. Si, supongo que soy como el «ave Fénix» del flamenco. Necesito crear», dijo.

En los últimos años ha trabajado la mayor parte del tiempo en Francia con grandes creadores como Kader Attou y Bartabás, «que son artistas que sin duda me han influenciado. En Francia no hay complejos por coger de uno o de otro. Attou vino a mi estudio y con elementos de mis espectáculos me hizo un montaje y compartió conmigo hasta los derechos de autor, y además he hecho más de cien representaciones. Van una maratón por delante de nosotros en cuestiones de cultura.., ahora aquí los que estamos en el mundo de la cultura en España casi ni existimos».

Andrés Marín echa mano de la espiritualidad, de las viejas voces y antiguos artistas para poder inspirarse y salir al escenario, «yo siempre dejo mi ego fuera», afirmó

Ambos coincidieron que los pueblos se entienden por el arte, «por la música», «sería estupendo, bromeó el Pipa, que los políticos se pusieran a bailar o a cantar, así a lo mejor se entienden». «La cultura, añadió Marín, es donde mejor nos entendemos y el problema es cuando el programador o el ministro de turno no se entera de nada». Y sí, a la pregunta de si harían un espectáculo juntos coincidieron: «¿por qué no? Somos diferentes, pero somos flamencos».

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios