Cultura - Música

Terror en la Ópera de Nueva York al arrojar un hombre las cenizas de un amigo suyo al foso de la orquesta

El Metropolitan suspendió la representación de «Guillermo Tell» tras la alarma de varios miembros de la orquesta

Una imagen de «Guillermo Tell» en el MET
Una imagen de «Guillermo Tell» en el MET - Metropolitan Opera House

Los espectadores que asistían a una representación matinal de «Guillermo Tell» en el Metropolitan Opera House de Nueva York la pasada semana vivieron momentos de pánico cuando se anunció en el teatro que la representación se suspendía y se evacuaba el teatro. El motivo: las sospechas de los músicos al ver a un individuo arrojar unos polvos en el interior del foso de la orquesta durante el segundo intermedio de la ópera.

Los hechos sucedieron el sábado 28 de octubre. La policía desplazó al lugar unidades especiales antiterroristas, y el teatro se vio obligado a cancelar la representación de «La italiana en Argel» que debía haberse celebrado por la noche para que los investigadores determinaran si había peligro o no.

Finalmente, los polvos resultaron ser cenizas humanas y el responsable del caos fue Roger Kaiser, de la ciudad de Dallas, que ha enviado ahora una carta al director general del MET, Peter Gelb, en el que pide disculpas por haber sembrado la alarma terrorista en el teatro y justificar su acción.

Kaiser dijo que lo que arrojó al foso del teatro fueron parte de las cenizas de un amigo suyo que falleció de cáncer en 2012, y al que había prometido que esparciría sus cenizas por varios teatros de ópera después de su muerte, «para que pudiera disfrutar eternamente de la belleza de la música».

El hombre añadía en su carta de disculpa que lo que quería ser un «dulce gesto» hacia su amigo moribundo había sido algo «total y completamente equivocado». Kaiser, devoto confeso de la ópera, declaró estar especialmente pesaroso por la situación creada.

Gelb aceptó sus sinceras disculpas, aunque la acción de Kaiser provocara unas horas angustiosas en el MET, al margen del perjuicio económico de tener que devolver las entradas y del disgusto de los espectadores. «Espero que sus futuras visitas al MET se produzcan sin incidentes y confío en que continúe su labor de proselitismo con la ópera», concluyó.

El MET ha vivido otras noches estrambóticas; la última en 1988, cuando Bantcho Bantchevsky, un anciano de 82 años de origen búlgaro, asiduo asistente al teatro, murió tras caer de uno de los anfiteatros superiores (no se supo si fue accidente o suicidio), durante uno de los descansos de la ópera «Macbeth» (una de las que peor fario tiene en el mundo lírico).

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