Cultura - Música

Bruce Springsteen, un corazón hambriento

Las memorias de Bruce Springsteen nos presentan a un coloso del escenario que convive con la tendencia a la depresión

Bruce Springsteen, un corazón hambriento

¿Quiénes somos realmente? Es una pregunta que todos acabamos haciéndonos. Le ha tocado el turno a Bruce Springsteen, y a contestarla ha dedicado 564 páginas, que son las que ocupa «Born to Run», el libro que sale a la venta el próximo martes, 27 de septiembre. Hoy cumple 67 años, y son prácticamente los que ha tardado en conseguir la paz de espíritu suficiente para enfrentarse a sus demonios y expulsarlos uno a uno: la relación con su padre, sus depresiones, sus inestables relaciones con las mujeres –hasta la llegada de su mujer actual, Patti Scialfa–, sus inseguridades... en un parto literario en el que a veces escribe con sangre.

Bienvenidos al mundo de Springsteen, a su lenguaje épico, lleno de sentencias morales, de reflexiones íntimas, capaz de sacar poesía de los adoquines más sucios de la ciudad. La leyenda del héroe de la clase trabajadora. El hombre que sigue sintiéndose más cercano a los habitantes de Freehold, su pueblo de Nueva Jersey, que entre sus vecinos «rah rahs» («pijos»). En su mundo juvenil había tres pandillas: los «greasers» –hijos de gente humilde–, los «rah rahs» y los negros. Bruce nunca olvidará que en un club para gente adinerada, en una de sus primigenias actuaciones, el público le escupió.

La mala influencia

«Born to Run» tiene varios pilares. Uno es la relación con su padre, una sombra que planea a lo largo de todo el libro. A él responsabiliza de la mayoría de los demonios que le asolan. Alcohólico, violento, callado, paranoico compulsivo... La influencia sobre su hijo se traduce en depresión, inseguridad, misoginia, miedo ante mundo adulto y las responsabilidades que conlleva crear una familia. «No he sido justo con mi padre en mis canciones», dice ahora, cuando ya es capaz de perdonar y comprender. «Yo no era su ciudadano favorito», afirma antes con tristeza. Como figura contrapuesta está la madre, mujer alegre, cariñosa y que le apoyó en su apuesta por la música. Ella pagó la mitad del dinero que costaba su primera guitarra eléctrica.

Otro gran asunto que vertebra su vida es el rock & roll. Desde que contempló a Elvis Presley moviendo su cuerpo al ritmo de aquella música endiablada, supo que existían otros mundo más allá de la vida gris y hostil que se respiraba en su casa y en su barrio. A este momento dedica un capítulo entero, ya que marcó el resto de su existencia aunque él apenas tuviera siete años. Otro punto de inflexión es cuando escucha en la radio «I Want To Hold your Hand», de los Beatles – «Por qué sonaban tan diferentes? ¿Por qué eran tan buenos? ¿Por qué me sentía tan excitado?», se preguntó en aquel «segundo advenimiento», según lo llama él mismo. Entonces empieza a empaparse de los sonidos de finales de los cincuenta y primeros sesenta: Sam Cooke, Sheb Wooley, The Drifters, The Rolling Stones, el R&B y toda aquella luminosa invasión británica. Luego se irían incorporando a su bagaje sonoro Van Morrison, Bob Dylan, Woody Guthrie, Joe Cocker, Tim Buckley, incluso The Clash y el punk, con su rabia explosiva. Todos ellos, bullendo en la cabeza del Boss, dieron forma a su propio estilo y s evolución.

El fan disfrutará con la infinidad de detalles que incluye acerca de sus canciones y sus discos. Cuenta que compuso «The River» en honor a su hermana Virginia y su cuñado, y su dura lucha por salir adelante en la vida con un niño a cuestas desde que eran todavía unos adolescentes. O que «Rosalita» está inspirada en una novia... Además, están los pormenores de las grabaciones de «Born to Run», «The River», «Nebraska»... Habla de todos y cada uno de sus álbumes.

En buena parte de ellos está la E Street Band. Ellos representan otra de las patas sin las cuales no se sostendría este engranaje llamado Bruce Springsteen. Su germen está en la banda Steel Mill, con la que practicaba un potente y directo rock de garaje. Pero cuando ya eran unas estrellas en su ciudad, cambia la orientación del grupo, se deja atrapar por la sudorosa garra del R&B y toma definitivamente el poder: «Había decidido acabar con la democracia (...) Dejar las cosas claras nos permitió forjar un vínculo basado en el principio de que trabajábamos juntos, pero era mi banda (...) De ahora en adelante, yo iba a tener la última palabra».

Amor salvador

Patti Scialfa toma protagonismo en los últimos capítulos, desde que ingresa en la banda, aunque tiene alguna aparición esporádica antes. Por ella dejó a su primera esposa, Julianne Phillips, y es la madre de sus tres hijos. «Cuando la miré, vi y sentí mi mejor yo». A ella dedica varias de las frases más hermosas de sus memorias, y eso que es un especialista en palabras grandilocuentes. Agradece la infinita paciencia de su compañera ante sus altibajos, su mal humor y sus depresiones.

Es la gran revelación del libro. Que ese hombre que se convierte en un superhéroe cada vez que se sube al escenario, que deja exhausto al público con un espectáculo de arrollador rock & roll, sufre depresiones desde que tenia 32 años. Desde entonces depende de la medicación. Incluso el desarrollo de sus bíceps responde al intento de ocupar su mente con pesas y ejercicio. De vez en cuando recae y vuelve la sombra de la enfermedad mental de su padre.

Ahora dice sentirse mejor. Con este libro ha soltado a sus demonios. Siempre se ha sentido como un luchador. Sobre todo, contra sí mismo.

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