Cultura - Música

Christophe Rousset dirige en el Teatro Real «La clemenza di Tito» en homenaje a Gerard Mortier

«La emoción de la música de Mozart está en su perfección», dice el director francés

Una escena de «La clemenza di Tito»
Una escena de «La clemenza di Tito» - Javier del Real

No figura «La clemenza di Tito» entre los títulos más populares de Mozart. La escribió por encargo, para la Coronación de Leopoldo II de Habsburgo como Rey de Bohemia. Fue la última ópera del compositor, que moriría apenas dos meses después de su estreno en Praga, en septiembre de 1791. El Teatro Real (que la ha presentado desde su reapartura en dos ocasiones anteriormente) recupera la producción que encargó el desaparecido Gérard Mortier en 1982 para el teatro de La Monnaie de Bruselas, y que el gestor belga presentó allí donde fue: el festival de Salzburgo, la Ópera de París y el Teatro Real. A la memoria de Mortier dedica el coliseo precisamente estas funciones.

La producción lleva la firma del matrimonio formado por Ursel y Karl-Ernst Herrmann (éste último firma además la escenografía, el vestuario y la iluminación); Christophe Rousset, uno de los grandes especialistas europeos en la música barroca y prerromántica, dirige la orquesta; y el doble reparto incluye a Jeremy Ovenden y Bernard Richter, que se alternan como Tito; Karina Gauvin y Yolanda Auyanet (Vitellia), Monica Bacelli y Maite Beaumont (Sesto), Sylvia Schwartz y Anna Palimina (Servilia), Sophie Harmsen (Annio) y Guido Loconsolo (Publio).

Obra maestra

«Es una obra maestra particular -dice Christophe Rousset en un perfecto y culto castellano-; Mozart, en todas sus obras, llega a un punto de perfección increíble. “La clemenza di Tito” es una ópera singular; el propio autor dice que no es una “ópera seria” -formato que imperaba en su época-; por ejemplo, no había tantos conjuntos ni había un finale al término de cada acto en la “ópera seria”; sólo tiene dos actos frente a los tres que eran habituales en este formato, La estructura es muy particular y personal».

Según el musicólogo Miguel Ángel Marín, varios factores -entre ellos el «menoscabo decimonónico por la “ópera seria”» y «el triunfo de la trilogía de Da Ponte»- hicieron caer en el ostracismo a esta última ópera mozartiana. Rousset cree sin embargo que «La clemenza di Tito», como el resto de las obras de Mozart, tiene una cualidad por encima de todas: «es la cuestión emotiva. Consigue emocionar al público de una manera muy personal, entrando dentro de la psicología de cada uno de sus personajes. Aquí lo hace particularmente a través de Tito y de Sesto, las dos figuras más importantes; pero todos los personajes -Vitelia, Annio...- están perfectamente dibujados y matizados. La música de Mozart, por otro lado, es sencilla. La escritura de la orquesta es maravillosa, como siempre: el uso de los vientos es increíble; la parte de la viola es completamente ejemplar... Y el canto es también bastante sencillo. Pero él da espacio al sentimiento, su música es una caja de resonancia para que los personajes se expresen». Asegura el director francés que es una música muy cercana a la de su contemporáneo Christoph Willibald von Gluck: «es muy concisa, muy concentrada. Las arias no son tan largas como las de otras “operas serias” de esta época y solo hay dos arias más extendidas, una de Sesto y otra de Vitellia. Pero el resto es muy concentrado y muy eficaz. Hay muchos recitativos secos, pero es el drama el que se impone».

Refinamiento

Muchas veces se confunde la emoción con el arrebato y la pasión. Mozart, dice Rousset, la consigue a través de la perfección. «Es como hacer música sacra, hay que ser un poco místico. Hay momentos muy sencillos pero muy emocionantes: cuando se habla de la muerte de Tito, al final del primer acto, es como un cuarteto religioso, con el coro detrás. Son momentos al mismo tiempo muy sencillos y muy intensos. Como intérprete de esta música, hay que dar un paso atrás para dejar que se desarrolle. En este sentido, hemos hecho un gran trabajo con la orquesta del Teatro Real y hemos conseguido colores, sensibilidad y un refinamiento infinito. Estoy muy contento del resultado». Aproximadamente cuarenta músicos componen la orquesta que ocupará el foso del Real. «No es particularmente pequeña, hay momentos de una gran intensidad, y quería una orquesta poderosa».

Christopher Rousset
Christopher Rousset- Javier del Real

Christophe Rousset es un director criado en el repertorio barroco, que ha desarrollado especialmente con Les Talens Lyriques, un conjunto creado por él mismo hace veinticinco años que frecuenta a compositores como Lully, Rameau, Marais o Salieri. ¿Es diferente la manera de abordar a Mozart cuando se proviene de este repertorio anterior? ¿Qué aporta a la visión de su música? «Son maneras muy diferentes de interpretarle -reconoce el director-. Un músico barroco como yo ve la genialidad de Mozart y todo lo que revolucionado, mientras que un director de repertorio digamos “normal” lo ve como un compositor sencillo, incluso primitivo, y no tan dramático. Para mí , Mozart llega a puntos de drama intenso, sobre todo cuando se compara con otros contemporáneos suyos como Cimarosa, Haydn, Martín y Soler o Salieri. Hay una personalidad increíblemente poderosa en el drama. Su música significa un punto de inflexión, de desarrollo en la historia, y no un punto de partida. Mi visión de la orquesta parte siempre del grave hacia el agudo; es una visión muy barroca de la construcción de la armonía, con el basso continuo como la base y el motor sobre la que se elabora toda la música. La articulación, como heredera del barroco, ha de cuidarse mucho para hacerla hablar y entender lo que Mozart escribió, que es siempre muy preciso... He regresado a lo que está escrito en la partitura; esa es la actitud de un músico barroco. Se puede lograr algo fresco y nuevo a este repertorio; el respeto es la base».

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