James Levine, en un concierto en París en 2007
James Levine, en un concierto en París en 2007 - AFP

Jimmy

MadridActualizado:

Su cabello alborotadamente rizado, su perfil gordinflón y su bonachón aspecto del empollón de la clase esconden al que ha sido el hombre más poderoso dentro del mundo de la ópera en Estados Unidos. James Levine -Jimmy, como le llaman quienes le conocen-, ha estado al frente de la Metropolitan Opera House de Nueva York, el más relevante templo de la lírica de Estados Unidos, durante cuarenta años: de 1986 a 2016 ha sido su director artístico. Su relación con el MET se extiende a 1971: ese año debutó en el podio en la ópera «Tosca», dos años más tarde era nombrado director principal, y en 1975 director musical. Cerca de medio siglo, pues, vinculado a aquella casa, donde ha dirigido más de 2.500 funciones de ópera.

Su enorme poder en uno de los principales coliseos operísticos del mundo ya había llevado a que la vida sexual de James Levine fuera objeto de cotilleos y comentarios en el mundo de la música. De hecho, existe constancia de que ya hubo en el pasado acusaciones de abuso contra Levine, que entonces no tuvieron consecuencias.

Más allá de esto, puede decirse que James Levine es uno de los grandes nombres de la dirección de orquesta, especialmente en el campo operístico, de las últimas décadas. Judío, de familia de artistas, fue un niño prodigio. Debutó como pianista a los diez años en Cincinatti, la ciudad donde nació en 1943, y empezó a trabajar como director de orquesta apenas cumplidos los veintiún años.

Aunque ha dedicado su vida al MET, también colaboró con otros teatros y formaciones, como la Orquesta Sinfónica de Boston (donde fue director musical entre 2004 y 2011) y la Filarmónica de Múnich (director principal entre 1999 y 2004). Mozart es una de sus especialidades, pero su repertorio es amplísimo. Continuos problemas de espalda unidos a un parkinson le obligaron a dejar paulatinamente el podio.