Arctic Monkeys
Arctic Monkeys - Zachery Michael
Música

Los excesos de Arctic Monkeys en su nuevo disco

Es el primer disco que el líder de los monos compone y graba superados los treinta años

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  1. Arctic Monkeys «Tranquility Base Hotel & Casino»

    «I just wanted to be one of the Strokes, now look at the mess you made me make» («Yo sólo quería ser uno de los Strokes, y ahora mira el follón que he montado»). Con esta sorprendente falsa modestia arranca Alex Turner el sexto disco de los Arctic Monkeys, uno de los más esperados en la escena pop internacional de los últimos años. Pero de pop, nada de nada.

    Inspirado por la banda sonora de «El silencio de un hombre» de Jean-Pierre Melville y el disco de Dion «Born to be with you» producido por Phil Spector, Turner ha sumergido a su banda en un proyecto de marcado carácter solista con Nick Cave y el Bowie de «Space Oddity» en el punto de mira. No hay nervio rock, ni siquiera estribillos en este extraño trabajo que recrea la atmósfera de un piano-bar de ciencia ficción (quizá de ahí el título, que evoca el nombre de la base lunar utilizada por Armstrong y Aldrin), con un cantante a medio camino entre el crooner y el spoken word.

    Es el primer disco que el líder de los monos compone y graba superados los treinta años. Lleva en esto desde los dieciséis, y desde que debutó ha estado codeándose con artistas que le han enseñado que hay vida más allá del cuatro por cuatro y de las letras de amor y desamor. Por eso este salto de madurez suena honesto, y el sabor jazz con gotitas vaporwave que desprende tiene cierto magnetismo, pero Turner comete excesos en su afán poético-literario al pretender contar demasiadas cosas en poco tiempo, dejándose llevar por fraseos interminables que le funcionaban con el rock anfetamínico pero que aquí llegan a incomodar y a ahogar la fluidez melódica, y que por momentos dirigen las canciones hacia lo derivativo, un terreno que sólo es divertido cuando el guía es un as del jazz, que no es el caso. Con estas cartas sobre la mesa, cuesta mucho engancharse (después de tres o cuatro escuchas aún no serás capaz de memorizar más de dos melodías) a lo que antes se pegaba como el pegamento industrial. Arctic Monkeys ya no tienen marca de la casa, y eso deja un regusto amargo. Pero en cualquier caso, este «Tranquility Base Hotel & Casino» siempre será más sugerente que el cacareado «AM», un disco que no tuvo mayor interés que el de ver a una banda iniciando la ruptura con su pasado con más pose que gracia.

    6,5 / 10

    NACHO SERRANO

  2. Beach House «7»

    Las canciones de Beach House, ya se sabe, están hechas con el material de los sueños, con esponjosos pedazos de duermevela que han ido alimentando a los fans del dream pop durante los últimos diez años. Con «7», sin embargo, la cosa ha cambiado y el dúo de Baltimore ha empezado a coquetear también con las pesadillas y a retorcer las plácidas melodías de antaño para firmar su disco más atrevido y aventurero. Dos cualidades que nunca habían cotizado al alza en el universo perfectamente milimetrado de Victoria Legrand y Alex Scally y que, sin embargo, marcan el rumbo de un disco, el séptimo ya, con el que los autores de «Teen Dream» parecen haberse sacudido definitivamente la timidez.

    El músculo de la inaugural «Dark Spring» ya invita a pensar que estamos ante un disco más robusto y cubista, sospecha que confirman el duelo de voces y sintetizadores de «L’inconnue», el molde (algo más) experimental de «Black Car» o la odisea sintetizada de «Woo». Se mantienen las atmósferas envolventes y la dulzura marca de la casa -tampoco es que se hayan convertido en Einstürzende Neubauten de la noche a la mañana-, pero si por algo destaca «7» es por la voluntad de Legrand y Scally de alejarse de su mullida zona de confort de dream pop narcótico y folk para estrenar una nueva etapa de mayor riqueza creativa. Es más: cuando más se parecen a los Beach House de antesdeayer, en «Pay No Mind», acaban sonando como si a The Jesus & Mary Chain estuviese a punto de darles una embolia.

    7,5 / 10

    DAVID MORÁN

  3. Ry Cooder «The Prodigal Son»

    El primer disco de Ry Cooder en seis años es una colección de tonadas tradicionales de gospel y blues firmadas por James W. Alexander / Jesse Whitaker (The Pilgrim Travelers), Carter Stanley (The Stanley Brothers), Blind Roosevelt Graves, Alfred Reed, William L. Dawson, Blind Willie Johnson y el propio Cooder (tres, en total), que producen una instantánea e intensa evocación de la vieja América, ya desencadenada en el momento en que se tiene la portada entre las manos.

    Producido en un estudio de Hollywood por Ry y su hijo, el baterista Joachim Cooder, «The Prodigal Son» está grabado de la única forma válida para transmitir la esencia de los «negro spirituals»: en una toma, con voz en directo y aire entre instrumentos. Elementos sencillos elevados a una altísima expresión gracias a unos arreglos refrescantes de pura reverencia y a la presencia, el carisma y el saber hacer de Cooder en su versión más inspirada y brava. No se puede decir más, ni se debe.

    8 / 10

    NACHO SERRANO