Cultura - Música

Un joven sevillano construye un órgano a imagen y semejanza del Barroco

Abraham Martínez llegó a tocarlo delante de Benedicto XVI en Santiago de Compostela, ya que el instrumento puede viajar a donde sea requerido

Abraham Martínez junto al órgano construido según los cánones del Barroco
Abraham Martínez junto al órgano construido según los cánones del Barroco - EFE

Construir un órgano del Barroco de forma manual en pleno siglo XXI, que funcione perfectamente y que toque ante el mismo papa Benedicto XVI no parece al alcance de cualquiera, pero es algo que ha conseguido un joven sevillano, Abraham Martínez, un apasionado de este instrumento.

Abraham, que custodia su órgano en su casa de la localidad sevillana de Gelves, ha hecho de este instrumento casi su «tesis doctoral física» de sus estudios de organista, con la idea de que un instrumento histórico puede evolucionar para que en pleno siglo XXI tenga vigencia, a incluso se ponga a disposición de las personas que lo precisen para un evento donde este instrumento sea requerido.

Su relación con la música, su «pasión», como explica, es prácticamente la historia de su propia vida, ya que comenzó sus estudios musicales a los nueve años en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla obteniendo la titulación de Profesor Superior de Órgano, así como las de Profesor Superior de Musicología, Profesor Superior de Dirección de Coros o Superior de Música Sacra.

EFE

«Cuando comencé a estudiar, comencé a conocer el mundo de la organería, en una época en la que, además, no había ninguno en Sevilla, por lo que intenté construir el mío, intenté hacer un instrumento de verdad que fuese histórico», señala mientras lo muestra orgulloso, a la vez que enfatiza que «no está copiado de ningún museo, el mío es todo original, ha salido de mi cabeza, de lo que yo quería para mi órgano».

El suyo es un «órgano positivo», también conocido como «realejo», que tiene la particularidad de que puede estar emplazado en un lugar fijo, sobre una mesa o en el suelo, «y en mi caso está adaptado a mis medidas, con 1,80 de altura por 1,17 de frente y 74,5 de profundidad, mientras que colocado en una mesa, su altura llega hasta los 2,47».

Un impresionante instrumento que tuvo su origen en un secadero donde fue seleccionada la madera inicial, «porque todo está construido con maderas nobles, ya que la idea era hacer un instrumento que la gente admirase, por lo que lo hicimos todo en madera de cedro del Líbano, de la que la tradición cuenta que estaba construida el Arca de la Alianza estaba hecha de esa madera».

«Hasta los tubos de madera está construidos de esa madera, y además están sin barnizar, con lo que se consigue que, cuando el aire del motor pasa por el órgano, esta madera desprende su aroma por la sala, y se puede decir que la gente disfruta de la música con los cinco sentidos», explica.

Con estos mimbres, el órgano «se puede alquilar para que lo toquen algunos organistas, o bien me contratan a mí», con anécdotas como que cuando fue contratado para tocar en Santiago de Compostela ante el Papa Benedicto, «en principio no iba a tocar, pero tuve que hacerlo porque la organista contratada no pudo a última hora, y me tuve que sentar corriendo e interpretar una Misa Brevis de Mozart», en lo que este músico considera una de las historias más impactantes que ha vivido gracias a este órgano.

Eso sí, aunque es un instrumento que puede ser viajero, en dos semanas tendrá una sede permanente, el palacio «Portocarrero» en Palma del Río (Córdoba), un edificio con jardines de estilo hispano-mudéjar y murallas almohades del siglo XI-XII, al que llega mediante un acuerdo con la fundación Alqvimia Musicae, a la que Abraham pertenece, «respondiendo a su deseo de que el palacio se convierta en un referente cultural».

No obstante, seguirá siendo un órgano viajero, pero siempre volverá a su nueva casa, donde aspira a convertirse en una parte más de la masa cultural e histórica del palacio, con destino a acercar a todo el que quiera una parte de la música de hace medio milenio, pero construida con las manos y la imaginación del siglo XXI.

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