Izal
Izal - IGNACIO GIL
Música

Izal: «Es el momento de hacernos a un lado, de que surjan nuevas propuestas»

La banda madrileña celebra la última gran fiesta de la gira «Copacabana» en el Palacio de Deportes, con entradas agotadas

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Ahora ya sí que sí, a todo el mundo le suena de algo el nombre de Izal. Durante un lustro han ido escalando posiciones poco a poco, llenando salas, arrasando en festivales y protagonizando portadas de revistas, sin llegar a ser famosos para el gran público. Pero eso ya ha cambiado. Todo hijo de vecino ya sabe quiénes son, y de hecho empieza a ser complicado hacerse con una entrada para verlos en directo. Así ha ocurrido con su cita más ambiciosa hasta la fecha, este sábado en el Palacio de Deportes, para la que no queda ni una entrada desde hace más de un mes y medio. En mitad de los ensayos con sus invitados sorpresa (no los decimos, para que sigan siéndolo), su teclista Iván Mella nos cuenta cómo afrontan el reto, antes de darse un descanso. Un descaso muy relativo...

¿Qué es lo que más sienten ante esta cita tan importante en su carerra? ¿Ilusión, nervios?

De todo un poco. Pero sobre todo estamos encantados de la vida. Es el sueño de todo músico, montar una banda y acabar tocando en sitios así, junto a tanta gente que disfruta de lo que haces. Sentimos felicidad y agradecimiento absoluto.

¿No valoraron hacer una segunda fecha, al ver que las entradas se agotaban tan rápido?

En un momento sí lo valoramos, hacer un formato «ring» con menos gente para todos los fans que se han quedado sin entrada, pero es que en realidad estamos muy satisfechos con finalizar así la gira. También es que sería un agravio comparativo con toda esa gente que compró la entrada para este concierto, pensando en que iba a ser testigo de una cosa única.

Después harán un parón indefinido, palabra temida por los fans. Pero simplemente descansarán un poco para volver a componer y grabar, ¿no es así?

Sí, es eso. Nosotros llevamos seis años seguidos sin parar de tocar, y hemos tomado la decisión de desaparecer un poco del mapa, es el momento de hacernos a un lado, de que surjan nuevas propuestas, y nosotros, a continuar nuestro trabajo en la sombra, a ponernos a grabar un disco con tiempo y con calma. También es el momento de picar piedra fuera de España. De hecho, después de tocar en el Palacio nos vamos a tocar una semana a Estados Unidos, luego vamos al festival Vive Latino y otro par de conciertos en México, y también a Bogotá y Medellín.

Como melómanos de toda la vida, recibir un Disco de Oro por «Copacabana» debió ser bastante emocionante, ¿verdad?

Mucho. Eso es algo que no pasa todos los días, y sí que tiene ese componente emotivo de que es una cosa física, un vinilo bañado en oro, enmarcado como los que has visto que les entregaban a tus ídolos de toda la vida... Nos están ocurriendo tantas cosas bonitas que creo que seremos conscientes de lo que nos está pasando dentro de un tiempo, cuando tengamos perspectiva.

¿Qué tienen pensado para el próximo disco?

En cada disco intentamos renovarnos sin perder la esencia, así que no vamos a hacer electro-latino ni nada que nos saque excesivamente de nuestra zona de confort. Pero sí algo que nos permita innovar, hacer cosas que no hayamos hecho a nivel de instrumentación o de armonías. No haremos nada que nos suene parecido a lo que ya hemos hecho antes. Lo bueno es que vamos a tener más tiempo que nunca para poder disfrutar del lujo de experimentar e ir un poco más allá de lo que es una banda de bajo, batería, guitarra y teclado. Estamos muy contentos con los temas nuevos que tenemos hasta ahora. Hay algunos que tal y como salen de la cabeza de Mikel, sin añadirles nada, ya tienen partes espléndidas y yo no añadiría mucho más. Otros temas sí que necesitarán más trabajo, y más producción en el estudio, más fantasía como digo yo. Tenemos el punto de mira puesto en hacer el disco de nuestra vida, en que no se quede sin probar nada que queramos probar. Igual estoy creando unas expectativas demasiado altas (risas).

Han crecido mucho en poco tiempo. ¿La relación entre ustedes y las tomas de decisiones siguen desarrollándose igual que al principio?

Seguimos autogestionándonos cien por cien, como al principio. Y la relación entre nosotros ha cambiado, sí, pero a mejor. Cada uno tenemos nuestras rarezas y demás, pero a nivel personal nos respetamos muchísimo. Si no hay lucha de egos ni nada raro, no teine por qué saltar ninguna chispa en el futuro. Lógicamente, no todos estamos de acuerdo en todo siempre, y debatimos mucho, pero todo lo hacemos por el bien del grupo.

Una vez Mikel dijo que se conformarían con tocar para cien personas y ser mileuristas musicales. Haciendo una proporción, tocando para miles deben estar ganando una pasta, ¿no?

Es que en realidad eso no es así (risas). Si en tus conciertos metes cien personas en un sala a diez euros la entrada, y de lo que se saca tienes que restar lo que se paga a todos los músicos, los técnicos, la gasolina, la furgoneta, los hoteles, las comidas... Para saber lo que queda no hay que hacer más que un cálculo fácil. Y cuando haces un concierto grande, igual. Los beneficios son mayores pero los gastos también. Además nosotros somos nuestros promotores, así que si invertimos y luego no se venden las entradas, perdemos muchísimo dinero.

¿Y si tuvieran que volver a la época de salas de cien personas?

Seguiríamos siendo muy felices mientras pudiéramos pagar nuestras facturas. No nos preocupa perder el estatus que hemos alcanzado, porque ya sabemos de dónde venimos y allí ya éramos felices.