Cultura - Música

Daniel Barenboim: «En Estados Unidos, el sistema está intelectualmente corrupto»

El pianista ofrece esta semana recitales en Zaragoza, Barcelona y Madrid con su nuevo piano, creado por él mismo

Daniel Barenboim, en Madrid
Daniel Barenboim, en Madrid - Maya Balanyá

Daniel Barenboim es, desde hace muchos años, asiduo de los escenarios y auditorios españoles. En esta ocasión, sin embargo, viene a nuestro país con novedades. Concretamente una: el piano. El músico argentino ofrecerá en los próximos días (Zaragoza, día 23; Barcelona, día 24; y Madrid, día 27, dentro del ciclo de Ibermúsica) tres recitales en los que tocará el instrumento que él mismo ha diseñado junto al belga Chris Maene, uno de los más importantes fabricantes de pianos del mundo. Se trata de un piano que trata de aunar, según contó el propio Barenboim ayer en un encuentro con un grupo de periodistas, la claridad y la transparencia del sonido de los pianos anteriores a 1875 con los adelantos de los instrumentos contemporáneos.

Fue, relató el pianista y director de orquesta, durante una visita a la Accademia Musicale Chigiana de Siena (Italia), cuando nació la idea de crear un nuevo instrumento. «Allí hay un piano. recientemente restaurado, que perteneció a Liszt, y me dejaron tocarlo un poco. Me quedé impresionado, fascinado, por el sonido de aquel instrumento».

Diferencias

Barenboim, entonces, comentó el asunto con los responsables de Steinway & Sons, una de las firmas fabricantes de piano más importantes del mundo; ellos le remitieron al belga Chris Maene. Pianista y artesano se pusieron a trabajar juntos para conseguir un piano que combinara el sonido transparente de los instrumentos del siglo XIX con los adelantos de los de hoy. «En los pianos posteriores a 1875 -siguió Barenboim-, las cuerdas de los agudos están paralelas a las teclas. Y conforme se bajan a los graves, están en diagonal, sobrepuestas. Y eso me hizo pensar si no sería posible crear un piano que tuviera todas las ventajas de un instrumento moderno, pero con la peculiaridad de tener las cuerdas en paralelo; me parecía evidente que con esta disposición el sonido tenía que ser más claro y transparente que en los pianos actuales».

Daniel Barenboim tiene actualmente dos pianos. El segundo se ha modificado con respeto al primero. «Aquél tenía la veta de la madera también en paralelo, y el segundo se ha construido ya con la veta en diagonal». El primero, contó, ya se ha cambiado. «Tengo dos por una cuestión práctica. Al día siguiente del concierto de Madrid toco en Ginebra. Y no daría tiempo a trasladar el piano desde aquí. Así que el instrumento con el que he tocado en Italia estos últimos días viaja directamente a Ginebra».

Delicado

«Necesito tiempo -dijo cuando se le preguntó por su adaptación al nuevo instrumento-. Por ejemplo, para esta gira de conciertos he necesitado diez días para ponerme en forma, para preparar mis dedos. Toda la acción al tocar este piano es diferente, más inmediata; hay que tener más cuidado, porque si no puede tenderse a “chillar”. Es más delicado de tocar».

No tiene decidido si en el futuro tocará únicamente con el piano Barenboim-Maene o lo compaginará con el piano tradicional. «No hemos creado éste porque no me gustaran los otros pianos. Lo hicimos porque me quedé fascinado por un sonido, pero no sé si volveré al piano de siempre. De momento, tengo curiosidad por saber adónde llego con éste nuevo instrumento». Tampoco sabe si su idea se va a quedar solo en estos dos pianos ya fabricados, o si se podrán comercializar. «Eso se lo tendrían que preguntar al fabricante. Yo con dos tengo suficiente», bromeó.

Los hijos de Daniel Barenboim, músicos como él, le reprochan que tenga descuidada su faceta de pianista en beneficio de su faceta de director de orquesta. ¿Con este piano les va a hacer caso y va a dedicar más tiempo a los recitales? «Yo siempre hago caso a mis hijos». Y, como ejemplo, puso el caso del canal de YouTube recientemente inaugurado. «Uno de mis hijos me dijo que muchos jóvenes no se atrevían a ir a la sala de conciertos porque no se sienten preparados, y por eso creé este canal».

Política y educación

En una charla con Daniel Barenboim es inevitable hablar de política, y ésta no fue una excepción. A raíz del papel de la cultura en la sociedad contemporánea, habló el músico del problema de los refugiados sirios. «No es una cuestión solo de Oriente Medio, ni siquiera de Europa y Oriente Medio; es un problema global, universal, y mientras no se entienda así no se podrá resolver. En mi país natal, Argentina, hay tres comunidades sirias, y las tres conviven sin ningún tipo de inconveniente. Hay tres millones de musulmanes, y no hay problema tampoco, porque Argentina ha sido siempre una nación acogedora y las identidades múltiples no son un obstáculo; se puede ser argentino y judío, argentino y musulmán...»

Cómo no, surgió el nombre de Donald Trump. Tardó unos segundos en reaccionar Daniel Barenboim; probablemente contaba hasta veinte antes de responder. Aún así, se confesó «horrorizado por la campaña electoral y por las cosas que se habían dicho en ella. «Ahora dicen que Trump se va a suavizar. El problema es cómo se van a sentir todas esas personas que le han votado si no cumple aquello que ha prometido. Si cumple sus promesas, va a ser una catástrofe; pero si no lo hace, también lo va a ser. De todos modos, a mí nadie me va a convencer de que eso se llama democracia. El resultado no es producto de la reflexión de un pueblo, que eso es la democracia. Gana el que tiene más dinero para poder hacer una campaña política más poderosa, para salir más en la televisión. Todo el sistema está intelectualmente corrupto».

Y unas palabras también para la educación, otra cuestión marcada con rojo en la agenda. «Antes, la música formaba parte de la educación general; hoy eso no ocurre, alguien puede ser muy culto sin estar en contacto con la música, y hay que hacer algo en este sentido. Claro que al revés ocurre también: Arthur Rubinstein decía que no tenía ningún amigo pianista, porque el único libro que tenían en su casa era la guía telefónica... Ahora, ni eso».

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