Músico

Depedro: «Cuando algo no me sale lo llevo fatal, es el ego del músico»

El músico madrileño publica «El Pasajero», la nueva entrega del peregrinaje musical que inició tras disolver la Vaca Azul

Jairo Zavala «Depedro»
Jairo Zavala «Depedro» - Isabel Permuy

Jairo Zavala volvió a reunirse con sus amigos de Calexico en su estudio de Tucson (Arizona) para grabar, en analógico y sin posibilidad de retocar, su nuevo disco como Depedro, «El Pasajero». Allí, durante quince días de un gélido diciembre, se acompañó de músicos de viento y un cuarteto de cuerdas, contó con arreglos de Tom Hagerman de Devotchka, e incluso se le unieron músicos de la filarmónica de la ciudad para rubricar el nuevo episodio del viaje multicultural que Depedro empezó en 2008, y que está convirtiendo su música en un formidable aglutinador de sonidos y sensibilidades inspirado por las tradiciones de multitud de países diferentes.

Este disco viene a confirmar que toda su obra está empapada del «feeling» que da viajar, conocer nuevos lugares.

Sí, es verdad, es mi carácter, que me hace muy permeable a todo lo que me rodea, y me gusta encontrarme con otros músicos, con otras realidades, culturas...

Y quizá sea en este disco donde más lo reivindica.

Puede ser, el título va por ahí, claro. Pero lo que más ha sido este disco, es complicado. Es el que más me ha costado terminar, por ciertos bloqueos que no se han despejado hasta que me han pasado un par de cosas.

¿Qué cosas son esas?

A mitad del disco no avanzaba, y una realizadora me propuso hacer un documental en África, que saldrá a finales de año con el título de «Casamance: The soundtrack of a journey». Nos fuimos a Senegal a seguir la pista de un griot (los griots son trovadores itinerantes, muy importantes en la transmisión oral de la cultura en África occidental), y el caso es que era un tipo al que se le escuchaba en mi casa cuando yo era pequeño, porque mi familia vivió en África quince años, y mi madre se trajo un montón de música. Yo la escuchaba mientras desayunaba, sin saber ni que era música africana... Con la excusa de intentar encontrarle hablando con gente que le conoció y tal, fuimos para allá a organizar encuentros musicales por todo el país. Fue toda una experiencia tocar en el África negra con músicos locales, y me inspiró tanto que no sólo me desbloqueó, sino que dos de las canciones del disco surgieron allí. En el documental se ve.

¿Diría que las canciones forman una idea, un concepto?

No es un disco conceptual al uso, pero sí quería que las canciones siguiesen un mismo hilo, que tuvieran una conexión a nivel de timbre, de color, de sonido. No ha sido fácil, nada fácil. Ojalá pudiera decir que soy un músico muy prolífico, al que todo le sale de un tirón, pero no.

¿Qué tal lleva eso, cuando no le salen las cosas?

Imagen de portada de «El Pasajero»
Imagen de portada de «El Pasajero»- ABC

Fatal, muy mal, horroroso. Con el ego que tenemos los músicos, es en plan «cómo no me sale esto a mí, cómo no tengo la genialidad para resolver este entuerto». Afortunadamente, el viaje a Senegal me sirvió para quitarme la tontería, de una forma bastante drástica, ¡jaja! Ver cómo la música les fluye de una forma tan natural, ver cómo la llevan integrada a nivel molecular... Me acuerdo de que tocamos con un percusionista maravilloso, con un nivel que no he visto en este país, y después se tiró tres horas tocando con niños en la calle. Entendí que pertenecía a la calle, al pueblo, y me pareció algo muy bonito.

¿Eligió el single, «¿Hay alguien ahí?»?

Yo delego en la discográfica la elección del single, del título, de la portada, los vídeos, todo eso. Por supuesto cuentan con mi aprobación.

¿Y hubo descartes?

Tuvimos que dejar tres canciones fuera, y fue muy duro. Otra vez, delegué esa decisión. Pero están incluidas en la versión en vinilo.

Bunbury colabora en el disco. ¿Le dio esa canción o le dio a elegir? ¿La colaboración fue a distancia?

Le di esa canción, pensé que la letra de «DF» le iba perfecta, por toda su relación con México. Y sí, es la única colaboración a distancia del disco. Por motivos de agenda fue imposible, él estaba en medio de la preparación de la gira salomónica que está haciendo. Pero hace poco le vi en Madrid y estaba muy contento de cómo ha quedado.

También participa la cantante Gaby Moreno, que hace coros en todos los temas.

Los hizo todos en tres horas, es una máquina. Tiene un nivel espectacular. Fue tan rápido que después nos fuimos a cenar y se me olvidó pedirle que cantara ella una canción. Hay que ser obtuso. A ver si consigo traerla en algún momento de la gira y la podéis disfrutar. Es una cantante guatemalteca que reside en Los Angeles. Ganó el Grammy Latino hace poco, y en su país es gigante.

Con sus aliados en la grabación, Craig Schumacher y los miembros de Calexico, ya sobran las palabras imagino.

Sí, porque hemos trabajado codo con codo desde hace muchos años. A veces tocas con el mejor músico del mundo, y la magia no surge. Pero cuando tocas con amigos, eso fluye de forma natural. Buscamos ese "ole" al que se refería Lole, de Lole y Manuel, cuando una vez grabó en un estudio y vio que todo era muy quirúrgico, que se arreglaba todo a posteriori aunque los músicos se equivocaran. Cuando escuchaba eso de "ahora lo arreglamos con un plug-in, o retocamos el patrón de batería", dijo: "Y aquí ¿cuándo se dice ole?".

Mi favorita es «Antes de que anochezca».

Sí... estoy especialmente orgulloso de esa canción. Es una de las que surgieron en África. «Gigantes» fue la otra. Al teminar la toma, John Convertino (de Calexico) me dijo que hacía mucho tiempo que no se le ponían los pelos de punta al grabar una canción.

¿Cómo ha cambiado su vida en lo personal, desde que publicó su anterior disco hace tres años?

Mis hijos están más grandes. Están muy grandes. Tienen 12, 9 y 4 años. Sigo haciendo lo mismo, la música me sigue sorprendiendo, sigo siendo curioso, cada vez más. Sigo teniendo ese punto naif.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios