Música

Marc Bolan, sombra de ojos y cocaína

Herederos de su legado como Sidonie o Rubén Pozo recuerdan al líder de T. Rex en el 40º aniversario de su muerte

Marc Bolan
Marc Bolan - ABC

Marc Bolan corre por las venas de casi todos los grupos de rock'n'roll, aunque no lo sepan. Incluso aunque detesten sus discos. Él llegó y lo cambió todo, a pesar de que murió prematuramente el 16 de septiembre de 1977, con sólo 29 años. Su huella es clarísima en docenas de artistas, desde leyendas del rock internacional como David Bowie hasta bandas consagradas del indie nacional como Sidonie. «Dicen mis padres que me pusieron Marc por Marc Bolan, así que para empezar le debo mi nombre», dice el cantante de la banda catalana, Marc Ros. «Este hecho creó un vínculo muy fuerte con el músico londinense, y ya con cinco años pedía que me pusieran el "The Best Of T.Rex" (esa recopilación con la portada de los cuadrados de colores) en el tocadiscos. Lo escuchaba sin parar y a esa edad la mente de un niño es ultra sensible, así que se quedaron muchas cosas guardadas en mi subconsciente; su forma de cantar con ese vibrato tan extraño, su tosca e impetuosa manera de tocar la acústica, sus melodías tan simples y bellas, ¡hasta su pelo rizado!».

Efectivamente, la estética jugó un papel fundamental en el ascenso de Bolan a los altares del rock. Cuando tenía sólo 12 años cuidaba tanto su imagen que fue fotografiado por un reportero de la revista juvenil Town, que se quedó de piedra al ver a un crío con un traje que parecía hecho a medida caminando por las calles de Stoke Newington, al este de Londres. El interés del joven Mark Feld (su nombre de nacimiento) por la música llegó poco después, cuando vio a Eddie Cochran por televisión. Decidió que quería ser como él. Pero no morir como él, en un accidente de tráfico. Por eso nunca aprendió a conducir, y con el tiempo fue dejando varias pistas de su fobia a las carreteras en algunas de sus letras.

El colegio no era para él. Uno de sus compañeros de clase, que compartió pupitre con él durante cuatro años, dijo que era «demasiado místico» para la escuela. Con catorce años, Marc se dio cuenta de que le estaban «enseñando cosas que no quería aprender» y abandonó los estudios. Decidió convertirse en alguien famoso, pero todavía no sabía cómo.

Quizá sería modelo, o actor, pero gracias a la guitarra que su madre le había regalado por su undécimo cumpleaños, tiró por la música. En 1964 grabó su primera canción, una versión de «Blowing in the wind» que resultó bastante desastrosa. Quería ser un héroe del folk, pero le faltaba dar con un toque personal. Y lo encontró en París, en un viaje en el que conoció a un oscuro personaje experto en numerología y magia negra con el que quedó fascinado. Fruto de aquella experiencia fue el single «The Wizard», una canción sublime que sin embargo no alcanzó el éxito esperado.

Tras lamerse sus heridas, Marc Bolan acudió a casa de Eric Clapton para aprender a tocar la guitarra con más poderío y entró a formar parte de la banda John's Children, donde ofreció sus primeras muestras de rock distorsionado y a todo volumen con el clásico del garage «Desdemona».

The Who los eligieron como teloneros de sus conciertos en Alemania, pero a mitad de viaje fueron expulsados de la gira por provocar revueltas en la audiencia. Camino a casa, pasaron por Luxemburgo y allí se encontraron con un cartel que anunciaba un concierto de Ravi Shankar. Marc decidió quedarse a verlo, dando con otro punto de inflexión en su visión artística. Ya de vuelta en Inglaterra, abandonó a los John's Children y se unió al percusionista Steve Peregrin Took (nombre tomado de El Señor de los Anillos) para formar Tyrannosaurus Rex, un dúo de folk hippie cuyo primer disco fue producido por el entonces novato Tony Visconti, que también estaba a punto de empezar a trabajar con Bowie. De hecho, éste iba a casa de Visconti a ducharse una vez a la semana, y allí fue donde conoció a Bolan, tomando buena nota de todo lo que le interesó de él. El debut de Tyrannosaurus Rex, de impronunciable título, no tuvo un despegue inmediato. Pero Bolan tuvo la suerte de caerle en gracia al locutor radiofónico John Peel, que, seducido por la minimalista y espiritual propuesta de acústica y bongos, pinchó su single «Debora» hasta convertirlo en un hit prácticamente a la fuerza.

Esta formación grabó tres discos cargadísimos de «flower power», un movimiento del que Marc comenzó a distanciarse poco a poco, al contrario que su compañero, cada vez más encerrado en una vida ermitaña e imprevisible. La separación no se hizo esperar, y Bolan encontró a un sustituto no tan virtuoso pero sí muy pintón, el guaperas Mickey Finn. Con él editó su primer disco eléctrico, «A beard of stars». El siguiente paso estaba claro: fichar a un bajista y un baterista, y formar un grupo de rock'n'roll con todas las de la ley.

