Cultura

Agujetas en la voz

La jerezana Dolores Agujetas, exorcista del cante, no logra alcanzar su nivel en San Luis y da un recital simplemente correcto

Dolores Agujetas en la Bienal 2016
Dolores Agujetas en la Bienal 2016 - R. DOBLADO
ALBERTO GARCÍA REYES Sevilla - Actualizado: Guardado en:

Todo es una preparación para la seguiriya. Una liturgia de cartomancia gitana de una faraona que te lee el futuro en las lágrimas. Que ve dentro de ti con su grito. Se sienta como Astarté, negras hasta las entrañas, y va rellenando el tiempo con cantes preliminares que desembocarán en un orgasmo imposible. Va dando hachazos de simpleza en los retablos de San Luis, un duelo que tiene perdido y lo sabe. Hasta que llega a su himno. Pasa de puntillas por los tientos, que son pescado congelado para llenar la mesa. Se esconde por tangos detrás de Parrilla, que la lleva en su tiempo exacto, al galope, y le va cerrando las puertas que Dolores se va dejando abiertas: remates de un solo arreón, tercios metidos en un dedal, manotazos que cantan sobre el silencio para el alivio de las espirales de Pastora... Va de los tonos mayores de los corrales a los modales de las duquelas. Asume el riesgo de la afinación porque no le importa nada la perfección. Es rupestre en el sentido más puro. Su forma de cantar tiene un peligro grande: como no haya inspiración no tiene donde resguardarse. La voz de la hija de Agujetas es una plaza sin burladeros. Por eso en la soleá torrera de Alcalá no hay miga. Se engalla por el Mellizo para enseñar las escamas de su sonido. Pero todavía falta para que el hierro se ablande. Hay que dar más martillazos.

Sigue el rito por tarantos del Majareta. Y llega a la vera de su sagrario por fandangos. Es la hora. Seguiriya. Ahí le sale ese aire mohoso que mana del infierno. Es como si cantara con bronquitis. El carrito de los muertos pasa por verita y sigue buscando entre los huesos. El cante agujetero no tiene nunca cita con el médico. Si está malo aguanta el frío sin rechistar. En San Luis anda pachucho. No termina de salir. Y si no hay seguiriya, no hay nada. Ni siquiera a bulería por soleá de su abuelo o en el martinete de alaridos. Nada. Fiesta por bulerías y vámonos. Ya se sabe que las entradas buenas son las más caras. Vuelva usted otro día, que esto no es el supermercado. En la garganta de Dolores Agujetas sólo hay pescado fresco cuando quiere la mar, no cuando quiere el marinero. Y eso hay que pagarlo como se paga el futuro. A ciegas.

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