Cultura - Música

Justin Bieber tira de oficio

El canadiense ofreció un espectáculo correcto y algo mecánico en un abarrotado Palacio de los Deportes

Vídeo: ¿Qué opinan las fans de Justin Bieber sobre el puñetazo? - Europa Press

La imagen clásica de las rebajas, con docenas de señoras con cara de ansia frente a la puerta de un centro comercial, se parecía mucho a la que ayer se podía ver en los pasillos del Palacio de los Deportes. Cientos de «beliebers» que ya habían cruzado el primer control se apelotonaban en el siguiente anillo, ante los accesos que daban a la pista central del recinto, esperando para correr a formar la primera fila cual hormiguitas obreras. Fuera, otras miles de fans del cantante canadiense debatían entre los cartones, colchones y restos del campamento «belieber». «Yo creo que lo que hizo está fatal, no hay excusa para pegar a uno de tus seguidores», decía una. «El chico ese se lo tenía merecido por meter la mano dentro de su coche, además me he enterado de que ni siquiera era un fan», decía otra. La noticia del puñetazo de Barcelona ha generado división de opiniones en la hinchada de Bieber, pero en el fondo se lo perdonan todo.

Las chicas tuvieron entretenimiento para las dos horas que aún tenían por delante antes del advenimiento de su ídolo. Los primeros teloneros fueron Mic Lowry, una nueva boy-band de Liverpool especializada en esas armonías vocales hiper-edulcoradas que derriten a las quinceañeras, y los segundos fueron The Knocks, un dúo de de Nueva York cuya insulsa apuesta quedó eclipsada por los propios nervios de las «beliebers».

En su burbuja

Se apagan las luces, suena la voz de Bieber por los altavoces, pero él no aparece. Da igual, las más de 15.000 fans estallan en un grito ensordecedor. Pasan los segundos y sigue sin vérsele por ningún lado, y cuando los primeros llantos empiezan a salpicar, una gran caja de cristal emerge del escenario con alguien dentro y queda suspendida en lo alto. Es él, vestido con camisa de leñador. ¿Será esa burbuja de metacrilato una metáfora de la soledad frente a la muchedumbre, como el muro de Roger Waters? Nunca lo sabremos. El delirio invalida cualquier teoría cuando Bieber entona los primeros versos de «Mark my words».

Termina la canción, la caja desciende y vuelve a ocultarse bajo las tablas, y de repente, alguien pulsa el botón nuclear. Toda la luminotecnia que cabe en los trailers del «Purpose Tour» se enciende a la vez en una gran explosión, el cantante emerge de nuevo, esta vez a pelo, sin su burbuja, mira a su alrededor y empieza el show de verdad. «Where Are Ü Now», «Get Used to It», «I’ll show you», «Boyfriend» «Life Is Worth Living» (con las fans mostrando pancartas de apoyo a Justin, tal como habían acordado en las redes sociales), el icono millenial «Baby»... todos y cada uno de los hits fueron recibidos con descacharrante euforia juvenil. A pesar del descomunal despliegue logístico, el espectáculo de Bieber no sería nada sin las coreografías. Trepidantes y milimetradas, llevaron a la multitud a la histeria colectiva más absoluta, aunque Bieber las cumplió de un modo algo mecánico y dando la sensación de estar apoyado por alguna voz pregrabada.

En total fueron casi dos horas de actuación seguramente clonada de tantas otras, en la que Bieber sólo se salió del guión para formar un corazón con sus manos al terminar «Purpose», y también en su despedida tras la traca final de «Sorry» (que no, no se la dedicó al chaval de Barcelona), e pareció bastante sincera y emotiva. Sin sustos, ni vomitonas ni plantones. Todo muy previsible, pero una belieber no podría pedir más.

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