Su protector John Peel renegó de la reinvención de Bolan («ha perdido el encanto, ahora es sólo una rock-star más», dijo), pero la apuesta le salió redonda al joven artista, que consiguió su primer número dos en las listas de ventas con el single «Ride a white swan», para pocos meses después llegar hasta el primer puesto con el bombazo «Hot Love», que permaneció en el número uno durante seis semanas. Marc lo había conseguido: ya era un ídolo juvenil.

«Bolan inventó el Glam Rock», asegura Marc Ros de Sidonie. «Un año antes de que David Bowie editara "The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars" (1972), considerado el álbum definitorio del género, T.Rex presentó al mundo "Electric Warrior" donde mezclaba riffs de Chuck Berry con violines, ciencia ficción con sexo y sombra de ojos con cocaína. Bowie, que igual que Picasso robaba como buen genio que era, se apuntó el tanto pero el creador de todo el tinglado fue Marc Bolan. Sin él no existirían los New York Dolls, sin los Dolls no existirían los Ramones, sin los Ramones no existiría el Punk y sin el Punk no existiría nada».

El disco mencionado por Ros, publicado en 1972, es uno de esos álbumes a los que todo fan del rock'n'roll debe rendir pleitesía antes o después. Su sola portada es un icono absoluto del género, contiene algunos de los mejores versos que se hayan escrito sobre el desamor («I could have loved you girl, like a planet»), y sus melodías han influido a miles de músicos, desde el veterano del pop ochentero Marc Almond a jóvenes paladines del rock actual como Ty Segall (no se pierdan su disco de versiones «Ty Rex»).

«T-Rex fue una vuelta a los orígenes del Rock'n'Roll», señala Rubén Pozo. Diversión, frenesí, descaro frente a lo sesudo que se estaba volviendo todo el rock de la primera mitad de los setenta del siglo pasado. Creo que Marc Bolan captó perfectamente cuál es la emoción del rock que no pasa por el cerebro. Decadente hedonista, provocativo y virtuoso talento musical. Su blues rock como de cuento de hadas lascivas, su voz de elfo colocado, sus riffs de guitarra y sus baladas siderales acústicas con regusto Syd Barret definieron el sonido Glam Rock, al igual que su imagen marcó la estética del mismo. Creo que fue el primero que tuvo la visión, no lo sé... creo que en el fondo se dejó llevar, hizo lo que le daba gustito. Empezó a divertirse. Ya había sacado varios discos acústicos, pero acortó el nombre de la banda y se electrificó. De esa época proviene su material más conocido. Se divertía y vendió muchos discos con su fórmula de la Coca-Cola. Su rocanrol, cuando le pega al gong, es absolutamente irresistible. Y ese desparpajo de su música... A mí me gusta más que Elvis o Sinatra, pero no empecemos con las comparaciones».

La colaboración de Marc Bolan con la diseñadora Zandra Rhodes terminó de moldear el aspecto visual de su personaje de fantasía andrógina, pero el padre del glam empezó a descuidar su música. Cuando publicó el disco «Tanx» empezó a hacerse evidente que se estaba convirtiendo en un guitarrista algo repetitivo, y la suma de malas críticas y abuso de drogas le convirtió en una persona paranoide y ególatra.

En 1974 su compañero Mickey Finn abandonó T-Rex, y Bolan, agobiado por su mala situación financiera, huyó a Montecarlo para evitar pagar impuestos. Regresó a Inglaterra para participar en el programa musical para adolescentes «Supersonic», denostado por los rockeros, pero el empujón mediático le ayudó a conseguir un espacio de televisión propio (llamado «Marc», para su deleite) y empezó a centrarse de nuevo. Tras cumplir con éxito un proceso de rehabilitación entregó dos discos más en 1977, con una formación nueva.

El 16 de septiembre de aquel año salió a tomar unas copas con su novia, la cantante Gloria Jones (con quien se fue al dejar a su esposa, June Child), por las afueras de Londres. Volvieron a casa en coche. Ella conducía, y probablemente por la borrachera, perdió el control y se estrelló contra un árbol. Jones sobrevivió, pero él murió en el acto. Como su ídolo Eddie Cochran (que curiosamente, también iba de copiloto de su novia).

Marc Bolan quizá hubiera podido reencauzar su carrera. Talento e ingenio no le faltaban para ello. Pero como bien dice Rubén Pozo «ahí están las grabaciones... y su foto sentado encima de un tigre de bengala. Para mí, a día de hoy, sigue significando mucho. Lo pongo y me pone vacilón. Me encantan sus canciones. Me encanta el cabrón».

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