La cantante Carla Bruni, en la noche del miércoles, durante su concierto en Madrid
La cantante Carla Bruni, en la noche del miércoles, durante su concierto en Madrid - ÁNGEL DE ANTONIO

Carla Bruni: emociones de juguete y corrección «política» en su concierto en Madrid

La cantante francesa estuvo tan precisa como gélida y falta de alma en la interpretación de su repertorio

MadridActualizado:

No es que estas cosas no pasaran antes, pero el concierto que anoche ofreció Carla Bruni en Madrid sirve de ilustrativo ejemplo de en qué va camino de convertirse la música pop en la actualidad: un inofensivo e intrascendente entretenimiento absolutamente desprovisto del menor atisbo de pasión o emoción; un juego insustancial para niños consentidos y aburridos.

Todo fue correctísimo en la apacible velada del miércoles noche. Cuatro músicos de sobrada solvencia (piano, guitarra, batería y chelo), una puesta en escena sobria pero elegante, acústica impecable, un marco de la solemnidad del Teatro Apolo y un público heterogéneo, más bien entrado en años y que no daba la sensación de ser precisamente muy melómano. (Quizá el interés primero de la cita no residía precisamente en la música que se iba a escuchar en aquel auditorio).

Igualmente correcta estuvo la propia Bruni, una mujer tan sensual y sofisticada como falta del menor gracejo cuando se mueve sobre las tablas de un escenario. Amable y simpática entre canción y canción, su interpretación de las mismas fue absolutamente gélida y falta de alma, lo que, en el caso del repertorio elegido, resulta mucho más difícilmente perdonable.

Y es que la actriz, modelo y cantante italofrancesa venía a presentar su último disco, «French touch», en el que recoge once versiones de procedencia ciertamente dispar. La idea, no original pero quizá sí atractiva a priori, salió regular en el estudio, sobre todo por lo excesivamente evidente de buena parte de la selección. También por una producción –a cargo del reputado David Foster- demasiado plana y anodina.

Pero la cosa se pone aún más peliaguda en la traslación de semejante material al directo. Y es que, por ejemplo, no basta con sacar los cuernos entre tímidas risillas para resultar mínimamente convincente cuando tienes la peregrina idea de hacer una versión de «Highway To Hell», de AC/DC. Una versión delicada y sofisticada en la que no es que no haya ni un ápice de la energía de la original; es que no hay prácticamente nada de nada. Una verdadera lástima.

Puede que cuele el archiconocido y evidente «Moon River» o el «Please don´t kiss me» que interpretara Rita Hayworth en «La Dama de Shangai», pero se hace muy cuesta arriba escuchar «Perfect Day», «Jimmy Jazz» o la propia «Highway To Hell» en versiones tan desprovistas de su formidable y genuino carácter. Estuvieron en el escenario del Apolo las canciones de Lou Reed, los Clash o AC/DC pero el espíritu de todos ellos estaba anoche en otro lugar muy lejano del universo.